Las elecciones del domingo en Castilla y León servirán para testar la situación de los tres grandes partidos (PP, PSOE y Vox) y los dos bloques ideológicos (izquierda/derecha) tras los comicios de Extremadura y Aragón y como antesala a las elecciones en Andalucía, que podrían celebrarse en junio.

Cada convocatoria tiene sus peculiaridades, y en estas tenemos que fijarnos en ciertos aspectos que la hacen diferente a las demás.

Para empezar, el PSOE ha metido en la campaña el No a la guerra y ha recurrido a José Luis Rodríguez Zapatero como reclamo electoral. Con un candidato poco conocido fuera de Soria, Carlos Martínez, el PSOE ha optado por subir el tono usando el ataque a Irán y la figura de Trump como representación de lo que significan las políticas de la extrema derecha. Es una confrontación con Abascal, en la que el candidato del PP jugaría el papel de gregario. Para calentar el ambiente, este sábado hay convocadas manifestaciones contra la guerra en toda España.

Es una jugada de riesgo. El PSOE tiene ahora 28 escaños en las cortes castellano leonesas, y está a sólo tres del PP, que gobierna desde las elecciones de 2022 gracias a un acuerdo con Vox. Ninguna encuesta vaticina un descalabro como el de Extremadura o, en menor medida, el de Aragón para los socialistas, pero tampoco parece que la táctica de usar la guerra como eje les vaya a dar un buen resultado. En la mayoría de los sondeos, el PSOE se mantendría o incluso podría bajar uno o dos escaños. Esto, teniendo en cuenta que habría una transferencia del 15% de votantes de la extrema izquierda que se refugiarían en el PSOE como voto útil.

En todo caso, si el PSOE se mantiene podrá argumentar Ferraz que se ha puesto fin a la sangría detectada en Extremadura y en Aragón. Pero si baja, será difícil de justificar la caída. Sobre todo porque la decisión de meter la guerra en campaña no ha sido de Martínez, sino directamente de Pedro Sánchez. Otra opción es que incluso suba -Ferraz confía en romper los pronósticos-, lo que llevaría al PSOE a clamar por un "cambio de ciclo". Pero eso no parce probable. Sea como sea, el presidente será el responsable.

Recordemos que fue Sánchez quien impuso a un candidato imputado y sin opciones en Extremadura (Miguel Ángel Gallardo, el hombre que le buscó acomodo al hermano del presidente); que envió a una persona de su confianza como cabeza de lista a Aragón (Pilar Alegría), y que ahora ha decidido poner en la agenda un tema que nada tiene que ver con el día a día de los castellanoleoneses.

El PP sale como favorito, pero no tiene opción de gobernar si no es con el apoyo de Vox. Alfonso Fernández Mañueco ha hecho una campaña discreta, sin meterse en líos. Representa la estabilidad: el PP lleva casi 40 años gobernando en la región. El PIB de Castilla y León está en consonancia con la media nacional, pero en el paro está un punto y medio por debajo de la media (8,36% a finales de 2025). El principal problema de la región (la más extensa de España) es su escasa población: 2,4 millones de habitantes. Sin embargo, la agricultura y una industria alimentaria muy competitiva hacen que Castilla y León mantenga un nivel de vida aceptable, a pesar de la dispersión y del envejecimiento de su población.

Para los castellanoleoneses, apostar por Mañueco es apostar porque todo siga igual, sin sobresaltos. El presidente castellanoleonés le ha tendido la mano a Vox, pero el partido de Abascal ha hecho su campaña a base de atacar al PP casi tanto como al PSOE.

El PP y el PSOE se conformarían con empatar, mientras que Vox aspira al 20% y cinco escaños más

A diferencia de las últimas citas electorales, en Castilla y León la corrupción no ha estado muy presente. Se ha hablado más de Mercosur que de Ábalos y Koldo. Además, Mañueco ha hecho su campaña prácticamente en solitario y en paralelo con Feijóo, que sí ha hablado de temas nacionales y de la guerra.

Sacar 31 escaños sería visto en Valladolid y en Génova como un buen resultado. Si el PP sube uno o dos, como apunta alguna encuesta, Mañueco ha prometido tomarse varias copas de vino (lo ha hecho en una entrevista en La Razón). Para Feijóo sería también un éxito.

Vox quiere romper la barrera del 20% por primera vez en su historia en los comicios de este domingo. Ahora tiene 13 escaños, lo que supuso llegar al 17,6% del voto hace cuatro años. Algunos sondeos le dan ahora el 20% y 18 escaños. Abascal, como ya hizo en Extremadura y en Aragón, ha sido el protagonista de la campaña. Ha recorrido en quince días unos 60 pueblos y ciudades, donde ha sido recibido como un ídolo.

Si alcanza su objetivo, no sólo habrá conseguido un triunfo sin precedentes, sino que lo habrá hecho en medio de una campaña en contra de ex dirigentes de Vox (Iván Espinosa de los Monteros, José Ángel Antelo, Ortega Smith,...) que tachan a la actual dirección de dictatorial y de haberse cargado la democracia interna.

Sería la demostración, si llega al 20%, de que en Vox sólo hay un líder y de que la marca está por encima de los nombres de sus coroneles.

Además, Abascal habría logrado otro objetivo táctico importante: juntar la negociación con el PP para los gobiernos de Extremadura, Aragón y Castilla y León. De esa forma, puede subir el precio de sus exigencias. Por contra, al PP no le habría salido del todo bien la jugada de encadenar varias elecciones autonómicas seguidas, porque, si bien el PSOE sale debilitado, su principal competidor, Vox, sale muy fortalecido.

Ahora bien, las expectativas creadas han sido tan altas, que un resultado más bajo (pongamos entre 13 y 15 escaños) sería visto como un frenazo al subidón del partido de extrema derecha.

Abascal no ha tenido miedo a asumir riesgos. Ha defendido la guerra contra los ayatolás en Irán y no le han dolido prendas reconocer su admiración por Trump. Pero en sus mítines habla de agricultura, de los jóvenes y de inmigración (a pesar de que en Castilla y León el porcentaje de inmigrantes es uno de los más bajos de España). Lo que ha llamado la atención es que en las plazas de las localidades que ha visitado había más jóvenes que gente madura. Habrá que ver qué porcentaje de votantes menores de 25 años se ha inclinado por Vox.

El hundimiento de la extrema izquierda y la resistencia del leonesismo. Es muy probable que ni Podemos ni IU logren alcanzar un escaño el domingo. Lejos, muy lejos, quedan los tiempos en los que el partido liderado entonces por Pablo Iglesias alcanzó 10 escaños.

La extrema izquierda se ha quedado hasta sin banderas propias, ya que el PSOE ha asumido sus postulados clásicos, como el rechazo a la guerra o los ataques al imperialismo yanqui. No ha logrado enganchar con el electorado rural y ha perdido el apoyo que tuvo entre los jóvenes. Ahora la rebeldía se ha vestido de verde.

En medio de esa debacle, llama la atención la resistencia de Unión del Pueblo Leonés (UPL), que incluso podría subir un escaño y rozar el 6% de los votos. Sería un fenómeno similar al de la Chunta Aragonesista.

El localismo, sin embargo, lo tendría difícil para lograr representación en Ávila y Soria, cuyos partidos (Soria ¡Ya!, y Por Ávila) podrían desaparecer de las Cortes castellanoleonesas.

El bloque de la derecha (PP+Vox) lograría, si se cumplen las expectativas de la mayoría de encuestas, casi un 52% de los votos, dos puntos más que los que logró en 2022. Mientras tanto, la izquierda (PSOE+IU+Podemos) apenas superaría el 30%, cinco puntos menos que hace cuatro años.

Esta radiografía es bastante coherente con lo que ocurrió en Extremadura y en Aragón. Y se corresponde también con lo que reflejan las encuestas a nivel nacional (excluidas las del CIS).

Lo que demostrarían estos números es que:

-El PP gana pero cada vez depende más de Vox para gobernar.

-El PSOE no se hunde, pero no deja de caer, a pesar de actuar como voto útil de toda la izquierda.

-Vox sube independientemente de sus crisis internas, basando su éxito en su oposición frontal a Sánchez y en la figura de su líder.

-La extrema izquierda tiende a desaparecer y sus expectativas de voto en unas elecciones generales no le servirían al PSOE para sumar una mayoría en ningún caso.

Todo ello lleva a pensar que la hipótesis de un adelanto electoral (generada por la movilización del No a la guerra) se desinfla por momentos.

Ahora queda esperar a ver lo que pase en Andalucía, donde lo que se prevé es una debacle socialista y un buen resultado del PP de Moreno Bonilla.

Las tendencias indican que, al margen de la corrupción, la derecha superaría el 50% de los votos en todos los escenarios.