Esta semana ha sacudido la política venezolana la destitución de Vladimir Padrino López como ministro de Defensa. Padrino era la mano derecha de Hugo Chávez, uno de los custodios del chavismo bajo Nicolás Maduro y el principal representante de las fuerzas armadas bolivarianas. En suma, se trata de una de las cinco personas que dirigían Venezuela, junto con los hermanos Rodríguez, Diosdado Cabello y Nicolás Maduro, antes de la intervención norteamericana. Pero más allá del cese, en el que pueden haber influido motivos de salud, es interesante el nombramiento del general Gustavo González López. Fue él quien recibió en Caracas al director de la CIA John Ratcliffe.

Pero la reforma es mucho más profunda. Han cambiado los ministros de Hábitat y Vivienda, de la Energía Eléctrica, de Transportes, Cultura, Educación y del Proceso Social de Trabajo. También hay nuevo comandante de la Guardia de Honor Presidencial, nuevo director general de Contrainteligencia Militar, y nuevos miembros del Alto Mando Militar. Y vuelve Tarek William Saab, quien había sido cesado de fiscal general como jefe de la Gran Misión Viva Venezuela, que desde el despacho de Presidencia de la República se encarga de promover el espíritu nacional. Recordemos que Tarek William Saab, además de ser uno de los hombres de confianza de Chávez y Maduro, también es el poeta del régimen.

Como algunos pronosticamos, la reforma parcial de la ley de combustibles era en realidad una enmienda a la totalidad al proyecto económico de Chávez y Maduro, un borrón y cuenta nueva a todo lo que había hasta el momento. Nuevas inversiones, nuevos socios comerciales, nuevos principios económicos y nuevos aliados estratégicos. Incluso la Administración Trump reconoció poco después la legitimidad del PSUV (Partido Socialista Unificado de Venezuela) frente al gobierno venezolano, y por tanto el resultado electoral de las últimas elecciones presidenciales. Si quedaba un ápice de revolución bolivariana en los despachos del palacio de Miraflores, ahora ya no hay nada. Los hermanos Rodríguez, Delcy Rodríguez como presidenta y Jorge Rodríguez como presidente de la Asamblea Nacional, son los nuevos guías del pueblo. Y guardianes del chavismo sin Chávez, tal como juró la presidenta Delcy Rodríguez sobre su tumba el día de la investidura presidencial.

Delcy Rodríguez ha establecido su propia corte, con sus afines, desde militares a civiles, pero con el apoyo de Estados Unidos"

Con el debilitamiento de Cuba y del castrismo, cuya acción exterior ha sido mermada completamente con las sanciones a la exportación de petróleo a la isla, Delcy Rodríguez gana aún más autonomía. Por un lado, por el creciente papel de EEUU en en la política venezolana, y segundo por el repliegue de quienes controlaban Caracas hasta la captura de Nicolás Maduro, los cubanos. No es casual que aquellos ámbitos donde más peso tendrá la inversión exterior, como Energía y Transportes, tengan nuevos ministros, como también que aquello que forma parte de la estructura de poder del régimen, como las fuerzas armadas, tengan un nuevo ministro y nuevos comandantes militares. El nombramiento de un nuevo director general de la Contrainteligencia Militar, cuando la DGCIM fue uno de los brazos represores del régimen, después de la ley de Amnistía, también es un acto de fuerza por parte de Delcy Rodríguez.

Solamente queda Diosdado Cabello dentro del diagrama de poder en esta etapa de nuevo orden en Caracas. Delcy Rodríguez puso a su hija Daniella Cabello como ministra de Turismo de Venezuela en febrero de este año. Y es que los puñales por la espalda se han hecho esperar, pero finalmente han llegado. A pesar de jurar que seguiría igual, porque Maduro seguía siendo el presidente de Venezuela, y ella solo estaba en el cargo de forma accidental, la verdad es que en dos meses ha revertido el chavismo y ha apuñalado por la espalda a todo el viejo orden que llevaba veinte años gobernando Venezuela. Primero con la reforma parcial de la ley de hidrocarburos, y después con la ley de Amnistía que se dijo que nunca se haría.

Todo esto no significa que haya habido reformas democratizadoras. Ni tampoco que el régimen se haya flexibilizado. Delcy Rodríguez ha establecido su propia corte, con sus afines, desde militares a civiles, desde ministros a generales. Pero esta vez, con el apoyo de Estados Unidos. 


Guillem Pursals es doctorando en Derecho (UAB), máster en Seguridad (UNED) y politólogo (UPF), especialista en conflictos, seguridad pública y Teoría del Estado.