Creo que hemos prestado poca atención a la aventura de Pablo Iglesias en Cuba. El fundador de Podemos ha ido a la isla como enviado especial de Canal Red –el medio de su propiedad que a partir de ahora difundirá también la capitalista Movistar Plus– y, sobre todo, como referente político de la izquierda revolucionaria global.
Iglesias no ha llegado a La Habana como un balsero, sino en avión, como un turista, y se ha hospedado en un lujoso hotel en el centro de la ciudad. En realidad, él es un invitado del Gobierno cubano, a cuyo presidente, Miguel Díaz-Canel, ha entrevistado para su medio.
El no se enroló en la flotilla Nuestra América, que salió de México la semana pasada y aún no ha atracado en Cuba. Su misión es más elevada y consiste en insuflar ánimos al pueblo cubano para resistir... a la ofensiva imperialista. "Patria o muerte: Venceremos", es el lema ya descolorido que puede leerse en algunas fachadas habaneras.
Tanto Cuba como Estados Unidos han reconocido que existen conversaciones para poner fin a un régimen que se instauró el 1 de enero de 1959. La dictadura castrista, que sustituyó a la dictadura de Fulgencio Batista, lleva ya más de 67 años oprimiendo a un pueblo que ahora no tiene ni luz, ni gas, ni petróleo, ni medicinas, ni alimentos. Un final negociado es lo que menos le puede gustar a un revolucionario como Iglesias.
Tras la pérdida de la alianza con la URSS, con la llegada de Gorbachov, a Fidel Castro sólo le quedaban como aliados las dictaduras latinoamericanas, y, en la última etapa, la Venezuela de Hugo Chávez, que intercambiaba petróleo por médicos, en un trueque que permitía al régimen malvivir.
Iglesias no puede soportar que Cuba y Estados Unidos lleguen a un acuerdo: sería tanto como renunciar a un sueño
Una vez que se cortó el grifo venezolano, Cuba, ya en estado crítico, ha colapsado. Los apagones son periódicos y cada vez duran más. El turismo –principal fuente de ingresos del país– se ha hundido, y la producción de caña o níquel está en mínimos precisamente por la escasez de energía.
Ya ha habido movilizaciones contra el Gobierno, a pesar de la dura represión, e incluso se ha intentado el asalto de alguna sede del todo poderoso y único Partido Comunista.
Protestar en Cuba sale muy caro. Hay en estos momentos más de 1.000 presos políticos entre una población de 10 millones escasos. En ese aspecto, la tasa cubana sí es una de las más elevadas del planeta.
Pues bien, ese es el país al que admira Iglesias y el régimen que quiere perpetuar como faro para la izquierda latinoamericana y, por qué no, también europea.
Le preguntó Iglesias a Díaz-Canel por la muerte de los cubanos que hacían de guardia de seguridad de Maduro, y el mandatario, emocionado, alabó su rol como centinelas de confianza del dictador venezolano. Su celo sirvió de poco. Tras las muerte de los héroes, en La Habana se celebró una masiva manifestación a las puertas de la embajada de EEUU. Esos caídos en Caracas también son un símbolo de la resistencia cubana. El propio Díaz-Canel pronunció un discurso de homenaje vestido de militar verde oliva.
Pero Iglesias no le preguntó a Díaz-Canel por los presos políticos que se pudren en las cárceles cubanas –me temo que no le interesa la vida de los 'gusanos'–, ni tampoco por las negociaciones con Estados Unidos, ni por la posibilidad de que algún día los cubanos puedan expresarse libremente y votar al partido que quieran, o leer un periódico distinto al Granma.
Los cubanos, la mayoría de los cubanos, quieren un cambio. Poder viajar, trabajar por un sueldo digno, tener un estado de bienestar como el que disfrutan los países capitalistas de Europa. Pero esa perspectiva no le interesa a Pablo Iglesias. Eso sería la derrota del castrismo. La derrota de un sueño.
Para Iglesias (como para una parte importante de la izquierda española), Cuba representa la resistencia al imperialismo yanqui; la victoria frente a la invasión de la bahía de Cochinos; la abolición de la propiedad privada. Es decir, lo que él querría para España.
¿Cómo va a cuestionar Iglesias a Fidel Castro o al Che Guevara, si han sido sus mitos desde que empezó a militar en política cuando era un adolescente?
Todavía algunos se preguntan por qué esta izquierda tiene tan malos resultados electorales. Por qué ya no les votan ni los jóvenes. La respuesta está en La Habana. Su ideal revolucionario acabó en pesadilla. Sólo quedan las banderas, los burócratas y el hambre del pueblo.
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