En el juicio de la Kitchen también pasa que los presidentes no conocen a sus ministros, los ministros no conocen a nadie y los hijos casi no conocen a sus padres. La verdad es que, por ejemplo, yo no conocía a Willy Bárcenas, o no lo recordaba, o no me constaba (eso del “no me consta” lo dijo mucho Soraya Sáenz de Santamaría a pesar de que, en esa época, su trabajo era saberlo y controlarlo todo, e ir dando como pellizcos para saberlo y controlarlo todo). Quiero decir que la amnesia, el desconocimiento o la telilla mental que provoca la Justicia en el personal lo mismo también se contagia o te persigue por la tele. Sí, algo así como la chica grimosa de The ring, que yo creo que murió mientras se echaba el tinte y más que víctimas busca gente a la que pintarle las canas. También Willy Bárcenas parece buscar niñas pijas más que matarnos con lo que canta, pero el caso es que yo no lo conocía, ni a Taburete, o no los recordaba, o los había borrado o triturado de la mente o de los papeles. Y como a la gente por lo visto le extraña este desconocimiento mío, ya no sé si estamos todos contagiados de olvido, por los juicios, por las noticias o por influencia o nigromancia de Sánchez, o es que pueden llamarme a mí cualquier día para lo de la Kitchen o para lo de Ábalos.
Digo yo que recordaría a Taburete de haberlo visto y escuchado, que de hecho lo he buscado para verlo y escucharlo y no creo que eso pueda olvidarse. O sea, un tío con barba, vestido de martes de tardeo, que canta sobre “a qué huele la luna” entre arpegios chiclosos y jovencitas pijas de bar de gilda en plena aventura generacional de no tener ni puta idea de la vida ni de nada. Yo creo que es algo que no se puede olvidar, pero lo mismo sí. Fíjense que cualquiera diría que Rajoy se ha olvidado incluso de quién era Bárcenas, un tipo que ni siquiera era “de su confianza” a pesar de llevar las cuentas del partido, que son siempre esa cosa secreta, delicada y sucia, y por eso más que contables diría que lo llevan urólogos. No recordaba Rajoy haberle escrito a su tesorero “hacemos lo que podemos” cuando lo más normal, en el acojone y el escándalo, era estar haciendo eso, lo que se podía, y a pesar de haber dejado él mismo, durante la Gürtel, esta gloriosa explicación, tan suya: “No tiene ningún significado. Hacemos lo que podemos significa lo que exactamente significa hacemos lo que podemos”. Sí, hasta lo que no se olvida es mejor olvidarlo a veces.
Lo mismo yo ya había escuchado a Taburete, esa música perezosa que ya suena a pereza desde el nombre, más incluso que el propio grupo Pereza, a quien no sé si han copiado en lo de tener las letras, la música y el público todo de flores y abejitas. Lo mismo sí lo he escuchado, pero lo he olvidado, que aquí se olvida todo. Hasta los poderosos se olvidan de que son poderosos. De Soraya, que tenía como dos caras de muñeca, una inocente y otra perversa, decían que era la mujer más poderosa de España, más poderosa que el hombre más poderoso, supuestamente Rajoy. Claro que tampoco era tan difícil porque Rajoy no se encargaba ni se enteraba de mucho, y hasta confundía al tesorero con su barbero taurino o futbolero. A Soraya la temían en los ministerios, las redacciones y las tertulias, la temían en el teléfono como si llamara el casero y en persona como si te pasara revista Napoleón. Decían los malvados que era ella la que gobernaba de verdad, o al menos en lo importante, en la economía, en el asunto catalán, en el CNI. Pero no debía de ser así porque ella no sabía nada de lo que hacía Fernández Díaz ni mucho menos Villarejo. No debía de imponer tanto, ni de saber tanto, cuando sus ministros y esbirros se lanzaban a las aventuras a las que, presuntamente, se lanzaron, sin que se dieran cuenta ella ni su bolsito mágico con espejito mágico.
Fíjense que cualquiera diría que Rajoy se ha olvidado incluso de quién era Bárcenas, un tipo que ni siquiera era 'de su confianza' a pesar de llevar las cuentas del partido
Las ganas de olvido son tales que en realidad Bárcenas ha perdido las pruebas que, según él, podrían incriminar a Rajoy y a otros, y por eso todo el mundo se salva encogiéndose de hombros. El propio Willy Bárcenas declaró que su mente había querido borrar esa etapa tan dura en la que puteaban a su padre en el trullo y hasta se le colaban en casa espías vestidos de cura, como si fuera uno de la banda de Curro Jiménez. De dónde salía ese cura, o de dónde salen tramas tan conjuntadas, estructuras tan airosas y beneficios tan preclaros entre sordos, mudos, olvidadizos y honrados servidores de lo público es lo que no nos explicamos. De dónde sale todo esto que siempre parece ser lo que parece, que se explica casi sin explicación, o sea esa certeza que vamos teniendo de que el poder llega siempre hasta donde le dejan y se lleva lo que puede porque no hay control, al menos hasta que llega la policía a las sedes de los partidos como si llegara a un garito. A lo mejor todo el consuelo y el futuro de los partidos está en olvidar, que es lo que está deseando Sánchez pero no sólo Sánchez.
Sí, ya lo sé, todo esto suena a excusa. No a excusa de Rajoy, Soraya o Sánchez, que no sabían nada de su partido, de sus ministros ni de su país como suele ocurrir con nuestros gobernantes. No, esto suena a excusa mía, porque yo no conocía a Willy Bárcenas pero sí al Koala, y no me sonaba Taburete pero sí Ojete Calor, y esto lo deja a uno en muy mal lugar. Por suerte, aquí la gente olvida muy fácil y uno puede decir que no era desconocimiento sino mala memoria. Willy Bárcenas, con su cara tan normal, se me confundió entre otros cantantes de metro o entre otros emprendedores de papá. Y Taburete, con su música de quinceañeros con barba y de feos cursis con ganas de mojar el churro madrileño, se me han confundido entre otros quinceañeros de cuarenta y otros cursis de zapata floja que andan cantando, suspirando o echando la caña a niñatas de piscifactoría. Me ha dado un poco de rabia que los comparen con Hombres G, que no eran pijos sino gamberros con mucho morro (el pijo era su primer malo de canción, el del jersey amarillo), y ligaban con esa gamberrada y ese morro, no plagiando diarios de animadoras. Pero oigan, si Rajoy casi no conocía a Bárcenas, ni Sánchez a Ábalos, tampoco es tan grave que yo no conozca a Taburete. Me va pareciendo, eso sí, casi más crimen Taburete que la corrupción.
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