La bolsa americana está de enhorabuena. El gran desarrollo de la inteligencia artificial (IA) puede que se note en bolsa con tres grandes operaciones: la primera y más importante puede ser Space X de Elon Musk, que acaba de incorporar la unidad de IA del grupo con el objeto de llevar al espacio los centros de datos, dado el coste de la energía. Se le calcula un valor de 1,75 billones (de los nuestros) de dólares e iría acompañada de una oferta pública de 75 mil millones de dólares.
Las otras dos serían Open AI, propietaria de Chat GPT y Anthropic, con una valoración unitaria de varios cientos de miles de millones. Si se confirma, se rompería una racha negativa que empezó hacia 1995, con una disminución en el número de salidas a bolsa, incluso de sociedades cotizadas. Parecía que el coste cada vez mayor de cumplimiento normativo por cotizar y el desarrollo de mercados privados, más rápidos y eficientes, estaban ganando la partida a los grandes mercados organizados y públicos.
Me imagino que las autoridades europeas verán con envidia la capacidad del mercado de valores norteamericano de absorber esa cantidad de recursos para proyectos innovadores. Así lo señaló el informe Draghi, destacando que el mercado de acciones es el medio más eficaz para financiar la innovación, con el componente de riesgo que lleva asociado. De esto hace ya dos años y no se ha visto ninguna medida.
Es interesante comparar los datos a ambos lados del Atlántico: Europa es el continente ahorrador, con un 14% del PIB, frente al 4-5% de EEUU. Sin embargo, la capitalización bursátil americana es el 170%-200% del PIB, mientras que en Europa no llega al 80%. Los europeos colocamos nuestro ahorro en productos bancarios conservadores y en inmuebles en mayor proporción que los americanos, donde el 60% de los hogares tienen acciones. Es decir, los europeos vivimos bastante de espaldas a nuestras bolsas, no así a las americanas, donde somos, de lejos, el principal inversor extranjero, con más de 10 billones (de los nuestros) de dólares invertidos en esos mercados.
Con carácter general, Europa tiene un sistema financiero basado en bancos, siendo estos los principales proveedores de financiación. Presenta la desventaja del plazo, ya que no se lleva bien con plazos muy largos cuando los bancos se financian a corto plazo. Y tampoco cuadra con la innovación, por el riesgo que lleva asociado. EEUU, en cambio, tiene un sistema financiero basado en mercados. Hasta en los préstamos tienen más peso los fondos que los bancos. Parte de la diferencia entre las dos concepciones se explica por cuestiones culturales.
Si de verdad quisiéramos desarrollar nuestro mercado, lo inteligente sería aprender de lo que hacen en EEUU
Así la fiducia, común en los países anglosajones, puede explicar el gran desarrollo de los fondos, de inversión y de pensiones, en EEUU. También la fiscalidad, con el enorme desarrollo de los planes individuales de jubilación (principal motivo de ahorro) llamados 401 K, que se materializan en un amplísimo abanico de tipos de fondos. También la regulación de la prenda, que en EEUU permite la obtención de crédito con la garantía de las posiciones financieras de una manera sencillísima, sin intervención de fedatario. Eso sí, la ejecución por impago es igual de inmediata. El gran desarrollo del crédito explica que con una proporción tan baja de ahorro consiga una capitalización bursátil tan alta.
Hablar de Europa como si fuese una unidad nos lleva a equívocos, ya que hay países como Holanda y Suecia con mercados desarrollados y populares entre sus ciudadanos, con capitalizaciones bursátiles por encima del PIB.
Si de verdad quisiéramos desarrollar nuestro mercado, lo inteligente sería aprender de lo que hacen en EEUU. La SEC (supervisor de mercados americanos) ha publicado informes proponiendo medidas para fomentar el desarrollo de sus mercados dada la sequía en nuevas salidas a bolsa comentada anteriormente. La principal preocupación es cómo competir con los fondos de capital privado que pueden otorgar financiación a empresas no cotizadas de una manera rápida y con unos costes jurídicos (el llamado due dilligence) reducidos. Además, una vez que el fondo forma parte del capital, la gestión de la compañía se ve menos alterada que si cotiza en bolsa, porque las modificaciones son las que se derivan del contrato firmado con los gestores del fondo.
Así, la SEC ha señalado la necesidad de reducir los costes de información de las sociedades cotizadas, tanto la financiera, reduciendo la periodicidad de trimestral a semestral, como la no financiera, sobre todo en materia medioambiental. En esta dirección, se está revisando el régimen de responsabilidad y litigiosidad derivado de la información pública. También de reducir el poder de los llamados proxy advisors (asesor de voto de inversores institucionales) en el órgano de dirección.
Por otro lado, se está trabajando en permitir el acceso a la Bolsa a empresas en fases más tempranas de desarrollo reduciendo las cargas regulatorias y de auditoría en los primeros años de cotización. En resumen, la SEC está trabajando para desarrollar medidas que devuelvan su dinamismo al mercado de acciones.
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