Opinión

Hay que permitir que el inversor particular vuelva al mercado

Vista aérea de la City de Londres.
Vista aérea de la City de Londres. | EUROPA PRESS

En mi artículo anterior mencionaba las previsibles buenas noticias de la bolsa americana con tres potenciales megaoperaciones y, a pesar de ello, las preocupaciones de la SEC (supervisor de valores) para revitalizar el mercado.

PUBLICIDAD

También hacía alusión a la situación del mercado europeo, a una distancia sideral del americano y a esto nos vamos a centrar en este artículo.

PUBLICIDAD

Europa tiene un sistema financiero basado en los bancos y no en los mercados. Es interesante comprobar cómo el Brexit no ha revitalizado el mercado de capitales europeo, con unos pequeños ganadores, como Irlanda y Holanda. Al final, el ganador ha sido la City londinense, que, contra todo pronóstico, ha sido capaz de revivir de sus cenizas y revalidar su posición como el centro financiero internacional por excelencia.

En Europa tenemos un problema de inicio que son las realidades nacionales que la componen. En EEUU, la mera competencia produjo una concentración paulatina de los mercados tradicionales en la bolsa de Nueva York (NYSE). Por otro lado, en 1971 se constituyó el NASDAQ, un mercado electrónico de gran importancia sobre todo para valores tecnológicos. En Europa es difícil pensar que un gran país vaya a renunciar a tener su propia bolsa, considerándolo una cuestión de soberanía. También, muchas haciendas nacionales influyen en los sistemas de liquidación para impedir que las operaciones bursátiles escapen a su control. Por tanto, ese proceso de concentración natural se va a encontrar con muchas más dificultades. El mercado único en materia de capitales es una quimera.

La existencia de dos reguladores, la UE por un lado y los parlamentos y ministerios de Economía por otro, no ayuda, con una profusión de normas inabarcables. Lo mismo en materia de supervisión (que además son reguladores de segundo nivel), con ESMA (Autoridad Europea de mercados de valores) y los nacionales (CNMV en España). Ello introduce costes muy elevados, tanto directos en forma de regulación como indirectos, por la necesidad de unos muy potentes departamentos de cumplimiento normativo a nivel de las sociedades cotizadas y de los intermediarios.

Suecia es un ejemplo: más de 500 salidas a bolsa en los últimos 10 años, con 8 de cada 10 ciudadanos invirtiendo directa o indirectamente y con una clara promoción del ahorro que se destina a la inversión productiva

El coste regulatorio es claramente excesivo para las sociedades cotizadas, sus directivos y consejeros. La regulación marca cuántos consejeros deben componer el consejo, la distribución por género, las comisiones que deben existir dentro del mismo, el número de los llamados consejeros independientes (dice mucho de su “independencia” que son nombrados por el máximo ejecutivo o por el principal accionista) y su participación en las comisiones. Además, hemos pasado del principio “cumplir o explicar” a hacerlo obligatorio. Marca una estructura rígida y cara. La transparencia es un requisito que va unida naturalmente a la bolsa, pero muchas veces un empresario la puede considerar excesiva al mostrar la estrategia de su empresa. Otras veces es claramente inútil, además de muy costosa, como todo lo referido al ámbito medioambiental: cientos de páginas que nadie lee.

Hay que abaratar las salidas a bolsa. Se produce una confluencia entre los bancos de inversión y los despachos de abogados que hace subir enormemente el coste. En este sentido, hay que rediseñar el folleto, haciéndolo más conciso y verdaderamente explicativo de la sociedad, de las condiciones de la salida y de sus riesgos específicos. Otra vez cientos de páginas que nadie lee.

La regulación y el supervisor no deberían poner tantos obstáculos a la creación de intermediarios especializados (sociedades y agencias de valores). Un proceso de constitución complejo y muy largo, unas tasas que absorben una gran parte de la cuenta de resultados, sobre todo al principio, una supervisión que puede ser asfixiante y una regulación que limita sus posibilidades convierten a los intermediarios en un mal negocio. Como ejemplos, la CNMV tiene más empleados en el departamento de supervisión de sociedades y agencias que en el de bancos, cuando la proporción de negocio estará en torno a 15/85.

El mayor éxito español en atracción del Brexit fue Credit Suisse, que empezó como sociedad de valores para transformarse en banco poco después porque era “más operativo”. El peso de la banca comercial es total, cuando para ella el mercado de valores es algo marginal. La ausencia de intermediarios especializados locales hace que en las salidas a bolsa exista un oligopolio de muy pocas entidades extranjeras que junto a los también escasísimos inversores internacionales relevantes explica en parte que cuando hay una sea un gran acontecimiento. Una mayor competencia ayudaría a rebajar los costes de las salidas a bolsa.

Y finalmente lo más importante, hay que permitir que el inversor particular vuelva al mercado. Precisamente la Bolsa se creó para eso, para que pudiese operar el particular. Todas las medidas de transparencia están hechas para ello. Pero para el supervisor español la inversión en bolsa es una actividad de riesgo a la que solo deberían tener acceso los inversores expertos. Es una concepción del riesgo de inversión absolutamente errónea, ya que en el largo plazo es mucho más difícil que una cartera de renta fija supere la inflación que otra de acciones mínimamente diversificada. Esto explica que, con la excepción de Aena, los inversores particulares hayan estado excluidos de todas las salidas a bolsa. Y esa exigencia de experiencia lleva a un círculo vicioso, porque sin ella un asesor financiero nunca la puede recomendar, lo que lleva a no entender cuál es su papel.

No hay que desesperar. En España hace 30 años tuvimos un mercado ágil y dinámico, con intermediarios especializados y particulares que fue capaz de absorber un intenso programa de privatizaciones, con una joven CNMV preocupada por el desarrollo del mercado. Sin necesidad de mirar a EEUU, Suecia es un ejemplo al que imitar, con más de 500 salidas a bolsa en los últimos 10 años, con 8 de cada 10 ciudadanos invirtiendo directa o indirectamente en bolsa y, lo que es indispensable, con una clara promoción del ahorro que se destina a la inversión productiva.

Comentarios

Normas ›

Para comentar necesitas registrarte a El Independiente. El registro es gratuito y te permitirá comentar en los artículos de El Independiente y recibir por email el boletin diario con las noticias más detacadas.

Regístrate para comentar

Te puede interesar

Lo más visto