Opinión

El castigo al ahorro

El castigo al ahorro
La hipoteca fija se ha encarecido más que la variable, a pesar del euríbor | Pixabay

En este final del primer semestre vivimos un tiempo incómodo: hay que preparar y pagar el IRPF. Y desde 2021 más aún porque el problema lo agrava la alta inflación.

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Pongamos el caso de un asalariado durante su vida laboral. Empieza ganando sus primeros salarios y entra en un mundo de mayor consumo. Cuando le toca hacer la primera declaración, se sorprende de lo fácil que es: basta con aceptar el borrador y seguramente le saldrá una cantidad mínima a pagar. Si se guía por lo que recibe en el banco todos los meses y por lo que paga en junio, pensará que prácticamente no paga impuestos. Con el tiempo va progresando en la empresa y empieza a plantearse la compra de un piso. En su banco le hablan de la cuenta de ahorro vivienda y todos los meses ingresa una cantidad. Al llegar el siguiente mes de junio se lleva la gran sorpresa: no solo no paga, sino que Hacienda le devuelve. Sigue ascendiendo en la empresa y, después de comprar un piso y pagar parte de la hipoteca, le preocupa su jubilación y, por indicación de su banco, abre un plan de pensiones. Con la siguiente declaración del IRPF la sorpresa es mayúscula: no solo le sale a devolver, sino que la cantidad es significativa. No solo no paga impuestos, sino que Hacienda es generosísima.

El ejemplo anterior parte de las siguientes hipótesis: una persona responsable que ahorra para las dos finalidades más comunes, la vivienda y la jubilación. Además, es un ignorante en materia fiscal. Y finalmente, todo pasa hace unos años, cuando existían planes de pensiones. La facilidad para pagar los impuestos, con las retenciones mensuales y la declaración prácticamente hecha, es una muestra de la intención de la Administración de que no seamos conscientes de lo que pagamos. Si hay una subida de impuestos, pensaremos que no nos afecta, porque la pagarán otros (los ricos). Si suben las contribuciones sociales, lo mismo, las paga otro, la empresa. Esa ignorancia también se produce cuando compramos algo, porque el IVA está incluido en el precio y nos sorprende cuando vamos a otros países donde el impuesto por la venta es explícito.

El castigo al ahorro es muy preocupante, porque sin ahorro no hay inversión, que es el motor de nuestra prosperidad

Volvamos al ejemplo anterior. Nuestro protagonista se ha jubilado y, además de su pensión de la Seguridad Social, recibe las prestaciones de su plan de pensiones. Al llegar el siguiente junio, la sorpresa es muy desagradable: las retenciones de los dos pagadores han sido insuficientes y le toca pagar una cantidad respetable. Como ha adquirido cultura financiera, cae en la cuenta de lo que es la progresividad del IRPF: cada euro de más tributa a un tipo superior. Además, al analizar los números del plan de pensiones observa que la inmensa mayoría de la revalorización es únicamente inflación, por lo que el tipo progresivo hace que lo que paga hoy es más de lo que ahorró en impuestos cuando hizo las aportaciones. Cuando ya se había acostumbrado a reservar todos los meses una cantidad para pagar el IRPF, un año vende las acciones de la empresa en la que había trabajado para ayudar a sus dos hijos a pagar la entrada de sus pisos. ¡Otra vez otro disgusto! Porque la llamada tributación del ahorro también es progresiva y el tipo llega al 30%, despreciando otra vez la inflación. Es decir, para Hacienda las pesetas de entonces son equivalentes a los euros de hoy. Empieza a dudar de que ese esfuerzo de tantos años, renunciando a viajes, compras o a un coche mejor haya valido la pena, porque el gran beneficiario ha sido Hacienda y claramente Hacienda no somos todos.

Desde hace 25 años la tributación del ahorro ha variado con dos reformas principales y múltiples parciales. Aznar cambió el sistema de coeficiente de abatimiento, que permitía reducir la plusvalía sin modificar el coste de adquisición en función de la antigüedad, por el de coeficientes de actualización monetaria. Rodríguez Zapatero hizo la otra reforma en profundidad en 2006 estableciendo un modelo dual con dos bases imponibles: la general, con tipos fuertemente progresivos, y la del ahorro con un tipo único del 18%. En 2010 se fijaron dos tipos, es decir, progresividad pero reducida, marcando un camino de empeoramiento que siguió Rajoy nada más llegar al poder. Además, en 2015 eliminó los coeficientes de actualización monetaria, eso sí, en una época de inflación casi inexistente. Fue el segundo hito en la penalización. Con Sánchez es cuando el castigo al ahorro sube exponencialmente:

  • La posibilidad de deducir las aportaciones a planes de pensiones se reduce drásticamente hasta convertirse en simbólicas (2020 y 2021).
  • La tributación del ahorro se convierte en fuertemente progresiva (hasta el 30%).
  • No hay deslizamiento de bases o deflactación de tarifas ni coeficiente de actualización monetaria.

Y todo ello en un periodo de resurgimiento de la inflación, sobre todo a partir de 2021.

La ausencia de medidas correctoras de la inflación provoca que se graven rendimientos y plusvalías ficticios, y es especialmente grave en los frutos del ahorro que se generan en plazos muy largos, donde más importancia tiene la inflación. La causa más evidente de todo esto es esa tendencia creciente del gasto público, que es insaciable. Con la mentalidad cortoplacista que caracteriza a la política es más fácil subir los impuestos que evaluar los objetivos de los programas de gasto, su eficacia, promover los aumentos de productividad de los empleados públicos, etc., es decir gestionar. Y como hemos visto, esto es independiente del color político del gobierno. Pero también se observa un sustrato ideológico en un doble sentido:

  • Solo ahorran los ricos, lo que es falso. Es cuestión de responsabilidad: tanto el que ahorra 1.000€ como el de 100.000€ están haciendo un esfuerzo.
  • Algo más sutil, ¿para qué ese esfuerzo, si con los programas públicos la vivienda dejará de ser un problema y la jubilación pública cubre todas las necesidades?

El castigo al ahorro es muy preocupante, porque sin ahorro no hay inversión que es el motor de nuestra prosperidad.

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