Donald Trump está desesperado por lograr algún éxito dentro o fuera de sus fronteras. El índice de desaprobación de su gestión ha alcanzado un récord: el 61% de los encuestados considera negativo su balance frente al 34% que lo ve positivo, según refleja The Economist con datos de YouGov. Sus choques con los tribunales son constantes: el Supremo le contradice tanto en cuitas personales como la indemnización a la escritora E. Jean Carroll, como en cuestiones como la ciudadanía por nacimiento. En el exterior, sigue enredado en una guerra latente con Irán. Ahora libra otra batalla en Asia: está dispuesto a romper la histórica alianza con Corea del Sur con el fin de atraer a Kim Jong-un. Pero el líder norcoreano se ve más fuerte que nunca.
Kim Jong-un ha logrado que tanto Xi Jinping como Vladimir Putin le consideren un aliado necesario. En el primer mandato de Trump, el líder norcoreano estaba aislado. Por eso a Kim le interesó el acercamiento al presidente de EEUU. Ya no es así. Y militarmente cada vez el país está mejor abastecido. Trump busca una cumbre con Kim, en un intento de mostrarse al mundo como un pacificador, pero ahora el líder norcoreano pone condiciones. No hablará en ningún caso de desnuclearización.
Unas maniobras con Seúl minimizadas
La mejor prueba de la rendición de Trump la hemos visto con motivo de las maniobras de EEUU y Corea del Sur. Horas después de que Kim Jong-un y su hija Kim Ju-ae, su heredera, celebraran el Día de la Liberación, empezaban los ejercicios militares. Kim, como en otras ocasiones, dijo el viernes que los consideraba un ensayo bélico y amenazó con represalias contra los dos países. Trump ordenó el domingo "reducir sustancialmente" el operativo. La razón: la "muy buena relación con el líder norcoreano Kim Jong-un".
"Estas maniobras no solo son costosas —y gran parte de esos costes los asume Estados Unidos (¡como siempre!)—, sino que envían una señal totalmente inapropiada y hostil a un país que, desde que Donald J. Trump es presidente, se ha mostrado respetuoso y no ha representado ninguna amenaza", escribió Trump en Truth Social.
Corea del Norte es de facto una potencia nuclear. Es decir, al presidente de EEUU le parece que es posible una relación amistosa con un Pyongyang nuclear, a pesar de suponer una amenaza para aliados tradicionales como Corea del Sur. Sin embargo, un Teherán nuclear sería inadmisible.
Trump ha llegado a decir que no cancelaba el programa por ser demasiado tarde. Además, criticó a Corea del Sur por no ayudar a EEUU en sus esfuerzos por desnuclearizar Irán. Con este tipo de comportamientos, Trump echa por tierra el tablero en la región.
La orden de Trump también preocupa a los mandos militares estadounidenses. Según afirma en The Wall Street Journal, Mark Montgomery, contralmirante retirado de la Armada de EEUU, el riesgo es que la capacidad de Washington como potencia disuasoria queda mermada frente a Corea del Norte, y frente a China. Además, los aliados en la región perciben que EEUU no es un socio fiable.
En 2018, Trump ya suspendió las maniobras conjuntas con Corea del Sur durante una cumbre con Kim como concesión para avanzar en las negociaciones sobre la desnuclearización. Ahora reduce los ejercicios como muestra de buena voluntad frente a un Kim empoderado que no está dispuesto ni siquiera a hablar de la desnuclearización.
De nuevo Trump demuestra que con él Estados Unidos no es un socio fiable. Es algo que también han comprobado los aliados. Cada vez está más en duda que EEUU acudiera a ayudar a un aliado en caso de ser atacado por Rusia.
Un cambio radical en siete años
Trump y Kim se reunieron por última vez en Hanoi hace siete años. Era una época en la que el dictador se encontraba aislado. La sexta prueba nuclear, llevada a cabo por orden suya dos años antes, enfureció entonces incluso a China y a Rusia. Sin embargo, el conflicto entre Pekín y Washington, que se intensificó a causa de Trump, hizo que, de repente, Corea del Norte se convirtiera para los chinos en un valioso amortiguador que los separaba de su aliado estadounidense: Corea del Sur.
Pyongyang también fue valorada por Rusia. A medida que se complicaba la ofensiva ucraniana, la munición y los soldados ofrecidos por Kim Jong-un eran para Putin oro puro. El verano pasado, el dictador norcoreano fue invitado a Pekín junto con el presidente de Rusia por Xi Jinping. De forma inesperada, Corea del Norte comenzó a jugar en una liga que parecía inalcanzable.
Éxito militar
Pero Kim también ha logrado en los últimos años un éxito extraordinario en el ámbito militar, en parte gracias a la tecnología obtenida de Rusia. Las estimaciones varían, pero se acepta que ya cuenta en su arsenal con entre 50 y 60 bombas atómicas, así como con material para fabricar otras 90.
Pyongyang también es capaz de equipar con ellas misiles balísticos de medio alcance e incluso intercontinentales, capaces de alcanzar las costas de América. También ha presentado su propio submarino de propulsión nuclear. Y aunque se desconoce hasta qué punto está ya operativo, la perspectiva de que Corea del Norte sea capaz de responder incluso tras un ataque nuclear enemigo se está convirtiendo en una posibilidad real.
Todo ello hace que Kim ya no busque, como antes, una reunión con Trump. Afirma que, si llegara a producirse, solo sería si Estados Unidos reconociera formalmente que el régimen comunista es una potencia nuclear. Ni siquiera Donald Trump, ávido de éxitos debido al desastre iraní y al empeoramiento de la situación económica en Estados Unidos, aceptaría algo así.
Tensas relaciones entre Washington y Seúl
Pero la retirada parcial de EEUU de las maniobras en Corea del Sur también está relacionada con las tensas relaciones entre Seúl y Washington. El presidente Lee Jae-myung, que en su día llegó a hablar abiertamente de "tropas de ocupación estadounidenses", nunca le ha caído bien a Trump. Se trata de un político de centro, quizá incluso ligeramente de izquierdas, que apuesta por el desarrollo de programas sociales y por el refuerzo de los derechos de las mujeres, los inmigrantes y la comunidad LGBT. Es decir, lo contrario de lo que persigue el presidente de EEUU.
Las relaciones entre ambos países también se han deteriorado mucho en el ámbito comercial. La Casa Blanca ha impuesto aranceles del 25% a los productos surcoreanos, a lo que Seúl no ha respondido con ninguna restricción. A pesar de ello, el superávit comercial de Corea sigue siendo elevado: cerca de 60.000 millones de dólares al año.
Sin embargo, la crisis va mucho más allá de las relaciones entre ambos países. Pone en tela de juicio la solidez de las alianzas forjadas por EEUU en Asia Oriental. Es decir, la alianza de Estados Unidos no solo con Corea del Sur, sino también con Japón, Taiwán y Filipinas.
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