Friedrich Merz, católico renano, arrancó como canciller con un mal augurio. Necesitó dos votaciones en el Bundestag para sumar los apoyos necesarios. Era la primera vez en la historia de la República Federal que sucedía. Allí empezó su vía crucis. Sus 16 meses como canciller han sido una carrera de obstáculos, pero este mes de septiembre está siendo agónico.

PUBLICIDAD

En las elecciones en Sajonia-Anhalt, el día 6, su partido, la Unión Cristiano Demócrata (CDU), se hundió con su peor resultado en este Land oriental. Para mayor escarnio, la extrema derecha (Alternativa para Alemania) se quedó al borde de la mayoría absoluta. En Alemania es algo extraordinario un resultado así. Este domingo, votan en Mecklemburgo-Antepomerania, cuna de Angela Merkel. Allí la CDU corre el riesgo de quedar fuera del Landtag porque las encuestas le dan un 6%, y por debajo del 5% no entra. Sería una catástrofe.

PUBLICIDAD

Y en las elecciones al Parlamento regional de Berlín, donde la CDU gobierna en gran coalición con el SPD, los sondeos prevén que se alce con el poder un tripartito de izquierdas. En los dos Länder, AfD sigue subiendo: en Mecklemburgo-Antepomerania se disputa la victoria con el SPD, y en Berlín duplicará sus resultados de hace tres años.

Merz, con la popularidad bajo mínimos

El canciller Merz ha suspendido su participación en la Asamblea General de la ONU, que se celebra la semana próxima, dada la gravedad de la situación. A las cinco de la tarde, una hora antes de que se conozcan los primeros sondeos a pie de urna empieza una reunión de la ejecutiva de la CDU. En esta cumbre harán balance de daños y Merz buscará el consenso sobre la lectura de la crisis. La CDU era hasta ahora el partido símbolo de la estabilidad. Todo lo que sea caos le perjudica.

De momento, Merz no ha dado señales de que vaya a irse. Al contrario, después de las elecciones en Sajonia-Anhalt reconoció que había sido la derrota más dura en años, o décadas, pero añadió: "Rendirse no es una opción". Desde entonces, la presión, sobre todo en los medios, ha ido in crescendo.

Todo el mundo mira al canciller a la hora de buscar culpables. Su popularidad está por los suelos: solo el 14% piensa que es el adecuado para el puesto. La Unión se hunde por debajo del 20% a nivel federal, mientras AfD encabeza con el 29%, según YouGov. Aún así el martes decía: "Somos un gobierno electo. Fui elegido para cuatro años". Pero intentan mantenerlo fuera de la campaña porque resta más que suma.

En una carta los ministros presidentes de la CDU daban en teoría su apoyo al canciller. Como apunta en X el periodista Pascal Thibaut, "el nombre de Merz ni siquiera se menciona. Si esta iniciativa pretende apoyar al canciller, su mera existencia y necesidad hablan por sí solas de la inestabilidad política reinante". En el caso de que la CDU se quede fuera del Landtag en Mecklemburgo-Antepomerania, los cimientos de la Konrad-Adenauer-Haus van a tambalearse.

"Merz está en una situación complicada. En un momento de gran debilidad. No es solo por Sajonia-Anhalt, viene de antes. Sus niveles de popularidad son los más bajos de la historia. No le ayuda que su compañero de coalición, el SPD, parece un partido fantasma. Está desaparecido. Merz tiene en su agenda una serie de reformas profundas que antes no se pudieron llevar adelante. Para hacerlo necesitas liderazgo y Merz no lo tiene. No encarna esa nueva Alemania. Tampoco le ayuda que no es el mejor comunicador. No tiene carisma", afirma el analista político Franco delle Donne, autor de Epidemia Ultra, sobre "cómo la ultraderecha ha pasado de ser marginal a gobernar en medio mundo".

Los liderazgos importan: Manuela Schwesig y Elif Eralp

La cuestión del liderazgo, un problema que se observa en todos los partidos, nos lleva a la figura de la socialdemócrata Manuela Schwesig, la ministra presidenta de Mecklemburgo-Antepomerania que ha logrado en un año una proeza. Tenía entonces 19 puntos de desventaja con respecto a AfD. En el último sondeo, el SPD supera por la mínima, un punto, a AfD. En ese caso, se mantendría en el poder con Die Linke.

"El triunfo de Manuela Schwesig en Mecklemburgo-Antepomerania sería un rayo de esperanza. En Berlín Die Linke cuenta con Elif Eralp, hija de una pareja turca que emigró a Alemania por motivos políticos. Va en cabeza. Pero no olvidemos que AfD va a subir en los dos Länder. Aunque no ganen estas elecciones, la tendencia es al alza", señala Delle Donne. El caso de Eralp recuerda a Mamdani en Nueva York por su foco en los problemas de los ciudadanos: vivienda, transporte...

Según el alemán Mario Kölling, profesor de Ciencia Política en la UNED, "Schwesig es una presidenta fuerte con una trayectoria reconocida. Y los candidatos votan a la persona. Está atrayendo a votantes que no eran del SPD. Es lo contrario de lo que pasó con el ministro presidente, de la CDU, en Sajonia-Anhalt. Era débil y no se diferenciaba de AfD lo suficiente. El caso de Schwesig demuestra que un liderazgo puede parar a AfD".

Es interesante que estos liderazgos de izquierda frenen a AfD, al menos de momento, ya que en Sajonia-Anhalt se ha visto cómo han ampliado su espacio electoral entre los trabajadores. "Todos estos partidos de derecha radical buscan sustituir a la derecha tradicional. El punto es que la expansión del electorado del AfD se da en los sectores decepcionados que solían votar a la izquierda y se abstenían. Así lo hemos visto en Sajonia-Anhalt. Es el discurso del estado del bienestar chovinista. El Estado para los nativos alemanes pero tiene que estar el Estado. Para desbancar al gobierno federal o ganar por mayoría absoluta también necesitan a los decepcionados con la CDU", indica Delle Donne.

La ventaja de Merz

Mecklemburgo-Antepomerania es uno de los estados federados más pequeños de la República Federal. ¿Puede acabar la carrera política de Merz por los resultados en un Land con 1,5 millones de habitantes en un país de más de 80 millones? Nada se descarta, pero el sistema político alemán no favorece el cambio. Si no se convocan nuevas elecciones, algo que ahora mismo evitarán la Unión y el SPD, que forman la gran coalición, el nuevo candidato debería gana una moción de confianza.

"La pregunta es qué pasa después de Merz y eso puede ser una ventaja de Merz", señala Kölling. "Alemania tendría que acometer las reformas. Necesita estabilidad. El margen de actuación es muy limitado". 

Hay nombres sobre la mesa pero ninguno ha dado un paso adelante. Sería temerario. Los medios alemanes han escrito mucho sobre Hendrik Wüst, de 51 años, ministro presidente de Renania del Norte-Westfalia, el Land más grande del país. Pero la mayoría apuesta por que Wüst esperará a ganar antes las elecciones en su Land en abril. Firmó la carta en que se pedía que se acabara con el "debate personal". Es posible que si sigue la crisis su momento sea en primavera. Si gana Wüst, se colocará como alternativa a Merz. Si pierde, culparán a Merz.

Siempre que se habla de cambio en el liderazgo emerge la figura de Markus Söder, ministro presidente de Baviera y líder de la CSU. "Reina en Baviera y como líder de la CSU tiene mucho poder. Cuentan con tres ministerios", señala Delle Donne, que vive y trabaja en este Land. A Söder le apoya Michael Kretschmer, ministro presidente de Sajonia, que acaba de visitarlo y dedicarle elogios. Son los que quieren reformas más sociales.

Otra opción sería que Merz siguiera como canciller pero renunciara como líder del partido y así se abriera el camino a su sucesión con vistas a 2029.

La salida de Merz ahora conllevaría riesgos no solo para Alemania. Dejaría en evidencia la debilidad de la primera potencia de la UE. Justo cuando Putin incrementa su presión con una campaña de operaciones cinéticas coordinadas, como ha apuntado el Institute for Study of War (ISW). Putin se lo apuntaría como un triunfo y también la extrema derecha. Sería un mal preludio en un periodo convulso en Europa por la elecciones en 2027 en Francia, Italia, España y Polonia.