A menos de una semana de las elecciones legislativas en Marruecos, la maquinaria de los partidos trabaja a pleno rendimiento. Los candidatos están aprovechando los últimos días de campaña para marcar posturas, y no solo en los asuntos internos del país. Uno de los más críticos con las autoridades alauís es el ex primer ministro y líder del Partido de la Justicia y el Desarrollo, Abdelilah Benkirán. Aunque no se presenta a la reelección, es una de las figuras más visibles dentro de su formación. Y, en sus ataques contra la gestión del actual Gobierno, también incluye una clara ofensiva contra la soberanía española.

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Es el quinto punto en el eje dedicado a la política exterior del programa electoral del PJD. "Reafirmar el derecho inquebrantable de Marruecos a liberar Ceuta, Melilla y las islas Chafarinas". Con esta afirmación, la formación deja claro un compromiso que otros partidos han dejado caer mediante declaraciones, pero no han plasmado de viva voz en sus programas para estas elecciones.

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Y no es la única amenaza dirigida a conseguir "El Gran Marruecos", la ideología que no aparece mencionado en el documento pero empuja las reclamaciones expansionistas de nuestros vecinos del sur. También se hace un alegato a favor de la defensa del "Sáhara marroquí", en referencia al territorio saharaui ocupado ilegalmente por el régimen alauí desde hace medio siglo.

En el programa, además, queda reflejada la voluntad del PJD de "involucrar" al conjunto de las fuerzas políticas y sociales de Marruecos en esta cuestión estratégica. Y, además, proponen "vincular claramente el desarrollo de las relaciones y alianzas internacionales con las posiciones de los Estados sobre la integridad territorial y la soberanía marroquí". Es decir, basar sus relaciones diplomáticas en el apoyo del resto de países a sus ambiciones territoriales, que incluirían Ceuta y Melilla.

No obstante, por alarmantes que suenen estas propuestas, no parece probable que vayan a cristalizar en iniciativas gubernamentales, al menos no por parte del partido islamista. Cuando hace una década ocupaban el poder, en la actualidad no suman más de trece diputados en un Parlamento de 395 escaños.

Ascenso y caída del Partido de la Justicia y el Desarrollo

Corría el año 2011. Los efectos de la Primavera Árabe se sentían por buena parte de Oriente Medio y el Norte de África, y Marruecos no era una excepción. A finales de aquel año, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, de corte islamista, cosechó una aplastante victoria electoral. Comenzó entonces un periodo al frente del Gobierno de diez años.

La coyuntura internacional estaba de su parte. Con la llegada de los Hermanos Musulmanes al poder en Egipto, el islamismo político se presentó como una opción atractiva para resolver los problemas que atravesaban las sociedades árabes en aquel momento. Así, con el viento a su favor, el PJD tomó las riendas de Marruecos.

Sin embargo, las estructuras sobre las que se sustenta el régimen alauí dificultan la independencia política del Gobierno. De hecho, los ministerios estratégicos de Asuntos Exteriores, Interior y Asuntos Religiosos son carteras "de soberanía", es decir, bajo control directo de Mohamed VI, quien nombra directamente a sus titulares. Por lo tanto, el margen de maniobra de los islamistas moderados quedó reducido.

En un artículo de Mohammed El-Katiri publicado por el Barcelona Centre for International Affairs (CIBOD) al año siguiente de su llegada al poder, el experto hablaba de un "Efecto Gatopardo": todo cambió en la superficie para que la estructura de poder siguiera siendo exactamente la misma. El autor sostenía que la victoria del PJD funcionó como una "válvula de escape" para contener el descontento social tras las protestas de 2011.

Así, aunque en un primer momento se proyectó una imagen de apertura y cambio, el equilibrio real de poder no se alteró y permaneció en manos del Majzén, el círculo íntimo de Mohamed VI. Este fue el trasfondo de la derrota electoral del PJD en 2021, cuando perdió el 80% de sus votos y pasó a ser una fuerza minoritaria en el Parlamento.

Crítico con la crisis en "la Ceuta ocupada"

Una de las estrategias desplegadas estas últimas semanas para tratar de reconquistar a sus votantes ha sido marcar distancia con la política diplomática de sus sucesores. Son muy duros con las relaciones entre Israel y Marruecos, pese a que los Acuerdos de Abraham se firmaron en el 2020, cuando el partido todavía estaba al frente del país. Bien está que fue durante la presidencia de Saadeddine Othmani, no de Abdelilah Benkirán.

Pero, tras las últimos sucesos en Ceuta, han encontrado en la ciudad autónoma española un problema con el que dar la batalla frente a las autoridades. Con una postura opuesta totalmente a la del resto de partidos, ya que Benkirán ha llegado incluso a pedir explicaciones a Mohamed VI por lo sucedido. "He solicitado a Su Majestad el Rey… Debemos esclarecer qué ocurrió. ¿Quién lo organizó? ¿Fue una influencia externa o interna? ¿Y por qué precisamente en ese día [la Fiesta del Trono]? Hacemos esta consulta al Soberano por respeto a la institución. Hasta ahora no ha habido respuesta, y seguimos esperando", aseguró a mediados de agosto en declaraciones recogidas por el diario Yabiladi.

Un descontento que también ha quedado reflejado en su programa electoral para las elecciones. Según denuncia el PJD, durante los últimos cinco años en los que ha estado apartado del gobierno, en Marruecos ha habido "una gestión deficiente y alarmante de los asuntos públicos". Y enumeran: corrupción generalizada entre los funcionarios electos, abusos de poder -"incluso a nivel del jefe de Gobierno y algunos de sus miembros"-, aprobación de leyes que se adaptan a intereses específicos, ausencia de rendición de cuentas y evasión del control parlamentario.

Para el partido islamista, la ausencia de control gubernamental y el aumento de los precios desembocaron una "serie de protestas recurrentes y disturbios sociales y regionales", incluidas las de la Generación Z de hace un año. Y también en "la migración masiva hacia la ciudad ocupada de Ceuta".

En Marruecos, las autoridades se han lavado las manos ante cualquier tipo de responsabilidad después de que unas 80.000 personas procedentes de su territorio entrasen a nado en la ciudad autónoma. Ni siquiera ha habido un luto oficial por las 141 víctimas, que incomodan a las altas esferas de Palacio.

Mientras que otros partidos pasan de puntillas sobre el tema, el PJD sí apunta directamente a la mala gestión de sus gobernantes como causante de la crisis. Por ello, en sus propias palabras, su programa "aborda la disposición de amplios sectores de nuestra juventud a asumir riesgos e intentar migrar". Y busca dar respuesta a todas las "cuestiones apremiantes" presentes en la sociedad marroquí, que "se han intensificado tras la crisis migratoria masiva hacia la Ceuta ocupada", aseguran.

Y es tan relevante la cuestión de la "Ceuta ocupada" para la formación, que más adelante el documento vuelve a referirse a ella y a la avalancha migratoria del día 30 de julio, provocada por el aumento sin precedentes de precios en verduras, frutas, carne y combustible, y de crecientes protestas y huelgas sociales".

Dado que en Marruecos no están permitidas las encuestas sobre intención de voto para no influir en los resultados electorales, es imposible saber si estos mensajes están calando en la población. Solo queda esperar hasta el próximo miércoles, el día que está previsto que casi 16 millones de marroquíes decidan la composición de su gobierno por los próximos cinco años.