Alemania vivió deliberadamente en una ensoñación sobre Rusia hasta que ya fue insostenible. Desde los servicios de inteligencia alemanes habían alertado del riesgo que suponía confiar en el Kremlin. Pero la energía barata tenía gran poder de convencimiento para los gobernantes alemanes, tanto de la CDU (Merkel) como del SPD (Schröder). En 2014 cuando Rusia se anexionó Crimea prefirió mirar a otro lado. Diez años más tarde, tras la invasión total de Ucrania, sí que empezó a poner en marcha un giro de 180 grados en su inversión en defensa. Llegó el Zeitenwende. Pero Rusia había ganado tiempo y mucho dinero que invirtió en armarse hasta los dientes.

PUBLICIDAD

Ahora es Alemania la que se intenta pertrechar. Rusia ha dejado claro que Alemania está en su punto de mira. La confirmación se vio en el aeropuerto de Leipzig, escenario de un atentado fallido de un dron contra aviones de carga ucranianos. Podría haber sido un suceso trágico. Los servicios de inteligencia alemanes han apuntado claramente al Kremlin. Y por supuesto en Moscú se han ofendido. Pero queda claro que Rusia ha cambiado de estrategia y ahora ataca las rutas de suministro a Ucrania. Esos aviones llevaban material para Kiev.

PUBLICIDAD

Este domingo un dron atacó un tren que hacía la ruta que frecuentan los líderes internacionales, a menos de dos kilómetros de territorio de la OTAN. El ministro polaco de Exteriores ha advertido al Kremlin que si la OTAN se pone los guantes, no iba a durar mucho. La superioridad aérea de los aliados haría que pudieran destruir las refinerías rusas en semanas, sostiene Sikorski. Polonia es el país que lleva años advirtiendo de la amenaza rusa. Junto con los Bálticos.

A partir de febrero de 2024, Alemania se dio cuenta de que Polonia llevaba razón. Desde entonces, Berlín ha revolucionado su inversión en defensa. En ese momento acabó la posguerra fría, ese momento en el que se confiaba en la disuasión que imponía EEUU y la contención de una Rusia socio comercial.

Capacidad para ataques de largo alcance

En esa línea, el Ministerio de Defensa alemán tiene previsto destinar cerca de 3.400 millones de euros a la compra de misiles de crucero Tomahawk y lanzadores Typhon de fabricación estadounidense, según un documento interno de planificación del Gobierno al que ha tenido acceso Politico.

Esta adquisición dotaría a Alemania de una capacidad propia de ataque de largo alcance desde tierra para disuadir a Rusia, al tiempo que podría integrar a la industria alemana en la cadena de suministro del Tomahawk. Las dos medidas impulsarían el esfuerzo de Berlín por lograr una mayor autonomía, aunque Washington mantendría el control sobre la tecnología sensible.

La cifra es la estimación actual del Ministerio sobre las necesidades financieras totales para la compra. Se espera que se incorpore a los preparativos del presupuesto alemán para 2027, que actualmente están elaborando el Ministerio y el Parlamento.

La suma cubriría la adquisición en su conjunto y aún podría variar antes de que se apruebe el presupuesto y de que la compra de misiles reciba la aprobación definitiva.

La adquisición de un misil de crucero con un alcance de 2.500 kilómetros cubriría una importante laguna en los esfuerzos de la Bundeswehr por disuadir a Rusia. Los Tomahawk, fabricados por Raytheon, le darían la capacidad de atacar bases de lanzamiento, centros logísticos y otros objetivos militares situados muy por detrás de las líneas enemigas desde lanzadores terrestres controlados por Alemania.

El Lockheed Martin Typhon, también conocido como Sistema Estratégico de Fuego de Medio Alcance, es un lanzador móvil del Ejército de los Estados Unidos capaz de disparar misiles Tomahawk. El documento de planificación alemán prevé actualmente el uso de este sistema para finales de la década.

Acuerdo previo de Biden y Scholz

En 2024, el entonces presidente de EEUU, Joe Biden, y el entonces canciller, Olaf Scholz, acordaron que las fuerzas estadounidenses comenzarían a desplegar armas de largo alcance en Alemania a partir de 2026, incluidos misiles Tomahawk bajo mando estadounidense. Ese plan fue descartado por Donald Trump.

El cambio se produjo en la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara en julio, cuando Trump y el canciller Friedrich Merz alcanzaron un acuerdo de principio para que Alemania adquiriera las armas.

El Gobierno alemán declaró posteriormente que Washington había accedido a autorizar la venta de misiles Tomahawk y de los correspondientes lanzadores terrestres Typhon. Merz convenció a Trump de que era mejor que sea la propia Bundeswehr la que posea y gestione este armamento, en lugar de depender de unidades estadounidenses.