Estamos preparados. Nosotros no tenemos ningún miedo". Los responsables de la policía y guardia fronteriza de Estonia saltan como un resorte cuando le preguntan por los supuestos planes de ataque convencional o híbrido del vecino ruso. Es la misma reacción que tienen los oficiales en la base de Tapa, o el responsable de Transformación de las Fuerzas Armadas. Estonia, un país de 45.227 km2, algo más pequeño que Aragón, comparte una frontera terrestre, acuática y lacustre con la agresiva Federación Rusa, de más de 17 millones de km2. Sus 1,3 millones de habitantes, orgullosos por su capacidad de innovación y su autonomía, asumen sin miedo su lugar en el mapa.

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Estonia ha convertido su vulnerabilidad en su fuerza. Al ser consciente de que está en el radio de acción del enemigo ruso, hay consenso sobre la necesidad de invertir en defensa, y sobre la ayuda a Ucrania. En 2026 ha superado el 5% del PIB en defensa, el 0,25% se dedica a ayuda a Kiev.

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Saben que Rusia tiene ambiciones imperialistas desde que invadió Georgia en 2008, incluso antes. En 2007, Estonia sufrió un ciberataque masivo, que afectó a páginas webs del parlamento, bancos, empresas... Y siguiendo la estela de Ucrania este minúsculo país báltico, que formó parte de la Unión Soviética desde 1940 hasta 1991, cuando recuperó su independencia, también apuesta por la innovación a todos los niveles, también en la defensa. Ahora son sede del Centro de Excelencia de Ciberdefensa Cooperativa de la OTAN.

Narva, entre la política ficción y la realidad

En la sede de la policía y guardia de fronteras de Estonia explican orgullosos cómo han transformado la frontera, en gran parte pantanosa, en un límite más adecuado para la vigilancia. Toda la línea de control abarca 338,6 km, la tercera parte es terrestre. Los cambios empezaron en 2022 y ya los han concluido.

De todos los puntos calientes en la frontera con Rusia el más destacado es Narva. Es la tercera ciudad del país, después de Tallin y Tartu. La localidad se emplaza en la orilla izquierda del río Narva. Los soviéticos la repoblaron con ciudadanos de distintas repúblicas y de ahí que tenga una mayoría de población rusófona.

"Estonia está muy presente en Narva. No es una ciudad de habla estonia, pero es una ciudad estonia. Son leales a Estonia", afirma Karin Maandi, directora general del Departamento de la OTAN y Relaciones Transatlánticas del Ministerio de Asuntos Exteriores, en un encuentro con un reducido grupo de periodistas organizado por Enterprise Estonia.

En gran parte de los relatos de ficción política y en las prospectivas de los think tanks Narva es la localidad donde empieza un ataque convencional de Rusia en un país de la OTAN. "La ciudad despierta entre explosiones a primera hora de la mañana. Dos brigadas invaden Narva desde el norte y el este. Los atacantes, cubiertos con pasamontañas, vencen rápidamente a las tropas fronterizas estonias. Los soldados rusos tampoco encuentran demasiada resistencia en la propia localidad, y no tardan en acabar con la poca que les sale al paso. Cuentan con el apoyo de parte de la población civil, a la que llevan unos meses suministrando armas y ametralladoras... Los rusos la conquistan en cuestión de horas". Así arranca Carlo Masala su obra Si Rusia ganara. Un mal día para la OTAN de marzo de 2028. Es política ficción.

Esta semana el Institute for the Study of War (ISW) publicaba un informe sobre cómo sería una incursión limitada de Rusia en Estonia y lo titulaba El escenario Narva. "Una invasión rusa a gran escala de un Estado miembro de la OTAN es extremadamente improbable mientras Rusia siga plenamente comprometida con la guerra contra Ucrania. Pero una invasión a gran escala no es la única opción de Putin para intensificar el conflicto de forma convencional contra un Estado de la OTAN. Podría llevar a cabo operaciones terrestres limitadas, utilizando drones de profundidad táctica y operativa contra uno o más Estados de la OTAN, no con el fin de conquistarlos o apoderarse de su territorio, sino con el objetivo de romper la alianza, impidiendo que esta active y cumpla adecuadamente sus compromisos en virtud del artículo 5", señala el texto del ISW. Y añade que plantea el escenario de Narva como hipotético: "No se trata de una evaluación ni de una previsión de que el Kremlin vaya a llevar a cabo una operación de este tipo".

Vigilancia con calma

Pero la hipótesis ha generado inquietud en los medios occidentales. Al contrario, en el Ministerio estonio de Exteriores están tranquilos. "Contamos con servicios competentes que han demostrado su eficacia en numerosas ocasiones, incluso en el período previo a la guerra a gran escala de Rusia contra Ucrania, y podemos afirmar que la evaluación de amenazas de Estonia no ha cambiado. Las fuerzas rusas siguen muy ocupadas en la guerra contra Ucrania, y la información disponible no nos da motivos para creer que Moscú se esté preparando para abrir un nuevo frente importante contra la OTAN", explica a El Independiente la diplomática Karin Maandi.

Aclara que Estonia no subestima "la amenaza estratégica a largo plazo de Rusia ni los recientes ataques híbridos en Europa: Rusia sigue siendo la amenaza más grave y duradera para la seguridad europea, pero debemos mantener la calma, la vigilancia y estar preparados".

Los responsables de la policía y la guardia fronteriza son contundentes. "Somos totalmente conscientes de quién es nuestro vecino y sabemos las amenazas a las que nos exponemos. Nuestro objetivo es resolver los problemas que nos plantea sin escalar", aseguran.

Incluso están vigilantes de cómo Rusia trata de trasladar sus mensajes en la Wikipedia. La guerra de desinformación es uno de sus dominios favoritos. Vigilan las posibles incursiones de contrabandistas, delincuentes, pero también sus sistemas de radiofrecuencia son cada vez más sofisticados porque el agresor perfecciona sus métodos de guerra híbrida.

Una frontera coordinada

Para hacerles frente, las compañías de defensa proponen que el flanco oriental se proteja de una forma coordinada. En Milrem Robotics, una empresa puntera en innovación tecnológica aplicada a la defensa, han planteado la semana pasada a unos 20 países cómo proteger toda la frontera con sistemas de vigilancia, detección, y ataque de última generación. "Si no se protege el flanco oriental, los rusos se plantan en el corazón de Europa", nos dicen en esta firma, cuya sede ha sido objeto en agosto de un ataque. Finalmente, no afectó a su producción, ni a las entregas. Acaban de ser extraditados los tres ciudadanos letones implicados.

Recientemente, Rusia ha establecido un toque de queda en la zona rusa colindante con Narva, lo que ha creado inquietud. Desde Estonia dan por hecho que pronto habrá una movilización, ya que las fuerzas rusas están sufriendo muchísimas bajas en el frente. Y hay temor a que haya fugas. "Un país democrático no tiene que cerrar sus fronteras. Lo hacen los que temen que su población se vaya", comenta un alto cargo de la policía de fronteras.

Además, del control fronterizo en Narva, está previsto que se abra una base militar en la localidad en junio de 2028. Costará unos 20 millones de euros y será financiada por la UE. Albergará una compañía, unos 200 soldados, aunque tendrá capacidad de un millar.

La base de Tapa, ejemplo de coordinación con la OTAN

Los estonios confían en sus propias fuerzas en caso de ataque de Rusia, pero también cuentan en su propio territorio con efectivos de los aliados. La base de Tapa, a 80 km al sureste de Tallin, es la mayor del país.

Las Fuerzas de Defensa estonias aprovecharon en los 90 las instalaciones que habían creado los soviéticos. Ahora conviven allí fuerzas aliadas, como británicos y franceses que forman parte de la denominada Presencia Avanzada Reforzada (EFP), con la División Estonia, al mando del coronel Janno Märk. La EFP es una fuerza de defensa y disuasión.

"Nuestra misión es contener las actividades kinéticas de Rusia. Hay indicios de que Rusia va a organizar una nueva movilización, y eso puede cambiar la situación de seguridad. Su principal foco sigue siendo Ucrania, pero no descartaría que en un año probarán si el artículo 5 sigue vigente", nos dicen fuentes militares de la base.

"Durante el próximo año continuarán los ataques híbridos y las operaciones kinéticas en Europa", añaden. "Los estonios estamos preparados pero no estamos solos. Aquí es evidente".

La defensa, en el ADN

La defensa del país también implica a la población. "Vivimos con ello pero estuve en Lituania hace poco y ahí me parece que se aprecia mucho más la amenaza porque hay indicativos en las calles sobre los refugios, por ejemplo", apunta Elisa, una joven estonia, que nos explica que el servicio militar dura 11 meses y es voluntario para las mujeres.

"Contamos con un ejército de reserva, que se creó antes de la ocupación soviética, un servicio militar obligatorio que se mantuvo durante toda la ocupación y que continuó tras recuperar la independencia. Más de 200.000 hombres y mujeres de nuestra población han cumplido el servicio militar obligatorio y figuran en el registro de la reserva. Además, tenemos la Liga de Defensa, de carácter voluntario, que cubre todo el país con unidades incluso en las localidades más pequeñas, así como con una organización de mujeres y organizaciones juveniles", apunta la diplomática Maandi.

Cita como ejemplo de cómo la sociedad se integra en la defensa del país el simulacro que de junio pasado llamado LYNX 2026, el mayor simulacro nacional de crisis y defensa civil que se ha llevado a cabo en Estonia. "La defensa de Estonia es un esfuerzo de toda la sociedad que ya forma parte de nuestro ADN", concluye la diplomática. "La amenaza rusa no es algo nuevo para nosotros: en España tienen vecinos en el Sur, nosotros en el Este, con los que hemos de coexistir. Somos pragmáticos y nos preparamos para lo peor, mientras esperamos lo mejor".