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Guía de primeros auxilios en verano: cómo actuar ante los incidentes más comunes

El verano trae más horas de sol, más planes al aire libre y más tiempo en la playa, en la piscina o en la montaña. También aumenta la exposición a incidentes muy típicos de esta época, golpes de calor, quemaduras solares, picaduras, deshidratación, cortes, esguinces y accidentes acuáticos.

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Saber reaccionar en los primeros minutos puede marcar la diferencia entre un susto y una urgencia mayor. Esta guía reúne los incidentes más habituales del verano y explica, de forma clara y práctica, qué hacer mientras llega ayuda profesional si hace falta.

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Golpe de calor

El golpe de calor es una de las urgencias más serias del verano. Suele aparecer cuando la temperatura corporal sube demasiado y el organismo ya no consigue regularse, especialmente tras una exposición prolongada al sol, ejercicio intenso o permanencia en lugares muy calurosos y mal ventilados.

Si una persona está mareada, confundida, muy roja, con piel caliente, pulso acelerado o incluso se desmaya, hay que actuar rápido. Lo primero es llamar al 112, trasladarla a la sombra o a un espacio fresco, aflojarle la ropa y refrescarla con agua, paños húmedos o abanico; si está inconsciente o muy somnolienta, no se le debe dar de beber.

Quemaduras solares

La quemadura solar es muy frecuente en vacaciones, sobre todo en las primeras jornadas de playa o piscina. Puede provocar dolor, enrojecimiento, inflamación, picor y, en casos más graves, ampollas.

Ante una quemadura leve o moderada, lo recomendable es enfriar la piel con compresas de agua fresca o un baño templado-fresco, hidratarse bien con agua, aplicar loción hidratante o aloe vera y proteger la zona del sol. Si aparecen ampollas, no deben abrirse; si se rompen, hay que lavar suavemente la zona con agua y jabón suave, aplicar una pomada antibiótica y cubrirla con un apósito no adherente.

Deshidratación

La deshidratación aparece cuando el cuerpo pierde más líquido del que ingiere, algo bastante habitual con calor, sudoración intensa, diarrea, vómitos o actividad física bajo altas temperaturas. Sus señales más comunes son sed intensa, boca seca, debilidad, dolor de cabeza, mareo y orina escasa o muy oscura.

La primera medida es ofrecer agua en pequeños sorbos frecuentes. Si la persona está consciente y no vomita, también puede ayudar un suero oral; además, conviene llevarla a un lugar fresco y evitar el esfuerzo físico hasta que se recupere.

Picaduras y mordeduras

Las picaduras de mosquitos, avispas, abejas o medusas son otro clásico del verano. La reacción suele ser local; dolor, escozor, rojez o hinchazón, aunque en personas alérgicas puede convertirse en una urgencia.

En una picadura leve, lo adecuado es limpiar la zona, retirar anillos o pulseras si hay hinchazón, aplicar frío envuelto en un paño y vigilar la evolución. Si hay una aguja o espina de abeja visible, conviene retirarla con cuidado; si la reacción se extiende o hay dificultad para respirar, hay que llamar al 112 de inmediato.

Picadura de medusa

En el mar, lo importante es salir del agua sin frotar la zona y enjuagar con agua de mar, no con agua dulce, para evitar que se liberen más toxinas. Después puede aplicarse frío local y acudir a un puesto de socorro si el dolor es intenso o la reacción es amplia.

Cortes, rozaduras y pequeñas heridas

En verano son habituales los cortes con rocas, cristales, herramientas de camping o bordes de piscina. También aparecen rozaduras por calzado, arena, ropa húmeda o deporte.

Lo primero es lavar la herida con agua limpia, detener el sangrado con presión suave y cubrir con una gasa estéril o un apósito limpio. Si el corte es profundo, no deja de sangrar, se ve suciedad incrustada o afecta a la cara, manos o articulaciones, conviene valoración médica.

Esguinces y caídas

Las caídas y torceduras son frecuentes en senderismo, deportes de playa o excursiones. El esguince suele causar dolor, inflamación y dificultad para apoyar, mientras que una contusión puede dejar hematoma y sensibilidad local.

En las primeras horas ayuda aplicar reposo, elevación y frío envuelto en tela durante intervalos cortos. Si hay deformidad, dolor muy intenso, incapacidad para mover la zona o sospecha de fractura, no se debe forzar la articulación y hay que acudir a urgencias.

Ahogamiento o casi ahogamiento

En piscinas, playas y ríos, la prioridad es sacar a la persona del agua sin ponerse en riesgo. Una vez fuera, hay que comprobar si responde y respira; si no respira con normalidad, se debe llamar al 112 y comenzar maniobras básicas de reanimación si se sabe hacer.

Aunque parezca recuperada, una persona que ha tragado mucha agua, ha tosido de forma intensa o ha perdido el conocimiento necesita observación médica. En estos casos, el peligro puede no ser inmediato y conviene no restar importancia al episodio.

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