La periodista Maggie Haberman, coautora de Regime Change, explica cómo Donald Trump aprende el mundo a través de las imágenes. Y cómo traslada lo que piensa también así. No es el único. Ver cómo miles de personas accedieron sin problemas a Ceuta, frontera de España y de la UE, a finales de julio, impactó a los jefes de gobierno europeos en plena canícula. ¿De nuevo estamos ante una entrada masiva de inmigrantes en Europa como en 2015? Sería la peor de las pesadillas en pleno auge de la ultraderecha. Así se explica que antes que razonar cómo había sido posible y quién había propiciado esa invasión echaran la culpa al Gobierno de Pedro Sánchez, que meses antes había aprobado una regularización de personas migrantes sin consultar a sus socios. 

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¿Tenía algo que ver la entrada masiva en Ceuta con la regularización? No. Imposible beneficiarse de ella. Pero la UE lo considera un "factor de empuje". Incluso cuando la mayor parte de los países que la critican han aplicado regularizaciones: somos un continente envejecido que necesita la inmigración. El Gobierno de Sánchez sí aludió a la reciente sentencia del Supremo sobre la imposibilidad de devolver a los que lleguen por mar, cuando no haya barreras. Un mensaje atizado por fuentes interesadas en la desestabilización, bien mafias, bien Estados a los que beneficia debilitar al Gobierno español, a través de las redes sociales.

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La operación en Ceuta desveló que España no está preparada para defender a Ceuta y Melilla ante la llegada masiva de inmigrantes, y que sus socios de la Unión Europea tampoco pasan un test mínimo de solidaridad colectiva. Es cierto que no ayuda el hecho de que el Gobierno de Sánchez, en lugar de plantarse ante Rabat por no haber vigilado la frontera, mantiene una actitud condescendiente. Así confía en que colaboren en las devoluciones. Marruecos ha comprobado que la inmigración es un arma de desestabilización masiva

Marruecos, Mundial y pobreza

También se ha puesto en evidencia que Marruecos, a pesar del intento de lavado de imagen con campañas como ser cosede del próximo Mundial de fútbol, hay miles de jóvenes sin futuro. Muchos carecen de oportunidades laborales o de educación. El PIB de Marruecos era de 4.153 dólares en 2024, mientras que el de Ceuta casi llegaba a los 27.000 dólares. Entre enero y abril de 2026, pasaron a Ceuta 2.582 personas. De ellas, un millar pidieron asilo. 

"Hay mucha gente desesperada por buscar una vida mejor. Y llama la atención la discrepancia con el discurso oficial. En el discurso del Trono, justo el mismo día, Mohamed VI hablaba de estabilidad, seguridad y consolidación del desarrollo económico. Contrasta con la gente desesperada por cruzar la frontera. Hay una disonancia evidente",  apunta Irene Fernández Molina, profesora en la Universidad de Exeter y miembro del consejo académico del Centro de Estudios Árabes Contemporáneos. 

Meloni y Frederiksen contra Sánchez

Lo que se vio en Ceuta fue el mayor episodio migratorio registrado nunca en esa frontera. Según las últimas cifras, entraron unas 80.000 personas en poco más de dos días. Regresaron la mayoría, aunque aún queda un número difícil de determinar pero no inferior a 5.000, entre ellos menores y subsaharianos, que no pueden devolverse de un día para otro como presumen los ministros de Sánchez.

Las imágenes apelaban a las emociones: el miedo a una invasión de inmigrantes musulmanes en territorio europeo. Eso es lo que hizo reaccionar como un resorte a Giorgia Meloni, primera ministra de Italia y líder de Hermanos de Italia. 

Meloni abanderó un movimiento de reprimenda contra el Gobierno de Pedro Sánchez en la UE. Al principio, logró que otros 21 países la secundaran, pero cuando insistió y mantuvo la suspensión de Schengen se quedó solo con la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen.

Frederiksen y Meloni son un dúo singular, en las antípodas ideológicas, pero unidas por su dureza con la inmigración irregular. Meloni no ha logrado aplicar políticas efectivas en su país, y por eso necesita demostrar que actúa de muro de contención en Europa. En Dinamarca, por efecto de la política de puertas abiertas de 2015, los socialdemócratas practican una política migratoria que no difiere de la agenda más conservadora. 

Los ecos del 'wir schaffen das' de Merkel

Para entender cómo hemos llegado hasta aquí hay que remontarse a agosto de 2015. Angela Merkel, entonces canciller, tenía sobre la mesa la mayor oleada de solicitantes de asilo que había visto Europa desde la Segunda Guerra Mundial: sirios, afganos, iraquíes, huyendo de guerras que Occidente no había sabido o querido frenar. Merkel podía cerrar las fronteras, pero no lo hizo. La abrió. Sin consultar a los socios de la UE. El propio Hollande reconoció que se había quedado sorprendido al enterarse."Wir schaffen das", dijo el 31 de agosto. Lo conseguiremos. Entre 2015 y 2016, Alemania acogió a 1,2 millones de personas, en un país que hasta entonces recibía cifras anuales de 40.000 o 50.000 solicitantes.

La decisión alivió de golpe a Grecia, a Hungría, a la ruta de los Balcanes entera. Pero sublevó a los nórdicos, sobre todo a Dinamarca, donde recibieron en el momento más álgido unos 20.000.

También partió Alemania en dos. Hubo quienes elogiaron la medida y se solidarizaron con los recién llegados. Pero también creció el temor, sobre todo tras los ataques en Colonia en Nochevieja, a que se había creado un problema de seguridad. Y ahí vio un filón Alternativa para Alemania, un partido fundado apenas dos años antes como proyecto euroescéptico marginal. Cambió su agenda y se localizó en la seguridad y en la inmigración.

Una década después, AfD es la principal fuerza de oposición en el Bundestag.Y no solo eso partidos como AfD están marcando la agenda de formaciones conservadoras clásicas. El mejor ejemplo es cómo se ha concebido el Pacto de Migración y Asilo, y sobre todo el Reglamento del Retorno.

La crisis de Ceuta ha estallado apenas semanas después de que entrara en vigor, el 12 de junio, la reforma migratoria más ambiciosa de la Unión en una década, aprobada en 2024 tras dos años de periodo transitorio. Combina refuerzo del control exterior, un mecanismo de solidaridad entre Estados y nuevas normas de retorno y "terceros países seguros" (como Marruecos).

La UE destinó más de 5.000 millones de euros en ayuda exterior a países como Marruecos para abordar las "causas fundamentales de la migración", pero esa ayuda no frenó la migración. Como muestran Kelsey Norman y Nicholas R. Micinski en Aiding Autocrats, la ayuda europea en materia de migración ha reforzado el poder de los líderes autoritarios y conlleva el riesgo de una mayor represión. Externalizar la migración, y trasladar a los que demandan asilo a terceros países, en realidad choca con obstáculos legales y es caro.

En la práctica, la aplicación avanza a ritmos distintos según el país. Y el clima político que rodea su puesta en marcha, cada vez más inclinado hacia el control y menos hacia la solidaridad, ha terminado marcando su versión final. Ceuta ha llegado, literalmente, a poner a prueba el Pacto antes de que este cumpliera dos meses de vida.

La presión del auge de la ultraderecha

En el caso de Ceuta, lo que empezó siendo una crisis migratoria se acabó convirtiendo en una crisis política en la Unión Europea. Al principio, Meloni sumó el apoyo de otros 21 países. Muchos están en pleno proceso electoral, como Alemania donde la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD) aspira a gobernar su primer Land, Sajonia-Anhalt, tras las elecciones del 6 de septiembre. Por ello, el canciller Merz ha anunciado la devolución de los que entraran en Alemania desde Italia, lo que ha irritado a Meloni. Alemania mantiene controles fronterizos con varios países vecinos, entre ellos Polonia. Puro electoralismo. 

Entre Italia y España el choque aún no se ha resuelto. España impuso controles a los italianos para contestar la medida aplicada previamente por Meloni. Tras inclinarse hacia el centro, y mantener una posición firme con Donald Trump, ahora Meloni se cree forzada a derivar hacia la derecha más extrema.

En 2027 se celebran elecciones legislativas en Italia y la irrupción del general Vannacci ha alterado los planes de la primera ministra. Vannacci, a la cabeza de Futuro Nacional, ha montado su campaña sobre la seguridad. Es partidario de la remigración, es decir, la devolución incluso de los que ya viven en Italia. Considera que hay que reducir al 4% la tasa de inmigrantes. Meloni ha de mostrarse contundente para no perder apoyos. Si se mantiene como hasta ahora en los sondeos, Futuro Nacional será necesario para que Meloni siga gobernando. 

Italia tiene sus propios problemas

Arremeter contra Sánchez y su regularización le sale muy rentable electoralmente. A pesar de que ni un solo inmigrante ha cruzado a la Península, o que los datos confirman que Italia recibe más migración irregular en volumen absoluto que España por su ruta principal. Y devuelve a menos de los que llegan.

Según Frontex, entre enero y julio de 2026 las entradas irregulares a la Unión cayeron un 37% respecto al año anterior, hasta unas 61.000. Pero el reparto por rutas desmonta parte del relato italiano: el Mediterráneo central —Libia y Túnez hacia Italia— registró 16.454 detecciones en ese periodo, más que las 11.217 del Mediterráneo occidental, la ruta española del Estrecho, que fue la única gran vía que aumentó, un 37% más que en 2025. Pero los datos se ven en informes y lo que llega al votante son imágenes como las de una Ceuta colapsada por las entradas. Es una frontera de la UE que queda a expensas de la voluntad de Marruecos. 

"Desde el punto de vista español, las autoridades marroquíes han tenido papel en la causa y en el remedio. Sería el caso del bombero pirómano. El Gobierno español ha apostado por defender la cooperación con Marruecos sin la más mínima crítica. Se mueve en una posición equilibrista. El control fronterizo depende ellos y sin ello estamos en graves apuros", explica Irene Fernández Molina.

El mayor peso del Sur

El factor geográfico condiciona el debate. Como apunta en su blog el catedrático Javier de Lucas, "Italia, España y Grecia están relegados a una función de policía y contención –los guardias de la porra–: los tres han de ocuparse de que los refugiados no lleguen a desplazarse desde ese bajo vientre europeo hacia el norte". Y cita a Martin Lemberg-Pedersen, investigador de la Universidad de Alborg, que apunta que "Dinamarca, al igual que Austria, Bélgica, Países Bajos, pero también Alemania y Francia (y no solo los países del Este), esto es, quienes mandan en la UE, no tratan de solucionar el problema; se limitan a empujarlo hacia el sur". 

Ceuta y Melilla son la única frontera terrestre de la Unión Europea con África. No están en la zona Schengen, pero tampoco está allí Frontex. Por no soliviantar al reino alauí. Marruecos es así un socio imprescindible y, cada pocos años, en actor capaz de convertir esa frontera en instrumento de presión diplomática.

La dependencia de Marruecos

El patrón de mayo de 2021, cuando se relajaron los controles por prestar asistencia sanitaria en España al líder del Frente Polisario, se ha repetido casi calcado en julio de 2026. Esta vez ha coincidido con el acercamiento a Argelia, rival regional de Rabat, y a la tramitación en el Congreso de una ley que facilitaría la nacionalidad española a los saharauis nacidos bajo administración española.

Sánchez calificó la entrada masiva de "ataque" a la integridad territorial. Pero su Gobierno ha mantenido, incluso en pleno pico de la crisis, la apuesta por Marruecos como "socio estratégico" y "confiable". Es la misma continuidad que sus críticos, el PP, Vox, y ahora también voces desde fuera de España, señalan como el problema de fondo: una dependencia estructural que deja a Madrid negociando siempre en desventaja frente a Rabat.

El Gobierno de España no se atrevió a acusar a Marruecos de ataque híbrido, como sí hizo Polonia con Bielorrusia en 2021. Así logró solidaridad de sus socios europeos. Tampoco a la UE le interesa ese relato: Marruecos es considerado territorio seguro. Ese 15 de agosto Marruecos ha escenificado cómo es capaz de controlar la frontera, con un gran despliegue. No nos extrañe que pronto demande algo a cambio.

Empezábamos con la imagen de la entrada masiva de finales de julio en Ceuta. Ahora Marruecos ha ofrecido otra fotografía: el despliegue en la frontera para impedir las salidas. España, sin embargo, aún no sabe cómo atender a los miles que aún deambulan por Ceuta. Con gran presencia de niños.