Giorgia Meloni abandera el movimiento contra las políticas migratorias de Pedro Sánchez en la Unión Europea. La crisis de Ceuta, con unas imágenes que han atemorizado a muchos líderes europeos, ha servido a la primera ministra de Italia para demostrar que nadie es tan firme como ella a la hora de poner freno a la inmigración ilegal. Italia vota en 2027 y Meloni se ve amenazada por el flanco derecho: el general Vannacci está ganando apoyos con un discurso que aboga por la remigración, es decir, devolver a la mayoría de los migrantes a sus países de origen. La bronca entre Meloni y Sánchez parece difícil de solucionar, por la divergencia de planteamientos sobre migración y por el calendario electoral en los dos países.

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Pocas horas después de la llegada de miles de personas a Ceuta en los últimos días de julio, la primera ministra de Italia culpó al Gobierno de España de la falta de seguridad en la frontera sur de la UE. Y logró que otros 21 países llamaran la atención a Sánchez. Nadie fue tan lejos como Italia, que impuso controles migratorios a los españoles que lleguen por vía aérea o marítima. Es decir, hasta el 15 de agosto se suspendía la aplicación del Acuerdo de Schengen.

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En Madrid, primero convocaron al embajador italiano. Después Pedro Sánchez acusó a los 22 países que le reprendían por falta de previsión de falta de solidaridad. En el caso de Italia, llama especialmente la atención cuando es un país que ha visto en Lampedusa la realidad de la migración en tierra propia.

Es cierto que el Gobierno de España prefirió no pedir explicaciones a Rabat por la llegada de 72.000 personas a Ceuta. Tampoco la UE miró al vecino del sur. Se conformaron con el argumento de que las mafias habían movido información interesada en promover ese movimiento migratorio a través de redes sociales. El objetivo inmediato era que Marruecos colaborara en los regresos. Cuando había vuelto la mayoría, en la reunión de ministros del Interior, el español Fernando Grande-Marlaska, explicó que nadie había pasado a la Península. Y que ya habían vuelto unos 70.000.

Pero Italia mantuvo los controles a los españoles, una medida vigente en principio hasta el 15 de agosto. El viernes, el Gobierno de España anunció que iba a aplicar los mismos controles a los italianos que vayan a España. Es decir, los que están pagando la bronca diplomática son los ciudadanos españoles e italianos. Y son más los italianos que viajan a España: en 2024 fueron 5,4 millones, frente a los 3,2 millones de turistas españoles en tierras transalpinas. A Sánchez le favorece tener enfrente a Meloni. También por motivos electoralistas.

Condena a la regularización en España

El mensaje que quiere trasladar el Gobierno italiano tiene que ver con su rechazo a la regularización de inmigrantes realizada por Pedro Sánchez. Meloni y Sánchez chocan por su política migratoria radicalmente: la jefa del Gobierno de Italia considera un peligro la regularización de España por considerar que tiene un efecto llamada. Pero en sus tres años de gobierno se ha regularizado a más de 400.000 personas. La política de acuerdos con terceros países para externalizar a los migrantes cuenta con el visto bueno de la Comisión Europea, que es muy crítica con el modelo español.

Lo ha dejado claro el ministro italiano de Exteriores, Antonio Tajani, quien ha señalado que lo sucedido en Ceuta "ha sido un caso de prueba y una lección". Añade que "las decisiones unilaterales de algunos países" no pueden repercutir en los países socios. La regularización de inmigrantes solo afecta al territorio español: no les da derechos en los países de la Unión Europea. Pero sobre migraciones son las imágenes y las emociones las que priman sobre la información veraz.

Según ha dicho Tajani a Radio Rai: "No se pueden subestimar los riesgos del terrorismo y de la inmigración ilegal. Por eso, hasta el 15 de agosto, Italia no podrá modificar su decisión sobre la suspensión del acuerdo de Schengen para los aviones y barcos procedentes de España. Más adelante, cuando la situación haya vuelto a la normalidad, estaremos dispuestos a restablecer la situación anterior". A la vez, han criticado la contramedida del Gobierno de Madrid.

Un error de Meloni y un error de Sánchez

En el Palacio Chigi, ha irritado mucho el artículo del editorialista Ferruccio de Bortoli en el Corriere della Sera. Para De Bortoli, se trata de "un error político". Según el editorialista, "ha acentuado, más allá de la inusual alianza con Dinamarca, el aislamiento político del Gobierno de Meloni en la Unión Europea". Subraya cómo Meloni dio luz verde "a la instrumentalización de las normas europeas con fines internos (contra la competencia soberanista de la derecha) precisamente en el momento en que habría sido necesario un mayor grado de solidaridad entre los Veintisiete".

Apela al Gobierno a que corrija su error. "Es amargo constatar que los dirigentes europeos actuales no tienen el valor de defender la libre circulación de personas (además de la de mercancías, capitales y servicios) porque están aterrorizados por personajes como Vannacci, Abascal y Weidel. Por lo tanto, sería un gesto de gran sensatez que nuestro Gobierno recordara la importancia de ese espíritu —si es que aún lo comparte— y volviera de inmediato al marco de las normas de Schengen, relanzando la colaboración frente a las amenazas reales a nuestra soberanía. No sería ceder ante un chantaje fuera de lugar, sino la demostración de una valiente comprensión de la gravedad de lo que ha ocurrido".

El tsunami Vannacci

Meloni, que comenzó su vida política en el movimiento posfascista, ha sorprendido hasta ahora por su voluntad de erigirse en una líder conservadora clásica, alejada de las estridencias de la extrema derecha alemana, por ejemplo. Incluso marcó distancias con Donald Trump. Sin embargo, en febrero pasado el general Roberto Vannacci, que había sido un aliado de Matteo Salvini, se desmarcó y anunció la creación de Futuro Nacional. Ya ha sobrepasado en expectativa de voto a la Liga de Salvini y podría superar a Fuerza Italia. Si no hay sorpresas, para seguir gobernando Meloni se vería forzada a integrar en el bloque conservador a Vannacci.

Durante la campaña electoral que la llevó al poder en 2022, Meloni prometió adoptar medidas drásticas contra la inmigración ilegal y establecer un bloqueo naval frente a las costas italianas. Nunca lo hizo. El Gobierno de Meloni sí abrió centros de internamiento en Albania para alojar a los migrantes mientras se tramitan sus solicitudes de asilo. La campaña de Vannacci se articula sobre la seguridad. Promueve la remigracion, un plan para animar a los migrantes a volver a sus países de origen. Quiere que la tasa de inmigrantes se reduzca del 12% al 4%.

"El cierre del espacio Schengen por parte de Italia me parece una medida desproporcionada y precipitada", afirma el italiano Matteo Re, profesor en la Universidad Rey Juan Carlos. "Tengo la impresión de que responde más a una lógica política y electoral que a una necesidad inmediata de seguridad. Giorgia Meloni parece querer reforzar su imagen de firmeza frente a la inmigración en un momento en el que percibe una creciente competencia por su derecha. En ese contexto, el endurecimiento del discurso y de las medidas migratorias podría interpretarse como un intento de recuperar parte del electorado atraído por las posiciones más radicales defendidas por Roberto Vannacci y de contener la fuga de votos hacia ese espacio político".

Alemania deja en evidencia a Meloni

El problema para Meloni es que Italia es el país que recibe más inmigrantes ilegales por vía marítima, según Frontex, el organismo europeo que trata de impedir las entradas.Según las últimas estimaciones verificadas de Frontex en 2026, la ruta migratoria central del mar Mediterráneo, la que corresponde a Italia suma ya más de 16.000 personas. Por el oeste y la vía atlántica, unos 15.000 en total. Es lo que correspondería a España. No se ve el efecto llamada.

Y peor aún, igual que Meloni se pone firme con Sánchez, hay quien aplica la misma vara de medir con la primera ministra italiana. Alemania va a empezar a devolver a Roma a los migrantes que estén en Alemania y que entraran en Europa a través de las fronteras italianas. El Gobierno alemán se basa en el nuevo pacto migratorio europeo, que entró en vigor el pasado 12 de junio y endureció considerablemente la acogida de migrantes en la Unión Europea, pero que aún no se aplica en su totalidad.

Resulta que en Alemania también está en ascenso la ultraderecha. En Sajonia-Anhalt, Alternativa para Alemania (AfD) será el partido más votado con más del 40%, y aspira a conseguir su primer gobierno en un Land. El canciller alemán, Friedrich Merz, en la cuerda floja por la tensión con los socialdemócratas y por la falta de crecimiento, no puede permitirse ninguna concesión en política migratoria. Es lo que pasa cuando cada gobierno mira solo a corto plazo y no muestra respeto a los valores comunitarios.