Zapatero, socialismo de ardillita y sonrisa de gusiluz, iba montado en lo del talante igual que en una carroza de calabaza mientras resucitaba el guerracivilismo y vivificaba a los nacionalismos de la pela y a los nacionalismos de la sangre. Era un falso manso, con garra de pata de conejo, cuyo verdadero negocio fue la guerra entre españoles, la polarización antes de que la llamáramos polarización, la política que dejaba de ser política para empezar a ser relato de cordel, simbolismo de glorieta, espuma de la posmodernidad líquida. Zapatero fue el bautista que preparó el camino de felpa, fango y fuego a Sánchez, pero luego ha seguido siendo mentor, apoyo, justificación y autoridad para el presidente de la máscara de la muerte, para lo que hacía con Cataluña o para lo que hacía con Venezuela. Ahora, la Audiencia Nacional investiga al expresidente de pelusa por blanqueo de capitales, falsedad documental, tráfico de influencias y organización criminal. Alfonso Guerra lo llamaba Bambi, aunque él dice que no fue invento suyo, y Raúl del Pozo escribió que “a Bambi no le gustan los miércoles”, cuando tenía que aparcar el socialismo y la literatura en el Congreso, como una Vespa, por la crisis. Veremos hasta dónde llega la investigación, pero ya podemos decir que a Bambi le gusta el dinero y que pega más dentro del Peugeot que dentro de una calabaza.

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A Bambi, con canciones de columpio y ojos de cascada con afluente en el infinito, resulta que le gusta el dinero, y el auto del juez Calama, bien armado, deja sólidos indicios sobre su origen, su trasiego y su escamoteo. No sabemos si todos esos meneos terminarán en delito pero de momento son poco literarios y poco florales para toda la literatura floral con la que iba Zapatero por ahí, como un poetastro del mayeo. La verdad es que era imposible ir de demócrata ni de pacifista ni de faquir con Puigdemont, con Maduro ni con Xi Jinping, con sus políticas, sus negocios y sus oscuridades, así que antes del ilícito penal le podíamos achacar ya a Zapatero el gran pecado de la hipocresía, que con cara de mimo mustio, de payasete fundente, de luna con cara, es mucho más, es recochineo. Eso sí, cuando a Zapatero le adjudicamos las ganas de dinero más que las ganas de democracia o paz se entiende todo mucho mejor. Es como cuando a Koldo le adjudicamos las ganas de chistorra, a Ábalos las ganas de chumino, a Cerdán las ganas de Semana de Oro o a Sánchez las ganas de poder. Cuando el dinero, el poder o el sexo lo explican todo, suele ser que el dinero, el poder o el sexo son la explicación. Además de lo más lógico, es lo más humano y lo más español, y Zapatero ha resultado ser más humano y español que etéreo y tibetano.

Zapatero ha sido por fin admitido en su propia Venezuela española, ésa en la que el PSOE asegura que los jueces 'no pararán'

Zapatero no es ya un padrecito ni un san Cristobalón socialista, ni siquiera es sólo un sospechoso o un descarriado. La reacción del PSOE (o sea de Sánchez) ante la investigación judicial a Zapatero demuestra que ha sido aceptado en el sanchismo-begoñismo: ya le están echando el capote membranoso del partido, de la prensa del Movimiento, de los ministros con garrota, del lawfare, de la conspiración casi submarina de los fachas de pasamanería, tricornio, toga o escafandra (son tantos que sólo puede ser que estén todos en el ajo, por tierra, mar y aire, o que realmente haya motivos). Ni siquiera han esperado a que Zapatero declare este 2 de junio con sus zapatos de payaso, con su cuenco tibetano o con las mangas de ángel que le hacen sus chaquetas grandes, que ya le aportan la falsa inocencia del descuido, de la falsa modestia. No han esperado a sus santas, ingenuas o pobres explicaciones, que por cierto ya las oímos en la comisión del Senado y quizá por eso ya saben que son poco esperanzadoras. No, han sacado de primeras el trompeteo trumpista (la reacción del sanchismo ha sido puramente trumpista) y esto es lo que me parece a mí toda una declaración de amor del sanchismo corrupto o sospechoso, casi como las declaraciones de amor de Ábalos.

Zapatero ya encaja tanto en el croquis de la corrupción sanchista como en el relato de la conspiración sanchista, o sea que por fin es puramente sanchista (la inocencia del sospechoso sanchista es tal que no la explican los hechos, sino sólo el complot mefistofélico). Zapatero ha sido por fin admitido en su propia Venezuela española, ésa en la que el PSOE asegura que los jueces “no pararán”, en la que Rebeca Torró, la sucesora de Cerdán, deja esta consigna para la defensa, según desvelaba Esther Palomera: “No soportan ni perdonan que hayamos dotado de derechos este país. No atacan a nuestros presidentes y sus familias, sino al PSOE. Nos atacan a todos”. Claro que uno sigue el croquis de servilleta de Zapatero por sus empresas, sus actividades, sus pagadores, como el croquis de Begoña, como el de los del Peugeot, y que eso se investigue no parece loco ni golpista sino evidente. Aquí han entrullado a superministros y superricos y hasta se ha sentado en un banquillo una infanta desanillada como una paloma. Lo sospechoso no es que un juez investigue los excesos del poder, sino que el ataque a la democracia coincida con tanto negocio a la sombra de la democracia. A veces, simplemente, la verdad suena a verdad.

Zapatero va a llegar a declarar ante el juez, por toda la ristra chistorrera de delitos chistorreros (siempre son los mismos), sin haberse quitado las alas de alambre de la paz y la lágrima de mantequilla de la democracia. Yo no voy a intentar adivinar si se ha vuelto corrupto, ambicioso o vengativo, o es que el que ya era capaz de hacer negocio a la vez con la paz y con el odio simplemente encontró fuentes más sencillas y confiables. Lo que sí parece es que la cosa pinta mal, por lo que dice el auto y por las investigaciones periodísticas que conocemos. Es el primer presidente imputado y lo que ocurre es que no ha sido imputado solo y en el aire, en el globo de perrito en el que parecía viajar él. Ha sido imputado dentro de un mapa bastante terrenal y poblado, el mapa de corrupción que no sólo rodea sino que explica a Sánchez (sin ir más lejos, esos aviones de Plus Ultra que se salvaron como almas harapientas llegan ya al propio Consejo de ministros). Eso es lo que pasa, que la corrupción, no el complot, es lo que lo explica todo. Y cada vez lo explica mejor. Bambi ya está en su Venezuela española y ya está en el Peugeot sanchista. Ya sólo queda, para hacer de último san Cristóbal de salpicadero, de última princesa de calabaza, de última pieza o de último reo, el mismo Sánchez.