El dinero deslumbra. La cifra de negocio del entramado de Julio Martínez Martínez (JMM) sorprende por su volumen. Una parte importante de ese caudal ha recalado en las cuentas del ex presidente Rodríguez Zapatero y de la empresa de sus hijas, What The Fav: algo más de 2,5 millones en cinco años.

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Sin embargo, una de las cosas que más llamó la atención de los agentes de la UDEF cuando registraron el domicilio de JMM el 11 de diciembre de 2025 –al margen de los 286.000 euros en metálico que encontraron escondidos en los lugares más inverosímiles– fue una agenda con anotaciones manuscritas en la que había algo más que pistas sobre el origen y destino del dinero.

Según reseña uno de los informes de la UDEF, en esa agenda se reflejan "asuntos de Estado del más alto nivel, ajenos por completo al marco normal de una actividad mercantil". Por ejemplo: se hace referencia a la repatriación del líder opositor Edmundo González (al que España terminó dando estatuto de asilado político); a dos agentes del CNI (probablemente los detenidos por Venezuela en 2024); a presos políticos (como Enrique Márquez o Adrián González González), e incluso a una reforma constitucional de Venezuela y a la amnistía para los presos políticos.

Para la UDEF es evidente que JMM jugaba el papel de "representante operativo, actuando en reuniones del más alto nivel, como lo que parece ser un asistente directivo de una tercera persona que ostenta la verdadera capacidad de influencia política". Esa persona, evidentemente, es Rodríguez Zapatero, quien abiertamente ha pretendido jugar un papel como mediador en Venezuela, presumiendo de sus relaciones con Nicolás Maduro y de su amistad con la vicepresidenta (ahora presidenta en funciones) Delcy Rodríguez.

La primera cuestión que surge al hilo de esa interesante agenda (en la que además había apuntes más pueriles como la venta de oro o de petróleo) es saber si el CNI estaba al tanto de todas esas "negociaciones al más alto nivel". Si, efectivamente, JMM intervino en la negociación para liberar a dos agentes del servicio de inteligencia, o en la salida del país del dirigente opositor Edmundo González, la dirección del CNI tendría que estar al tanto de quién era y qué papel jugaba el empresario de Elda que solía correr junto al ex presidente del Gobierno en una zona vedada del Monte de El Pardo.

El PSOE no controla la defensa de Julio Martínez. Muchas incógnitas –como lo que sabía el CNI– se acabarán despejando. Márquez de Prado ha puesto de los nervios a Ferraz y a Moncloa

La primera hipótesis es que el CNI no supiera nada de JMM. Fuentes próximas al Centro se apuntan a esa tesis, al afirmar, a preguntas de El Independiente, que el empresario amigo de Zapatero "nunca ha estado bajo el radar del CNI". Personalmente, descarto esa posibilidad por absurda. El servicio de inteligencia español es lo suficientemente profesional como para haber "tenido bajo su radar" desde hace meses al empresario amigo de Zapatero que viajaba con frecuencia a Venezuela y que participó como mediador en el rescate de la aerolínea Plus Ultra. En caso del que el CNI no supiera nada de JMM habría que destituir a algún responsable del Centro por ineptitud.

La segunda de las hipótesis es que agentes del CNI supieran quién es y qué hacía JMM y que, consecuentemente, hubieran remitido un informe a la directora del Centro, Esperanza Casteleiro (nombrada en mayo de 2022 en sustitución de Paz Esteban). En ese caso, dicha información habría llegado a la ministra de Defensa, Margarita Robles, de la que depende el servicio de inteligencia.

En ese caso, también caben dos hipótesis: que Robles hubiera informado al presidente del Gobierno de que un empresario estaba llevando a cabo "reuniones al más alto nivel" con representantes del gobierno de Venezuela (entre ellos Delcy Rodríguez); o que la ministra de Defensa se hubiese guardado esa información sin transmitírsela a Pedro Sánchez. Conociendo la lealtad de Robles, esta segunda opción me parece descartable.

Julio Martínez en el Senado el pasado mes de abril. | Carlos Luján / Europa Press

Es decir, que lo más probable es que el presidente del Gobierno supiera desde hace meses quién era el tal JMM y en nombre de quién actuaba (Zapatero). La cuestión es por qué el presidente no se distanció de él y, de forma incomprensible, recurrió a su figura como si fuera un talismán electoral para el PSOE. De hecho, sus intervenciones en las elecciones andaluzas se produjeron cuando ya la UDEF tenía suficientes indicios como para pedir su imputación al juez Calama.

Quedan muchos cabos sueltos en la investigación policial de la trama en la que la UDEF sitúa al ex presidente del Gobierno. La relación de JMM con el CNI es una de ellas. Estamos al comienzo de esta historia. Quedan muchos capítulos por conocer. Afortunadamente para la justicia y, en fin, para los ciudadanos que confían en que se acabará sabiendo la verdad, JMM ha optado por una defensa profesional y no por un abogado teledirigido por el PSOE. María Dolores Márquez de Prado actuará en primer lugar como defensora de los intereses de su cliente. No para encubrir a nadie.

Dije en estas páginas hace tres semanas que JMM podía acabar siendo el Aldama de Zapatero. Me reafirmo en ello, ahora con más motivo. El nerviosismo en Ferraz y en Moncloa es entendible. Ahora JMM (Julito) es una persona que no controlan.

Este Gobierno, este régimen, caerá porque la verdad terminará sabiéndose. Le venga bien o no al PP, partido con el que Márquez de Prado no tiene precisamente una buena relación.