El próximo nacimiento de La Séptima, una cadena que basará su principal atractivo en una programación de todo tertulias, reabre el debate sobre la viabilidad de este modelo en España. Históricamente, nuestro panorama audiovisual se ha convertido en un auténtico "cementerio de canales" de televisión que fracasaron en el intento. Proyectos como Canal 7, Localia, Veo7 de Unidad Editorial, Libertad Digital TV, la 10 de Vocento o la más reciente 7NN demostraron que mantener un canal de debate político y opinión sin grandes conglomerados o derechos deportivos es una tarea prácticamente imposible que a menudo conduce a la quiebra.
En este ecosistema, las tertulias con una marcada línea editorial suelen recurrir a la figura del "tertuliano guinda", colaboradores que representan la cuota minoritaria o discrepante en el plató. Estos profesionales suelen encontrarse en una posición sumamente incómoda, enfrentando una visible desigualdad frente a la cuota mayoritaria. Mientras a los tertulianos afines se les tolera casi cualquier declaración, los "guinda" son frecuentemente cortados por el presentador bajo la acusación de difundir bulos, lo que ha provocado recurrentes salidas voluntarias de profesionales.
El último y más dramático episodio lo ha protagonizado Marta Gómez Montero, quien abandonó en directo el programa de Jesús Cintora en Radio Televisión Española tras afirmar sentirse profundamente humillada por su jefe. Este caso se suma a una larga lista de tensos desencuentros de colaboradores en espacios conducidos por Cintora, como Isabel San Sebastián, Víctor Arribas, Carmen Tomás, Arcadi Espada o Ernesto Ekaizer, quienes también decidieron marcharse o no regresar debido al trato recibido o a la actitud del presentador.
A pesar de la inevitable polémica en redes sociales, la reacción posterior de los implicados ha marcado una diferencia. Tanto el presentador Jesús Cintora como el presidente de RTVE, José Pablo López, emitieron rápidos comunicados de disculpa pública y privada hacia la periodista. Esta respuesta ha sido calificada de estrategia inteligente, distanciándose de la soberbia mostrada históricamente en otros grupos mediáticos ante situaciones similares y demostrando cierta astucia para mitigar el impacto reputacional del canal.
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