"¡Me da vergüenza tu programa, esta gente son gentuza!", era el 17 de marzo de 1997 cuando la televisión pública valenciana emitía el momento en que, con esas palabras, Chabeli Iglesias se levantaba de su asiento y abandonaba el plató en plena emisión en un numerito memorable en el que todos salían ganando. Jesús Mariñas y Karmele Marchante lograban que su fama se multiplicara, la cadena lograba que un producto previsto con carácter extraordinario para rellenar media hora una noche acabara siendo un formato que haría historia cubriendo horas y horas de programación, y Chabeli, que se embolsilló siete millones de las antiguas pesetas por soportar a aquellos encantadores cotillas impertinentes. Su espantada se hubiera devaluado mucho si esta hubiera vuelto a la semana siguiente al mismo plató a disculparse alegando que su marcha se debió a "un impulso", cosa que, afortunadamente para ella, la hija de Preysler no hizo, y no volvió a verse las caras en directo ni con Mariñas ni con Karmele.

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La de Chabeli fue la primera 'gran espantada'. Antes se había producido la de Víctor Rubio en La Máquina de la Verdad, pero la de entonces se produjo demasiado pronto como para que la televisión entendiera el rédito que podía tener una fuga de plató. Con Tómbola se vio la verdadera magnitud de aquello. Desde entonces, la espantada de plató ha sido una constante que no puede faltar en cualquier show que se precie. Son incontables los abandonos que hizo el padre Apeles en Moros y Cristianos. En el caso de La Noria sería complicado encontrar tertulianos que no hicieran 'huidas', porque, desde Jaime Peñafiel a Pilar Rahola, desde Isabel Durán a María Antonia Iglesias, todos tuvieron algún momento de "me levanto y me voy", siempre, claro está, jaleado por un público que aplaudía a rabiar ante estos momentos (existe la teoría de que ese público era una tribu nómada que iba migrando de plató en plató para corear grescas desde los tiempos de Crónicas Marcianas a los de El Chiringuito).

Ese modus operandi hace un tiempo que también se ha instalado en las tertulias políticas y, en ellas, el principal motivo de espantada de tertulianos es el mosqueo con el moderador. En una tertulia en directo la tensión está a flor de piel; es inevitable cuando la labor se ejercita ante los ojos de millones de telespectadores. Eso facilita que unos y otros se puedan sentir maltratados por el conductor de cara a su público si consideran que no se les da la palabra o se les corta cuando van a decir algo que ellos juzgan trascendental.

El año 2018 fue prolijo en abandonos de espacios de tertulias con reproches a los conductores. El 31 de mayo de 2018, Antonio Pérez Henares se iba mosqueado de Radio Nacional de España después de que el moderador, Miguel Ángel Domínguez, no le permitiera interpelar a la entrevistada socialista de ese día y le afeara que actuara con demasiada vehemencia. La actitud de RNE ante el fugado Pérez Henares en el siguiente programa de la radio pública, calificándole de "rata", no resultó demasiado sutil. Cumplió su palabra y no volvió.

Representativa fue aquella edición de La Sexta Noche del 23 de junio de 2018 en la que Eduardo Inda protestó al moderador de aquel espacio por no darle el turno de palabra cuando consideraba que le correspondía e Iñaki López, visiblemente molesto, le gruñó: "Pues tienes toda la libertad del mundo para largarte". Ante lo cual, Inda respondió con un "¿Quieres que me vaya? ¡Pues me voy!". Y se fue. Lo cual no impidió que la semana siguiente Inda volviera a su asiento junto a su bancada en aquel espacio, aunque ninguno de los dos justificó el tema diciendo que lo de la semana anterior había sido "un impulso".

Otra similar se dio el 2 de octubre de 2018 en Telemadrid, precisamente en la etapa en la que José Pablo López dirigía la cadena pública madrileña. Antonio Martín Beaumont consideraba que se le daba poco la palabra y, cuando al fin llegó su turno y le pidieron que opinara sobre Franco, el tipo quiso hablar de la tesis doctoral de Pedro Sánchez, lo que causó que la moderadora y el resto de tertulianos bramaran en su contra, ante lo cual el hombre se rebotó, cogió sus papeles y se marchó: "Si no puedo estar aquí, me voy". Y ya no volvió.

El pasado 10 de marzo de 2026 era Sarah Pérez Santaolalla la que, con el cabestrillo en el brazo, abandonaba el plató de Mediaset por considerar que el moderador, Nacho Abad, no debería haber permitido que el pepero Antonio Naranjo osara cuestionar sus discutidas heridas. "¡Lo que estás haciendo ahora es un ejercicio de cobardía y de complicidad!", le soltó Santaolalla a Abad. Antes de marcharse, Santaolalla aún tuvo tiempo de girar la cabeza hacia el regidor y gritar: "¡Y que me deje de enfocar la puñetera cámara!". Tras lo cual se retiró del plató (si hubiera usado otro adjetivo, el golpe de show hubiera sido aún mayor). Santaolalla no volvió con Nacho Abad, fue respaldada abrumadoramente por TVE, pero sí volvió a Mediaset, aunque en otros espacios con otros moderadores.

Chapu Apaolaza se marchó en mitad de la tertulia de Mañaneros de Javier Ruiz el 4 de junio de 2025, tras un cruce con Marta Nebot del que gran parte del público ni se enteró por producirse mientras hablaba el tertuliano Antón Losada, que fue el gran ignorado. "¡En un plató donde me insultan de esta manera lo tengo que abandonar. Discúlpame, Javier. Y no es la primera vez que me insultáis!", dijo mientras se retiraba, situación a la que Ruiz respondió con unas palabras un tanto cursilonas: "¡Por favor, este es el templo de la palabra y el respeto!". Eso sí, la cámara se puso a grabar la marcha de Apaolaza del estudio, lo que pareció disgustar a Ruiz, que exclamó: "¡Venid conmigo, por favor! ¡Cámara, aquí, por favor!". Tanto Santaolalla como Ruiz estaban, pues, igual de pendientes de las cámaras, aunque Ruiz se dirigiera a ella con un poco más de respeto que su compañera.

La espantada más dramática

Malas lenguas Noche ya vivió la fuga del irritado Ernesto Ekaizer el 25 de abril, quejándose de que no se le daba la palabra, que el propio Ekaizer subsanó cuatro días después con unas disculpas públicas. Aquel episodio quedó pequeño con lo que vino después.

Marta Gómez Montero, en el programa de Jesús Cintora el pasado sábado 11 de julio de 2026, superó todo lo visto hasta la fecha en cuanto a tragedia-show. Porque ella no se limitó a levantarse e irse. Inició su marcha con un alegato contra el moderador que entrará en la historia de estos formatos: "No me vas a volver a humillar, me siento absolutamente humillada". Gómez Montero quiso dejar claro que no era solo cosa de un día, sino que llevaba sintiéndose mal desde hacía tiempo y que solo había aguantado ahí por el vil metal: "He aguantado mucho tiempo, he aguantado por pagar las facturas, he aguantado por mis hijos". Vamos, ni Karmele Marchante en sus espantadas del plató de Sálvame, entre lágrimas, había sido tan gráfica al circunscribir como principal motivo para participar en un espacio televisivo lo monetario. Solo Sonia Monroy, con su rabieta contra Jorge Javier de "¡Cómo os atrevéis a tratarme así con la mierda que me pagáis!" (mayo de 2009), lo igualaba. Y, en el caso de Gómez Montero, para ser, supuestamente, un calentón espontáneo, la veterana periodista bien que tenía hasta una cita de libro en la cabeza, de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez, y, al más puro estilo García-Margallo, ahí que la soltó en su memorable rapapolvo para terminar entre sollozos con su "¡Prefiero comer mierda!".

Puede que semejante speech no mereciera los siete millones de pesetas del "gentuza" de Chabeli Iglesias, pero le valió el aplauso masivo de toda la división diestra del tuiterío de las redes sociales. No queda claro cuántos de los que publicaron mensajes de apoyo hacia la periodista sabían de su existencia hasta minutos antes de que se viralizara su discurso, pero esa siempre ha sido la magia de la televisión, unida a un linchamiento contra Cintora, vapuleado por aquellos posteadores como si fuera el personaje de Javier Bardem en No es país para viejos. Eso sí, a la vez Marta Gómez Montero tenía enfrente a toda la división siniestra de la misma comunidad internauta, denunciando que era todo un teatro y que se había inventado una agresión inexistente. El propio Cintora aseguró, antes de acabar el mismo programa, que no había hecho más que sus gestos de reparto de tiempos como moderador, lo cual, de cara a los de su tribu, secundaba la teoría del teatrillo, mientras que, en cambio, la tribu diestra se relamía ante lo que parecía una gran herramienta para su lucha contra TVE: una "víctima" de la TVE socialista. Una mujer con lágrimas en los ojos asegurando sentirse humillada por un moderador hombre socialista era bastante más útil que Apaolaza marchándose de Mañaneros asegurando sentirse insultado, pero siendo hombre y sin echar lágrima alguna. Y, para acreditarlo, ahí estuvo el fiel Antonio Naranjo para pedir solidaridad con Marta Gómez Montero y anunciar su fichaje para su programa de Telemadrid.

Luego llegaron las extrañas disculpas del domingo de José Pablo López y Jesús Cintora en sendos tuits el domingo. Extrañas, en el sentido de que no quedó claro de qué se disculpaban. ¿Reconocían entonces que había habido humillación? El lunes por la mañana, José Pablo López comparecía en el Congreso para elogiar las virtudes humanas de Marta Gómez Montero y, finalmente, el mismo lunes por la tarde, Gómez Montero pasó a reaparecer para darse la mano con Jesús Cintora. Cintora no se disculpó ante ella de nada ni reconoció error alguno; por sus palabras parecía que los tuits del domingo no existieran. En aquel cara a cara, Cintora no hizo nada malo, sino que, simplemente, aquel sábado había actuado como moderador haciendo un gesto normal para cortar interrupciones. Y Gómez Montero no solo no replicó nada de lo dicho por Cintora, sino que casi fue ella la que se disculpó justificando que todo fue "un impulso".

Recapitulando, que todo aquello de que "llevaba días sintiéndose humillada", de que solo iba al programa por dinero y de que había llegado a la conclusión de que "prefería comer mierda" a estar en ese programa fue solo eso: uno de esos impulsos que podemos tener cualquiera si tenemos el día tonto.

A nivel estratégico era un triunfo para TVE, que dejaba a la derecha sin su valiosa 'víctima', pero, a nivel laboral, quedaban muchas dudas en este extraño episodio sin resolver. Si TVE considera que su moderador humilló a una tertuliana, ¿cómo sigue contando con él y no lo releva? Y, si, por el contrario, TVE considera que su moderador hizo su trabajo correctamente, que no hubo agresión ni humillación y que, por tanto, fue la tertuliana la que montó el pollo sin motivación alguna, ¿cómo sigue contando con semejante teatrera, que además insultó a todo un espacio asegurando que solo iba por la pasta y que prefería comer mierda a seguir ahí, y que además fomentó un linchamiento en redes contra Cintora?

De cara a los comentaristas ha quedado como falsa para los de un bando y como comprada para los del otro. Afortunadamente para Marta Gómez Montero, el mundo es algo más que los comentaristas

Es difícil aventurar el futuro de Marta Gómez Montero en un campo tan líquido como el del tertulianismo. Algunos pensarán que ha mejorado su situación, ganando más tertulias, como la de Telemadrid, y reforzando y mejorando su posición en las de TVE. Pero, a nivel de seguidores, al menos en redes, los del sector de la siniestra siguen pensando que su speech del sábado 11 fue teatro, corroborado por su retorno, mientras que los del bando de la diestra, que se solidarizaron con ella de manera tan entusiasmada durante 48 horas, han pasado a considerarla una vendida sin autoestima.

Y es que no es fácil respetar a alguien que no da muestras de respetarse a sí misma. ¿En serio le puede parecer razonable a Marta Gómez Montero, con 38 años en la profesión a sus espaldas, que, después del discursazo dramático que se marcó el sábado, pueda resolverlo todo un lunes con un "hay días que tienes un impulso"? ¿Le parece una forma sensata para su trayectoria —en una profesión en la que los hechos y la transparencia son sagrados— que la forma de responder a todas las peticiones de explicaciones despertadas por una denuncia pública, expuesta en la forma que ella, y solo ella, eligió hacer, se cierre con un gesto propio de un personaje de teatro que se encoge de hombros de manera picarona y suelta un "uy, cosas que pasan, ahora sigamos haciendo periodismo"? No cabe duda de que ha marcado un hito en la historia del tertulianismo en España, y uno no demasiado gratificante.

De cara a los comentaristas de X ha quedado como falsa para los de un bando y como comprada para los del otro. Afortunadamente para Marta Gómez Montero, el mundo es algo más que los comentaristas en redes sociales; de no ser así, más que una cita de El coronel no tiene quien le escriba, se le podría adjudicar aquella frase que puso Corneille en boca de uno de sus personajes en Cinna: "Hasta el aire se hará irrespirable a quien viva por todos despreciado".