Los ministros siguen pasando por la comisión del Congreso como ante el féretro pequeñito y de pueblo de la ministra Margarita Robles (cuando compareció ella, también convirtió la cosa en velatorio de lágrimas de perilla, pero eso lo leerán ustedes mañana, en mi Zapping). Margarita Robles es la aguafiestas de agosto y ha roto esa inercia veraniega de Sánchez de salud, pereza, despreocupación y optimismo. Los ministros oficialistas, que son algo así como compañeros de playa de Sánchez, como si fueran Tito y el Piraña, no pueden consentir eso y van al Congreso con ánimo vengador o ejecutor, a clavarle la estaca de madera al cuerpecito de madera de Robles. Y no sólo Félix Bolaños, ministro de palanganero, ni Ángel Víctor Torres, mando único y algo ridículo, como una reina de la vendimia nombrada por el cacique, sino hasta Mónica García (está casi tan rendida ya como Yolanda al influjo marino o marinero de Sánchez, todavía con atractivo de capitán de crucero o de hamaquero guapo a pesar de su putrefacción un poco marina o marinera también). Margarita Robles pareció la única capaz de sentir empatía, pudor y responsabilidad en un Gobierno que ya no siente nada de eso, que se hundiría si empezara a sentir eso. Como en una venganza de cortijo, había que desheredarla o apuñalarla, o una cosa detrás de la otra, en cualquier orden.
Bolaños, ministro de entierro, enterró aún más a Robles en su robledal de pueblo. “No había información previa ni precisa sobre la crisis de Ceuta”, nos dijo con inevitabilidad de enterrador. Claro que eso significaría que hay que cesar a medio CNI, por incompetente o perezoso, y desde luego a la propia Margarita Robles, que no sólo consiente que nuestro servicio de inteligencia se pegue unas vacaciones de nivel presidencial, con las piernas quitadas como unas katiuskas en agosto y la cabeza enterrada en algas y salsas, sino que miente en una comisión del Congreso para taparlo. Taparlo cómo y para qué, se pregunta uno también, sabiendo ella que una mentira perjudicial para Sánchez (que no es lo mismo que una mentira conveniente) sería rebatida inmediata e implacablemente. Sí, casi igual de inmediata e implacablemente que una verdad perjudicial para Sánchez. No sólo cuesta entender la negligencia del CNI ante un movimiento que se veía en las redes y sobre el terreno, sino que cuesta aún más entender las razones de Robles para mentir. En cambio, se entienden perfectamente las razones de Sánchez para todo, para seguir nadando, para tapar la verdad y para querer matar a la mensajera, ministra o “pájara” que le ha aguado su agosto de parque acuático.
Bolaños, ministro de entierro y clarinete, de enterrar mientras toca el clarinete (el sanchismo exige habilidades curiosas y extremas), también nos aseguró, aunque parezca mentira, como todo lo de Sánchez, que “no hay evidencias de que Marruecos haya estado detrás” de lo de Ceuta. Yo diría que nos lo dijo como por la nariz, que no hay otra manera de hablar sin dejar de tocar el clarinete monclovita o la gaita marroquí, que es lo que sonaba de fondo, continuamente, como el oleaje perpetuo que escucha el presidente Sánchez. Quizá Marruecos no estaba detrás sino delante, claro, que ya sería un matiz que convencería a Marlaska, como la diferencia ente informe y aviso, y más todavía a Patxi López, que enseguida diría que pueden ser las dos cosas a la vez, mientras se rasca la oreja igual que la boina. La verdad es que nuestra policía ya denunció la pasividad de los agentes marroquíes aquel día, y que cuando Marruecos se lo propuso no pasó nadie, y que se han identificado a agentes de la inteligencia marroquí entre los que entraron, y que ya sabemos que es imposible que un pájaro vuele en Marruecos sin que lo permita el Régimen. Eso, más nuestros propios ojos, más el sentido común, más la historia, más los sahumerios religiosos o regios reclamando la soberanía de Ceuta y Melilla, más los hackers, más Pegasus, más la extrañeza de que el propio Sánchez y su banda de enterradores y flautistas sean aplicados, competentes y sinceros, o sea gobernantes de verdad.
Los ministros oficialistas, que son algo así como compañeros de playa de Sánchez, no pueden consentir eso y van al Congreso con ánimo vengador o ejecutor
A Margarita Robles le iban echando como puñaditos de tierra en sus ojos, manitas y regazo de castañera. Bolaños lo hacía por esto del CNI, o sea por decir mentiras / verdades que perjudican a Sánchez, y los demás por haber puesto esa cara de palo, de cucaña seca, en mitad del maravilloso agosto en la Mareta y en Ceuta. Ángel Víctor Torres, que también compareció, parece que lee siempre el mismo texto, o sea su texto de reina de la vendimia de la Moncloa en la ofrenda floral, eso de “una actuación en una primera fase acertada” y luego esa teoría del caos controlado e inevitable mientras la legalidad, igual que Sánchez, se va desplegando, desperezando y buscando los zapatos y el despertador. A continuación, Mónica García también dejó su estribillo, eso de que “no hay crisis sanitaria” aunque lo digan los sanitarios. Tampoco hay posibilidad de epidemia aunque se envíen vacunas como para tomar el Nilo. No ha habido, en fin, más que diligencia, presteza y humanidad por aquellas calles y playas tomadas igual que empalizadas. Lo de Robles no sólo ha sido una mentira sobre el CNI, sino una especie de ricino sobre esta benignidad o esta fortuna.
A Margarita Robles, que pidió disculpas y casi dejó rodar, o eso imaginó uno, lágrimas secas y madreras como madejas (mañana hablaré más de su velorio en mi Zapping), van asesinándola o mancillándola shakesperianamente, en una cola de ministros como romanos de Sánchez. Pero no se trata de rebatir, acallar, olvidar o enterrar a Margarita Robles, sino a los ceutíes, que siguen viviendo y sufriendo allí, en sus calles y casas, no desde el palquito de fallera, la cabalgata de la vendimia o el saloncito de música. Podría parecer que ha sido toda esta incompetencia, toda esta flojera, toda esta desfachatez, toda esta mentira, lo que está soliviantando y radicalizando a los ceutíes. Pero no. Menos mal que ha ido Aznar a Ceuta, anacrónico y alegórico como un señor de El Greco, como un duelista pendenciero que va a sembrar el odio y la discordia y a recoger monedas entre la sangre y los dados. Menos mal que está ahí Aznar, en territorio comanche pero también en el entierro simbólico de Robles, porque así entendemos todo, o sea el movimiento de la derecha y la derechona que está detrás. Sí, hasta ahora no se entendía nada, ni la mentira de Robles, ni la verdad de Sánchez, ni el cabreo de los ceutíes ni la risotada de Marruecos.
Te puede interesar