Es conveniente empezar por explicar un concepto nada intuitivo de la renta fija, la relación inversa entre rendimiento (tipo de interés) y precio: a mayor rendimiento menor precio y viceversa. Supongamos una obligación a 10 años ya emitida, es decir, que se negocia en un mercado secundario. Los datos fijos son el importe y fecha de pago de los cupones y el importe (normalmente el valor nominal) y fecha de la amortización. Como en todo mercado se negocian precios y estos determinan un rendimiento. Si el precio baja los inversores están exigiendo un rendimiento mayor. Como los cupones y la amortización son fijos, lo que se ajusta es el precio. Lo que ocurre en el mercado secundario afecta a las nuevas emisiones ya que el emisor deberá modificar las condiciones de los nuevos bonos y obligaciones para adaptarse a lo que sucede en el mercado.

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Para un mismo emisor los rendimientos o tipos varían según el plazo. Los diferentes tipos determinan la curva tipo-plazo y lo normal es que tenga una pendiente positiva: a mayor plazo mayor tipo. En lo que llevamos de año vemos un empeoramiento de las condiciones en los principales mercados de deuda pública, como vemos en el siguiente cuadro sobre rendimientos de los bonos a 10 años en los principales mercados:

Bono soberano a 10 años31-12-202521-8-2026Variación 2026
EE. UU.4,15%4,74%+59 pb
Alemania2,86%3,26%+40 pb
Francia3,56%4,13%+57 pb
España3,29%3,72%+43 pb
Japón2,08%2,88%+80 pb

(pb-punto básico- es la centésima de un punto porcentual)

El mercado de Japón

Aunque hay grados, todos los mercados muestran una mala evolución y Japón ha sido el peor. Si lo vemos en porcentaje, el tipo ha subido más del 38%. Pero su bono a 30 años ha tenido el peor comportamiento de su historia y en el caso del de EEUU el peor de los últimos 20 años. Como es lógico, la situación del mercado de bonos se trasladó al mercado de divisas y el Tesoro americano intervino a finales de julio comprando yenes y vendiendo euros. Parece que lo que temían los americanos era que los japoneses se vieran obligados a intervenir en su divisa comprándola, para lo que hubiesen necesitado vender sus bonos del tesoro americano, del que son el principal tenedor internacional.

El secretario del Tesoro americano se ha mostrado muy activo en los mercados secundarios y no solo en el argentino o el japonés, sino también en el suyo propio. A mediados de agosto anunció un programa de compras en el mercado secundario de sus bonos a largo plazo, financiándolo con emisiones a corto plazo. El objetivo puede ser doble. El primero es hacer subir el precio con lo cual el rendimiento baja, lo que le puede ayudar en futuras emisiones. El segundo es que como la curva de tipos americana tiene una pendiente positiva, al aumentar la financiación a los plazos más cortos está rebajando el coste de financiación, que es uno de los objetivos del presidente Trump. Ahora bien, esta operación es muy poco ortodoxa, ya que una norma de prudencia elemental es evitar financiar a corto plazo lo que es una necesidad permanente y EEUU con un déficit público del 6% del PIB y un endeudamiento del 130% no se puede permitir esos experimentos.

La Fed y Trump

Parece que el presidente Trump y su secretario del Tesoro no están encontrando la ayuda de la Reserva Federal (Fed) en su objetivo de bajar el coste financiero. El recién nombrado presidente, Kevin Warsh, parece que está más comprometido con cumplir el objetivo de su institución, que es controlar la inflación, que con satisfacer a quien lo nombró. Dice mucho de la calidad de algunas instituciones americanas.

Desde la pandemia observamos un aumento constante del gasto público que se financia en parte con deuda pública pensando que los mercados lo aguantan todo. En Japón, con un endeudamiento del 200% del PIB, un anuncio de su gobierno de una política fiscal más expansiva hizo tambalear el yen y su mercado de deuda. Francia es el farolillo rojo de Europa. El aumento de los tipos de interés hace subir una de las partidas más importantes de los presupuestos de cualquier estado, los gastos financieros. El riesgo es entrar en un círculo vicioso: tipo altos – déficits mayores - tipos aún más altos. Y que no piensen los políticos con su habitual cortoplacismo que este problema le tocará al siguiente. Una crisis de deuda aparece de la noche a la mañana.

En estos días se celebra la reunión de gobernadores de bancos centrales en Jackson Hole. Habrá que estar muy pendiente de sus conclusiones.