Félix Bolaños parecía un vendedor de sartenes que se había colado en la apertura del curso judicial. Las condecoraciones de la Justicia, esos cadenones como de colegiata y esas medallas como reliquias templarias, le quedan a él igual que pucheros colgando, latas de conserva o abrebotellas de mesonero. Toda la democracia le queda al sanchismo, la verdad, como un carretón de buhonero, como un cajón de perista. Bolaños parecía un vendedor de sartenes, o un hombre orquesta forrado de platillos y armónicas, o el tuno de Sánchez, casi cualquier cosa menos ministro de Justicia. No puede ser ministro de Justicia el ministro del lawfare, ni aunque se ponga capita ni aunque se cuelgue del cuello una pieza de hierro y liturgia como el candado de la tumba de un santo. Allí estaba Bolaños, al lado del rey Felipe, y era como un bufón al lado de su monarca, con sus cascabeles y sonajeros, haciendo burla de la Justicia mediante la profanación de sus símbolos. Le leyó bien la cartilla al tuno Bolaños la presidenta del CGPJ, Isabel Perelló, que parecía que le dedicaba todo su discurso. Si las acusaciones de lawfare y las descalificaciones a jueces "proceden de quienes ejercen responsabilidades institucionales, la gravedad es mayor", decía con autoridad y resoles de caballero con armadura. Bolaños, bajo toda su bisutería o todo su menaje, miraba las lámparas, como los visitantes incómodos.
Bolaños miraba las molduras del salón, o se miraba las colgaduras, aparatosas y como tribales, o se miraba el babero de los niños con babero, mientras Perelló le iba haciendo la autopsia, ya que iban todos un poco vestidos de doctores de Rembrandt. Bolaños había sacado toda la plata, pero tenía que olvidarse de todos los discursos y de todo el sentido de aquello. De la Justicia, y de su propio ministerio de Justicia, sólo podían quedar candelabros, él mismo haciendo de candelabro, o de carrito de los postres, bajito y tintineante. Yo creo que el sanchismo funciona así hace mucho, como mera democracia ornamental, como perifollo democrático, con mucha ceremonia con banderas, tapices, cofias, dignidades y minués, mientras por debajo, o luego, cuando uno se quita la capita, el protocolo, los collarones, todo ese ajuar de los carguitos, como el ajuar de una dolorosa o de Zapatero; cuando se lo quita todo y nadie mira ya, a lo que se dedica es a negar todo lo democrático. Me acabo de acordar del delegado del Gobierno en Ceuta, que por lo visto no presta atención a los avisos del CNI si no vienen en un sobre lacrado, y no sé si encima de un cojincito, como un zapatito de cristal, y no lo trae un mensajero en corcel. Entre buscar el lacre y el corcel, claro, hemos olvidado el sentido que tenía el aviso, igual que Bolaños ha olvidado el sentido que tiene el Poder Judicial y Sánchez el sentido que tiene toda la democracia.
Isabel Perelló leía su discurso o daba la lección, y hablaba de la importancia de la independencia judicial cuando seguramente no hay nada que deteste más Sánchez que la independencia
Ya sólo quedan las formas vacías o la democracia vacía, o sea, un ministro de Justicia que se viste de cura de la justicia, pero no tiene problema en negar los fundamentos de la justicia; que se entorcha o enjaeza de justicia pero luego llama lawfare a las investigaciones de un juez instructor simplemente porque afectan a su jefe o a su partido. Claro que Bolaños apenas es eso, el tuno o el alguacilillo, pero el que está en guerra con la Justicia, o con todo el Estado de Derecho, es Sánchez. Isabel Perelló leía su discurso o daba la lección, y hablaba de la importancia de la independencia judicial cuando seguramente no hay nada que deteste más Sánchez que la independencia. De la Fiscalía a la Guardia Civil, todo debe depender de él, o, más concretamente, trabajar para él. Y a lo que aún no depende de él, siempre le puede mandar a la fontanera con sus guantes de goma y mierda, o al que esté para lo mismo. Eso sí, parece que todo lo que depende de Sánchez, desde las altas instituciones del Estado al propio PSOE, no hace más que producir imputados o condenados.
Bolaños asistió a la apertura del curso judicial y podría haber asistido igual a un partido de críquet, con la misma compostura y el mismo desapego. Claro que Bolaños sólo es otro tuno de Sánchez, al que, desde luego, no le faltan los tunos. Tenemos un sanchismo que niega la jurisdicción de los jueces, el imperio de la ley, la separación de poderes y la propia separación entre Estado y partido (en este caso, entre el Estado y la Moncloa, porque el PSOE es sólo el jardincillo de rosas y petunias de Sánchez)… O sea, que niega la misma democracia. Eso sí, aún asiste a sus ceremonias, aún pasea la lata o el perol institucionales, aún se cuelga la medallita o el collar, aunque luego los vaya a vender o a robar.
Te puede interesar