El dirigente del Partido Popular Borja Sémper había declarado que, en cuanto los suyos lleguen al poder, se acabará la crispación en el lenguaje político por su parte. Eso dio lugar a que Julia Otero, desde su programa de Onda Cero, hiciera este fin de semana un editorial burlándose de que los populares no vayan a volver a ser educados hasta que ellos estén al mando y preguntándose irónicamente si no podían recuperar las buenas formas un poco antes, incluyendo, además, una referencia despectiva a "la inteligencia de Tellado".

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Lo llamativo es que Miguel Tellado respondió desde su cuenta de X descalificando a Otero y acusándola de no respetar a aquellos que piensan de manera diferente a ella. Vaya por delante que los políticos tienen derecho a contestar a cualquier comentarista que les ponga a caldo. Resultan ridículos aquellos comentaristas que se esconden bajo el clásico "puño de hierro y mandíbula de cristal", diciendo de todo menos bonito a los políticos, pero sollozando cuando el político les ataca a ellos y diciendo que eso atenta contra la libertad de expresión.

Lo que hace destacable que Tellado decida descalificar a Otero es la importancia que da a un programa de radio de fin de semana y la evidencia de que tiene suficiente tiempo libre, a pesar de ser la persona con mayor poder orgánico en el Partido Popular después de Núñez Feijóo. Se supone, por tanto, que sus comentarios no responden a los de un particular, sino a los de alguien que tiene la representación de todo un partido político —la ejecutiva que encabeza, todos sus cuadros, sus militantes y hasta sus votantes— y que decide ponerse a debatir no con "un igual", es decir, un portavoz de otra fuerza política que represente a militantes, votantes y directivos, como Rebeca Torró, sino con una veterana de la radio como Otero. Cuando Donald Trump dedica sus minutos en X a tuitear contra presentadores de late night como Jimmy Kimmel o periodistas de la CNN, The New York Times o ABC, es inevitable pensar: ¿tanta importancia les da el hombre más poderoso del mundo a estos comentaristas? Parece innecesario, por el hecho de que Trump tiene suficientes periodistas que puedan replicar en su nombre sin tener que "rebajarse" —por usar el lenguaje político— a polemizar con particulares.

Lo mismo puede decirse del PP de Tellado, que tiene tertulianos peperos en todos los programas de opinión. De distintos rebaños, es cierto. Están los sutiles, que serpentean un poco y repiten los argumentarios de Génova 13 como quien no quiere la cosa, simulando que no les importa, cuyo hábitat natural es Atresmedia. Están los mamporreros, que se sientan con guantes de boxeo para dejar claro que todo defecto que encuentres en su PP ellos lo encuentran multiplicado por dos en la izquierda; esta clase es la más recurrente en Mediaset. Y luego están los más tristones, que son los tertulianos peperos de TVE, que acuden como ganado desganado a las mesas de la pública, exponen como pueden los argumentarios del partido, causando inmediatamente cuatro ladridos de Losada, Ekaizer o Gloria Marcos que ande por ahí aquel día, y quedan cabizbajos a la espera de que acabe la emisión y puedan fichar. En cualquiera de estos tertulianos podría delegar Tellado la función de replicar a los comentaristas que le ataquen. Más que nada porque, como Pedro Sánchez o Isabel Díaz Ayuso empiecen a tener que responder a cada embestida verbal de periodistas o comunicadores, difícilmente podrán dedicarse a otra cosa.

Pero el punto más ridículo de este episodio lo ha puesto el tuitero mayor del reino, el ministro Óscar Puente, que subió a su cuenta el editorial de Julia Otero pidiendo buenos modales al PP y anunció que lo suscribía. ¿Necesita el ministro que se le explique por qué, si hay alguna figura que no tiene demasiada autoridad para pedir buenas formas, es él, que ha llamado "Ojete" a The Objective o "mierda" a El Mundo?

La misma semana en que Puente daba lecciones de educación y secundaba a Otero en pedir buenas formas sin crispación en la política era la semana en la que el ministro, desde su cuenta de X, faltaba al respeto a su compañero de partido Eduardo Madina, llamándole poco más que fracasado y resentido; la semana en que había insultado a Antonio García Ferreras (La Sexta), calificándole de "matón"; y en que había ofendido a José Luis Sastre (SER), tachándole de censor (el gran delito de la SER y La Sexta había sido defender a Madina, que, a pesar de llevar tiempo retirado de la política, parece que sigue dando miedo a algunos en Moncloa).

En el diccionario de sinónimos de "cínico", junto a descarado, desvergonzado, fresco, impúdico, hipócrita o inverecundo, bien se podría incluir también "Óscar Puente".

Es Tellado el que tiene que decidir si quiere cruzar ese Puente y entrar en esa tierra donde ya están MAR y tantos otros aspirantes a vivir del polemismo tuitero, cual Milei o Trump, como si fueran tertulianos en el plató de Nacho Abad, o si será capaz de tener en cuenta que a los guiñoles de la tele se les paga por polemizar; a los políticos, en cambio, se supone que se les paga para otros menesteres.