Durante los casi 15 años de rajoyismo el PP se fue convirtiendo poco a poco en un partido gaseoso. Cuando Mariano Rajoy alcanzó el poder en 2011, con una mayoría absoluta aplastante, el líder del PP se creyó liberado definitivamente de las «tutelas y tutías» de Aznar y creyó también que los españoles le habían votado precisamente porque su figura representaba algo distinto y, a veces, contrapuesto a lo que simbolizaba el hombre que moldeó el partido y le llevó a su primera victoria electoral en 1996.

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