Si sabes –perdón por tutear– qué es Heated Rivalry, o quiénes son sus actores protagonistas Connor Storrie y Hudson Williams, hay una alta probabilidad de que hayas visto la serie por canales no oficiales. O que hayas esperado como agua de mayo a su estreno en España, cortesía de Movistar Plus+. En esta vida hay que ser legal. La ficción, adaptación aparentemente fiel del libro homónimo de Rachel Reid, llegó a Estados Unidos durante Acción de Gracias a través de HBO. Como dirían los anglosajones, perfect timing.
Desde entonces, un sector de la población vive por y para este drama romántico, deportivo y, he aquí el meollo, gay. Muy gay. O sea, subido de tono, por no decir guarro, en el mejor sentido. Es tal el supuesto furor por Heated Rivalry que hombres heterosexuales han grabado sus reacciones mientras la ven. Si el público homosexual lleva décadas viendo y leyendo obras con protagonistas heterosexuales, ¿por qué no al revés? La ficción, al fin y al cabo, sirve para ser otros. Por lo visto, Heated Rivalry también ha gustado entre mujeres. En EE.UU., según HBO, ha rondado los nueve millones de espectadores por entrega (son seis en total). Sus ejecutivos deben de estar dando volteretas.
A España, Heated Rivalry llega hoy, 5 de febrero, vía Movistar Plus+, que acostumbra a importar títulos de otras latitudes como Australia y Canadá. Porque Heated Rivalry es una producción propia de Crave, plataforma canadiense que en su territorio debe vérselas con gigantes como Netflix.
'Heated Rivalry' llega a España este jueves 5 de febrero bajo el título 'Más que rivales'
Dejémonos de prolegómenos. Heated Rivalry, que Movistar Plus+ ha traducido como Más que rivales, narra el tira y afloja sexoafectivo (perdón por el léxico) entre dos jugadores de hockey sobre hielo. Si sobre el terreno son contrincantes (uno es ruso; el otro, canadiense asiático), tras las cámaras son amantes. Nadie puede enterarse del idilio, pues ambos están en el armario. La historia arranca en 2008 para ir brincando en el tiempo cada pocos minutos. El segundo capítulo, por ejemplo, se dilata desde 2011 hasta 2014.
La originalidad no es tanto temática (al fin y al cabo, en cuántas ficciones románticas los enamorados se detestan al principio), sino en la fidelidad con que el creador, guionista y director de la serie, Jacob Tierney, ha adaptado el material erótico. Si suelen ver series en familia, una costumbre en desuso, o durante la cena, puede que Heated Rivalry no haga buen maridaje. Si son de los que ven series en el transporte público, quien esté a su lado pensará mal. Y acertará.
Porque, a diferencia de otras propuestas más generalistas como Bridgerton (Netflix), los protagonistas de Heated Rivalry se ponen rápidamente manos a la obra, y nosotros somos testigos directos de sus encuentros. Digamos, finamente, que ellos empiezan la casa por el tejado. O no, según se mire.
Si hubo gente que descubrió, gracias a la serie de HBO Looking, que el misionero era una postura apta entre hombres; Heated Rivalry muestra la rapidez de algunos para bajar al pilón. Aún así, el sexo gay que se reproduce en pantalla (el desnudo integral nunca es frontal) parece una fantasía, ya sea hetero u homo, más propia de otro tipo de contenidos. Sobra decir que todos los personajes están esculpidos por Dios. No verán mejores pechos y culos... de hombres.
Carnalidades aparte, quizás haya una –otra– lectura sobre Más que rivales: las 'dinámicas de poder' (pido perdón por tercera y última vez), a través del sexo, entre estos dos jugadores de hockey sobre hielo. ¿Quién tiene cogida la sartén por el mango? ¿El dominante o el que se deja dominar?
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