The New York Times ha publicado un reportaje de investigación sobre cómo Israel ha podido utilizar Eurovisión como instrumento de "poder blando" en su agenda internacional, en el que, como ejemplo, cuestiona el televoto español que le dio a ese país la máxima puntuación en la última edición.

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"En algunos países habrían bastado unos pocos cientos de personas para asegurar la victoria en el televoto, lo que lo hace más susceptible a la influencia de campañas gubernamentales que las que los organizadores han reconocido", afirma el prestigioso periódico entre sus principales conclusiones.

A ella llega tras haber obtenido los porcentajes de voto que consiguieron los países entre la audiencia española de la final de Eurovisión 2025 y utilizarlos para redondear el número de votos concreto a partir del total publicado en su momento por RTVE, según EFE.

Según esos cálculos, la representante israelí de esa edición, Yuval Raphael, habría obtenido un tercio del televoto registrado en España, un 33,34 por ciento, que equivaldría concretamente a unos 47.570 votos, muy lejos del segundo país clasificado, Ucrania, que habría acaparado un 6,74 por ciento (9.620 votos).

El reportaje recuerda entonces que, puesto que las normas de Eurovisión permitían a la misma persona votar hasta en 20 ocasiones, habrían bastando "solo unos pocos cientos de personas, votando en masa", para asegurar la victoria de la candidata israelí.

The New York Times ha subrayado que, según su investigación y pese a que la UER afirmó que no se habían dado irregularidades, no se encargó ninguna auditoría externa ni hicieron públicos los datos del televoto.

Se justifica el uso del caso español por ser paradigmático, dice, "de uno de los varios países donde Israel ganó el voto popular a pesar de que las encuestas mostraban que la opinión pública era muy crítica con el gobierno israelí".

RTVE no ha querido realizar ninguna declaración tras la publicación de este reportaje, aunque la corporación pública ha sido de facto una de las más críticas con la participación de nuevo de una delegación israelí en la edición de 2026, tanto por el genocidio cometido en Gaza como por el "incumplimiento sistemático" de este país de las normas del propio concurso.

Se refería en concreto a la prohibición del uso de campañas desde los diferentes gobiernos para fomentar el voto a favor de las televisiones de sus países, una práctica que Israel acaba de repetir y por la que se la ha llamado la atención ante la inminente nueva edición de Eurovisión.