Antena 3 emite este jueves 24 de septiembre, por la noche (23.00 horas) el cuarto capítulo de Las hijas de la criada, adaptación televisiva de la novela homónima de Sonsoles Ónega. Quien haya leído el libro, o haya visto la serie a través de Atresplayer previo pago, sabrá que la historia de estas cuatro mujeres (Inés, Renata, Clara y Catalina), en Pontevedra (Galicia) a principios del siglo XX, está en un punto de no retorno. Cabe avisar al lector y espectador que, a partir de la siguiente línea, habrá espóileres del capítulo 4 de Las hijas de la criada y del resto de la temporada.
Aviso: este artículo destripa la trama del capítulo 4 de Las hijas de la criada
Porque, justo en el ecuador de Las hijas de la criada, Renata (Carlota Baró) muere a consecuencia de la –mal llamada– gripe española. La acción del capítulo 4 transcurre en 1918. Renata muere en los brazos de su hija biológica, Catalina (Martina Cariddi), no sin antes confesar que ella, y no Inés (Verónica Sánchez), es su verdadera madre. Renata no es el único personaje que muere, pues los Barba Peláez también sufren una pérdida. Braulio (Roque Ruiz) pierde a su madre, Adelina (Camila Bossa), por la epidemia.
El Independiente entrevista a la actriz Carlota Baró, que interpreta a Renata en la serie de Antena 3 Las hijas de la criada
Pregunta.- ¿Qué sientes sobre el final de Renata? Antes de morir, ella revela un secreto que, muy seguramente, en la segunda parte de la temporada, irá pasando de oreja en oreja.
Respuesta.- (Carlota Baró) Yo había leído el libro [Las hijas de la criada], así que ya sabía que Renata muere. Intentamos trabajar mucho esa muerte. En vez de darle un [mayor] dramatismo, que ya de por sí tiene la muerte de alguien; ese último respiro es un momento de tranquilidad. Renata muere en brazos de su hija. Muere tranquila, diciéndole que la quiere, que todo lo que hizo fue por darle una vida mejor; acaba confesando. Martina [Catalina en la ficción] está completamente empapada de la lluvia.
Todavía, hoy en día, se me pone la piel de gallina. Tengo mucho cariño a esa escena, y trabajarla con ella [Martina Cariddi], porque fue muy potente. Era el momento en que, por fin, Catalina se entera de la verdad; y ese secreto, Catalina lo va a jugar con su padre, con su hermana Clara [Judith Fernández]… Ellas, con esos saltos temporales, crecen y están maravillosas. Inés [Verónica Sánchez] es una tipa inteligentísima y con dignidad y, como mujer increíble que es, acaba sospechando y oliéndose [la tostada]. Mientras sus hijas van creciendo, ella se va apagando.
"Renata es una tipa salvaje, luminosa, atrevida; una mujer que acaba muriendo despojada de todo, rendida a la vida y, al menos, un poco más tranquila"
P.- Renata no se reencuentra con su examante, Gustavo, el personaje al que interpreta Alain Hernández. No vuelven a verse las caras porque él se queda en Cuba.
R.- (Carlota Baró) Es un pazo lleno de mujeres, y el interesante personaje de Jaime, al que interpreta Álex Villazán, es el hombre de la casa que no sabe si comportarse como su padre o como su madre. Es una casa donde mandan las mujeres. Inés coge el mando, y Gustavo se queda ahí [Cuba].
P.- Cuando empiezas una serie diaria, te dan una biblia pero a saber lo que pasará con el personaje. Memento Mori también estaba basada en una novela, ¿pero cómo es saber de antemano que tu personaje tiene un fin antes de tiempo? ¿Tiene cierto punto agridulce?
R.- (Carlota Baró) Cuando hice el casting para Las hijas de la criada, ya se decía que el personaje tenía un fin. Me avisaron desde el inicio. A mí me ayudó mucho para construir este arco [narrativo]. Tú, en una serie diaria, vas construyendo día a día, pero tu arco va cambiando conforme vas leyendo los guiones. El hecho de tener un inicio y un fin te hace trabajar en casa y charlar mucho con los directores y con las actrices.
Pudimos hacer bien ese recorrido. Nosotros lo hicimos con todo el cariño. Es un viaje hacia la luz. Renata es una tipa salvaje, luminosa, atrevida; una mujer que acaba muriendo despojada de todo, rendida a la vida y, al menos, un poco [más] tranquila. Es un viaje hacia la luz, la oscuridad y otra vez hacia la luz que, si no hubiera sabido cómo acababa, no habría podido hacerlo igual.
Las hijas de la criada, capítulo 4: La rabia de Catalina
El regreso de Catalina del internado marca un antes y un después en el Pazo Valdés. Lo que Inés creía que sería un punto de equilibrio se convierte en una fuente de tensión: Catalina regresa distante, desconfiada y con una fuerza inesperada, como si llevara tiempo peleando por un lugar que nadie le ha asegurado.
Mientras tanto, Inés decide emprender un nuevo negocio que le dé la independencia económica que nunca ha tenido. Con el apoyo de Jaime y la habilidad de Clara, el proyecto parece avanzar con entusiasmo… hasta que empiezan a aparecer señales de sabotaje. Alguien quiere impedir que prospere.
Jaime, enamorado de Clara, intenta protegerla, aunque sus sentimientos hacia ella amenazan con desbordarlo. Catalina, por su parte, observa cómo todos se alejan y cómo Inés concede a Clara un espacio emocional que ella anhela desesperadamente.
En medio de una epidemia de gripe que azota el pueblo, los secretos y tensiones soterradas durante años empiezan a aflorar. El equilibrio de la casa pende de un hilo, y la verdad que separa a las dos jóvenes amenaza con salir a la luz.
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