El doble asesinato de Fall River (Massachusetts) es uno de los crímenes sin resolver más famosos de Estados Unidos. Además, es un espejo de su época; clase, género, inmigración y moral victoriana. La canción infantil ("Lizzie Borden took an axe…"), que significa Lizzie Borden tomó un hacha, consolidó el mito, aunque distorsiona detalles clave como el arma (un hacha) y el número de golpes. La nueva temporada de Monstruo, de Ryan Murphy e Ian Brennan en Netflix, reaviva el debate al reconstruir los hechos con licencias dramáticas propias de la antología.

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Qué pasó en realidad

La mañana del 4 de agosto de 1892, Andrew Borden salió de casa a hacer recados. Dentro estaban su esposa Abby, la empleada Bridget Sullivan y Lizzie, su hija de 32 años. Según la reconstrucción forense y policial, Abby murió primero, alrededor de las 9:30-10:00, con numerosos golpes de hacha en la cabeza y el cuerpo (las fuentes oscilan entre 18 y 19 impactos). Más de una hora después, Andrew regresó, se recostó en el sofá y fue también asesinado con entre 10 y 11 golpes que le desfiguraron el rostro.

Lizzie Borden alertó a vecinos y a la policía, que halló ambos cadáveres en la vivienda de 92 Second Street. La investigación recogió indicios circunstanciales. Se encontró un hacha de mango roto en el sótano que se sospecha era el arma, aunque nunca se pudo demostrar de forma concluyente. Lizzie fue detenida el 11 de agosto de 1892, acusada formalmente en diciembre y llevada a juicio en junio de 1893.

El proceso fue un espectáculo nacional. La fiscalía no logró probar que el hacha fuera el arma homicida ni presentar evidencia directa (como ropa manchada o el arma con sangre). Además, testimonios y pruebas clave (como la supuesta compra de ácido prúsico o versiones iniciales de Lizzie Borden) no fueron admitidos o quedaron en lo circunstancial. El 20 de junio de 1893, un jurado exclusivamente masculino la declaró "no culpable" tras apenas 90 minutos de deliberación. Nunca se acusó a nadie más y el caso quedó oficialmente sin resolver. Sin embargo, la sombra de la sospecha la acompañó hasta su muerte en 1927.

Qué inventó o dramatizó Ryan Murphy en 'Monstruo'

La serie parte del esqueleto histórico, como fechas, víctimas, lugar, secuencia de muertes y veredicto... Sin embargo, introduce giros narrativos y relaciones sin respaldo documental para construir tensión y personajes. En concreto, varias fuentes señalan que la ficción de Netflix decide, en la práctica, que Lizzie fue la asesina. Esto es algo que la historia jamás pudo establecer. También se ha destacado que la serie convierte a la criada Bridget Sullivan en amante y cómplice de Lizzie, una trama para la que no existe evidencia histórica.

Más allá de ese núcleo, la antología de Murphy tiende a acentuar conflictos familiares, represión sexual y dinámicas de poder. El objetivo es explicar motivaciones, lo cual puede colisionar con la prudencia de los archivos. En la realidad, las teorías sobre el autor (o autores) siguen abiertas y los móviles son materia de especulación. Por eso, conviene leer la serie como una reconstrucción dramatizada, no como un documental probatorio.

Uno de los anacronismos y giros más descabellados de la propuesta es la inclusión de una línea temporal fantástica que entrelaza a Lizzie Borden con Aileen Wuornos, la célebre asesina en serie de los años 90. Murphy inventa un recurso de ficción especulativa en el que ambas figuras (separadas por un siglo de distancia en la historia real) conectan a través de una suerte de plano simbólico o secuencia de ensoñación psicológica.

En este delirio narrativo, Borden actúa como una figura tutelar o "espíritu guía" para Wuornos, sirviendo de inspiración para sus crímenes y trazando un paralelismo directo entre la rabia reprimida del siglo XIX y la violencia desatada en la Florida de finales del siglo XX.