El grave accidente ferroviario registrado el pasado domingo en Adamuz, en la provincia de Córdoba y el descarrilamiento de un tren ayer en Gelida, Barcelona, han generado una preocupación social y han reactivado el debate sobre la seguridad en el transporte ferroviario. Como suele ocurrir tras sucesos de este tipo, han surgido múltiples interrogantes relacionados con el estado del tren, la infraestructura de las vías y, especialmente, la ausencia de cinturones de seguridad, un elemento que muchos ciudadanos asocian de forma directa con la protección de los pasajeros. Sin embargo, la falta de este sistema en los trenes no es una carencia normativa ni técnica, sino el resultado de análisis especializados y criterios de seguridad consolidados.
El cinturón de seguridad y su función según el medio de transporte
El cinturón de seguridad es un dispositivo esencial en vehículos como coches y aviones. En los automóviles, evita que los ocupantes salgan despedidos o impacten contra el interior del vehículo en caso de colisión. En la aviación comercial, su función principal es mantener a los pasajeros en sus asientos durante las fases críticas del vuelo y en episodios de turbulencias.
No obstante, su eficacia no es universal ni aplicable a todos los medios de transporte. En el ámbito ferroviario, diversos estudios han demostrado que el uso de cinturones no solo no resulta prioritario, sino que puede generar riesgos adicionales en determinados escenarios de accidente.
Investigaciones que desaconsejan su instalación
Rail Safety and Standards Board (RSSB), organismo británico responsable del análisis y la investigación en seguridad ferroviaria, ha evaluado de forma específica la posible incorporación de cinturones en los trenes. Sus conclusiones indican que los cinturones, tanto de dos como de tres puntos, no aportan beneficios claros desde un punto de vista general.
Aunque podrían reducir determinadas lesiones en colisiones concretas, también podrían incrementar el número de víctimas en situaciones críticas como incendios, fugas de gas o deformaciones estructurales del convoy, donde la evacuación rápida resulta fundamental. La restricción de movimientos que impone un cinturón puede dificultar la salida de los pasajeros en momentos decisivos.
El impacto sobre el “espacio de supervivencia”
Uno de los factores más relevantes analizados por la RSSB es el denominado “espacio de supervivencia” dentro del vagón. Un informe recogido por Railways Archive señala que la modificación de los asientos para incorporar dispositivos de sujeción provocó un empeoramiento general de las lesiones en algunos pasajeros, especialmente en aquellos que no utilizaban el sistema de retención y colisionaban contra estructuras alteradas del propio asiento.
El análisis de seis accidentes ferroviarios reveló que solo 11 personas se beneficiaron del uso de dispositivos de retención, frente a 88 que se vieron gravemente afectadas por la pérdida de espacio vital, con un aumento significativo del riesgo de lesiones mortales. El estudio concluye que, aunque la sujeción reduce la posibilidad de expulsión, puede generar consecuencias más graves e incluso letales dentro del vagón.
Riesgo de lesiones graves y problemas de evacuación
Otro de los argumentos técnicos contra la instalación de cinturones es el tipo de lesiones que pueden producirse. Al fijar la cadera del pasajero, mientras la cabeza y el torso continúan avanzando por inercia, se incrementa el riesgo de sufrir lesiones cervicales severas. Además, no todos los pasajeros viajan sentados durante el trayecto, lo que hace inviable la aplicación de un sistema de sujeción uniforme.
En situaciones de emergencia, las ventanas continúan siendo la principal vía de escape del tren, ya que permiten una evacuación más rápida y flexible. La presencia de cinturones podría retrasar esta salida, generando graves consecuencias.
Un modelo de seguridad basado en el diseño interior
Lejos de prescindir de la protección, los trenes aplican un enfoque de seguridad distinto. Los asientos y respaldos están diseñados para absorber progresivamente la energía del impacto y distribuirla por el cuerpo del pasajero. Este sistema actúa como un mecanismo de protección pasiva, similar a un airbag, reduciendo el riesgo de lesiones en cabeza, cuello y extremidades sin necesidad de cinturones convencionales.
Los trenes circulan por vías ancladas y con trazados fijos, lo que limita la imprevisibilidad del entorno gracias a elementos como el balasto, a diferencia de la circulación por carretera. Este mismo criterio se aplica al metro y a otros servicios ferroviarios, donde la ausencia de cinturones responde a una normativa común basada en estudios técnicos.
Los análisis actuales confirman que los cinturones de seguridad no son necesarios para garantizar la protección de los pasajeros en los trenes y que, en determinados casos, pueden resultar contraproducentes. No obstante, la investigación en seguridad ferroviaria continúa avanzando, y no se descarta que en el futuro se incorporen nuevos sistemas o soluciones que optimicen aún más la protección de los viajeros.
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