La profundidad irreverente de Escher se entiende mirando de cerca sus mundos, lanzándose a sus abismos. Sus escaleras, sus geometrías y sus matemáticas enganchan, hipnotizan, contaminan la mente. Son sus universos surrealistas los que más llaman la atención, lo que han sido el punto de partida de películas, anuncios de publicidad, portadas de discos y videojuegos. El neerlandés tenía la capacidad de generar realidades tan vertiginosas como agradables. Casi cien años más tarde todos quieren vivir en su mundo y su mundo se queda a vivir en todos.

El Palacio de Gaviria ha sido el lugar elegido por la Fundación Arthemisa para acoger una muestra que desarrolla todos los periodos del artista, y que se podrán visitar hasta el 25 de junio. Desde sus comienzos, abandonando la arquitectura y trasladándose a Italia, hasta su influencia en todas las artes modernas. Pero Maurits Cornelis Escher ( Leeuwarden, 1898) no era nadie hasta que conoció a Samuel Jessurun de Mesquita. El profesor de artes gráficas convenció al padre del entonces estudiante de arquitectura sobre la genialidad de su hijo y en 1922 sus viajes por Italia y España confirmaron su talento.

'Relatività', de Escher.

Relatività.

Fueron los paisajes italianos y la Alhambra granadina los lugares que más profundamente le influyeron. Vio en sus formas un espacio distinto, vio en las matemáticas la clave del arte. «Se dio cuenta de que lo que él quería construir era posible. Encontró lo que necesitaba», asegura el profesor Costa, matemático madrileño. «Esta ciencia fue la influencia para muchos de sus trabajos, especialmente los relacionados con la partición regular del plano y el uso de patrones que rellenan el espacio sin dejar ningún hueco», añaden los comisarios, Mark Veldhuysen y Federico Giudiceandrea, que además es coleccionista de las obras de Escher.

Con más de 200 obras, la muestra se divide en siete ámbitos distintos. Desde la relación del artista con el Art Nouveau, pasando por las paradojas geométricas que tanto caracterizan sus trabajos hasta lo que ellos han llamado Eschermanía, que muestra el fanatismo moderno por sus obras. «Su arte se ha convertido en cajas de regalo, sellos y felicitaciones. Ha ingresado en el mundo del cómic, ha acabado en carátulas de discos como el de la banda Pink Floyd.  Sus situaciones paradójicas han dejado estupefactos a los espectadores mediante arquitecturas que de hecho son irrealizables», comentan Veldhuysen y Giudiceandrea.

Mano con esfera.

A día de hoy sus universos podrían llevarse a cabo a través de programas de ordenador, pero como bien señala Veldhuysen, «en la época de Escher no existían y todo lo que se ve en la muestra está hecho a mano. Un trabajo laboriosísimo». Unas obras que en pleno 2017 siguen influyendo en los artistas contemporáneos que se rinden ante «su universo imaginativo». Y muestran la misma intención de Escher, que en 1953 escribió: «El objetivo es representar sueños, ideas o problemas de un modo tal que otras personas puedas observarlos y ponderarlos». El arte de provocar vértigos.