Emociones, libertad y ruptura. Son las inquietudes que marcaron a su generación. Un nuevo tiempo de arte que nació en New York y que no tardó en extenderse por todo el país y de EEUU al resto del mundo. Un nuevo modo de expresarse a través de la pintura, la escultura y la fotografía, cada uno a su manera pero con una vivencia común marcada por los extremos y los contrastes de una época definida por circunstancias como la gran depresión económica de 1929, los dos conflictos bélicos mundiales y el periodo de entreguerras posterior y la necesidad de romper con todo lo anterior. En aquella américa de los años 40 un grupo de artistas optó por dejar atrás las corrientes artísticas que les habían marcado y ante las que querían dar un paso más. El cubismo y el surrealismo quedaban superados para aflorar un nuevo movimiento en el que desaparecía la representación formal; el expresionismo abstracto.

Una manifestación novedosa y compleja, con múltiples formas que la convierten en una corriente poliédrica y variable que abarca desde el expresionismo más estético hasta el caracterizado por su intensidad emocional. Todas ellas se muestran en la exposición Expresionismo Abstracto que inaugura este viernes el Museo Guggenheim de Bilbao y en la que se muestran 130 obras de algunos de los artistas más destacados y otras de los más desconocidos de esta corriente nacida en Estados Unidos a mediados del pasado siglo.

Mark Rothko, Jackson Pollock, Franz Kline, Willem de Kooning o Clyfford Still son sólo algunos de los autores cuyo trabajo podrá verse en las paredes de la pinacoteca bilbaína en una muestra organizada por la Royal Academy of Arts de Londres, y que ahora cuenta con la colaboración del Guggenheim en una de las muestras más completas del expresionismo abstracto jamás vista en nuestro país y que se prolongará hasta el 4 de junio.

Una muestra asegurada en 2.000 millones

Del valor de las piezas que se exponen da muestra el récord que en concepto de aseguramiento de obras han tenido que hacer frente los promotores de la exposición y que ha supuesto un valor que ronda los 2.000 millones de euros, el más elevado jamás llevado a cabo por el Guggenheim Bilbao.

El expresionismo fue una ruptura con las convencciones artísticas de comienzos del siglo pasado para apostar por la libertad a la hora de expresarse, lo que afloró en un fenómeno heterogéneo del que da fe la muestra del Guggenheim. Se trata de obras recabadas de colecciones públicas y privadas de todo el mundo y que incluyen pinturas, esculturas y fotografías de este movimiento del que Estados Unidos fue el referente. Con ella se aspira a acreditar que el expresionismo no fue “un todo” sino una corriente extremadamente compleja y variada. La muestra incluye una selección con obras seleccionadas por los comisarios David Anfam, Edith Devaney y Lucía Agirre.

La exposición la componen 130 obras de autores como Pollock, De Kooning, Rothko o Still

En la muestra se percibe cómo las manifestaciones de expresionismo abstracto del siglo pasado fueron diversas, desde la apuesta por las piezas colosales e intensas hasta las de artistas que se decantaron por una manifestación de carácter más contemplativo, con grandes muestras de color. En todas ellas, está presente el papel determinante que estos autores concedían al espectador de sus obras, en busca de una conexión bilateral concebida como la culminación de sus creaciones, de sus obras.

Grandes murales de angustia vital

Sin duda la pieza con mayor presencia y energía en la muestra es la de Jackson Pollock. Su Mural, de 1943, de seis metros de largo por casi dos metros y medio de alto, subraya los orígenes de este movimiento artístico. Influido por la grandiosidad de otro lienzo sin igual, el Guernica de Picasso, este mural también está relacionado con los orígenes del Guggenheim, no en vano fue un encargo de la galerista y coleccionista Peggy Guggenheim, al entonces joven Pollock, para decorar su residencia en Manhattan. Se trata de una obra clave del arte moderno norteamericano por una combinación única entre la energía de su pincelada, la libertad de los trazos, el tamaño del lienzo y una singular abstracción en la que deja espacio para una sugerencia abierta de formas. Pollock explicó que se trataba de una estampida de animales del oeste americano en la que aparecen vacas, caballos, antílopes y búfalos.

Quienes acudan a la exposición podrán disfrutar también de obras de Mark Rothko, un autor que a mediados del siglo XX comenzó por trabajar las personificaciones abstractas de los sentimientos humanos como la tragedia, el éxtasis o la fatalidad y que reflejó en su obra. Los rectángulos flotantes que tanto caracterizan su trabajo también se pueden observar en esta exposición que incluye la obra Banda amarilla, de 1956 , un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones.

El Mural (1943) de 6×2,5 metros que hizo de Pollock para Peggy Guggenheim es la más imponente de la muestra

La selección de autores incluye otros referentes del expresionismo abstracto menos conocidos y considerados outsiders del movimiento, por su continuo aislamiento e individualismo. Es el caso de Clyfford Stil, autor caracterizado por la verticalidad de sus trabajos y que la interpreta como la “línea de la vida”, la rectitud y la trascendencia espiritual y que se expresa en una combinación de la luminosidad y la oscuridad como representación de la vida y la muerte. En la exposición que se inaugura este viernes en Bilbao se expone su obra PH-950, un óleo en el que combina los trazos oscuros del negro con los tonos amarillos en un imponente cuadro de más de dos metros de altura.

Industria, religión y mujeres

Además de las pinturas, la exposición también incluye una escultura de expresionismo abstracto, obra de David Smith. Titulada, Jaula de estrellas, la pieza de acero pintado traslada al espectador al escenario industrial que Smith quería reflejar. Las formas mecanicistas o las figuras simulando figuras humanas erguidas han estado muy presentes en su obra. Otro de los autores con el pasado industrial como una de sus inspiraciones, Frank Kline apuesta en cambio por rememorar su Pensilvania natal en muchos casos recreando imágenes lúgubres.

Entre las piezas figuran trabajos de Willem de Kooning. Un autor que se movió entre sus referencias a la simbología religiosa y las constantes inspiraciones de carácter erótico y la figura de la mujer, muy presente en sus trabajos.