Sevilla, finales del siglo XVI, la ciudad florece por el comercio con el Nuevo Mundo. Una ciudad de oportunidades y un lugar de peregrinaje obligatorio para acceder a las promesas de América. Mateo, un hombre culto y con una mentalidad adelantada a su tiempo, regresa a Sevilla de donde huyó por la Inquisición para cumplir la promesa de localizar y ayudar al hijo de un amigo. Pero, a la vez que Mateo, la peste llega a la ciudad. En medio de la epidemia Mateo tendrá que resolver una serie de crímenes.

Este es el argumento de la nueva producción de Movistar+, La Peste, que se podrá ver completa desde este viernes 12. Una idea original de Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, quienes por dirigir y adaptar el guión de La Isla Mínima se llevaron sendos goyas. La producción de Movistar habla por sí sola con sus cifras de producción: seis episodios de cincuenta minutos de duración con una inversión de 10 millones de euros, 85 días de rodaje, 450 personas de equipo y 2.100 figurantes que han trabajado entre los más de 130 decorados naturales que se han necesitado. Para cerrarlo 35 artistas de efectos visuales han terminado de componer la producción. Y para que semejante inversión no se derrumbe ha sido necesaria tirar de Historia. Mucha documentación para que el espectador viajara donde Rodríguez y Cobos han tenido que vivir durante la creación de la serie: la Sevilla de 1587.

“Ha sido un proceso largo de documentación. Muy largo y sorprendente -explica Alberto Rodríguez a El Independiente– porque cuanto más te vas metiendo en la documentación más se te van rompiendo los esquemas, tus prejuicios de cómo se vivía en la época o cómo lo has visto representado antes. A mí me han chocado cosas que nunca se me habían ocurrido; el cómo se iluminaban los interiores de las casas o cómo se movían por la noche en las calles. Porque en la noche no se hacía vida, muchos iban a tientas por la casa porque no podían pagarse ni una vela”.

En aquella Sevilla se hablaban 50 lenguas y el 10% de la población era negra

En ese viaje los creadores de La Peste han descubierto una Sevilla que no conocían. “Sorprende de la historia cómo en Sevilla se hablaban 50 lenguas y que el 10% de la población era negra y que hubiera tantos colores, tantas caras tan distintas porque era un crisol de culturas y razas”, asegura Rafael Cobos. “O cosas como la Mancebía – añade Rodríguez-, un barrio entero amurallado que era un prostíbulo gigantesco con distintas casas para los distintos niveles económicos de los clientes y reglado por el Cabildo en terrenos alquilados a la Iglesia”.

Realismo para no salir de Sevilla

La crudeza y el realismo de La Peste es el gran valor y el reto de producción de la serie. Apunta Rodríguez que el pensador francés del siglo XVI Michel de Montaigne decía que París, Venecia y Sevilla eran las ciudades más bellas y malolientes del mundo. “Y también dijo que Sevilla era la más bonita y la más maloliente de las tres”, matiza Cobos. La peste de la serie no corresponde a la de 1649, una epidemia real que acabó con media ciudad y que afectó profundamente a la economía de la ciudad. La acción de la serie “sería una oleada más de las muchas que había. Que muchas no se sabían si eran de peste o de qué, porque en cuanto morían varias personas se lo atribuían”, explica Rodríguez.

Para hacer esa Sevilla pestilente y sucia se han gastado dos metros cúbicos de frutas diarias para recrear la calles embarradas de la ciudad. Los cuadros y grabados de la época también han sido fuente de documentación. Recuerda Rafael Cobos que “hay un grabado de la época que muestra una montaña de 12 ó 14 metros de altura donde la gente tiraba la basura. Y 14 metros de basura son muchos para una época en la que no se producían prácticamente desechos. De esas montañas se hablaba que tenían fuegos fatuos, que era la combustión de los gases que emitía la basura”.

A Paco León, que interpreta a un rico comerciante, “se le han amarilleado los dientes porque los tiene demasiado perfectos”

Pinzas de tender, vasos, puertas, carros, cuchillos, ropa, calzado, todo ha requerido un nivel de detalle y método para que nada sacara al espectador de la época. “Se emplea mucho tiempo en alcanzar ese nivel de detalle, prácticamente cada herramienta, cada pequeño detalle que aparece en la serie se ha consensuado y ha pasado el control de compañeros de arte que han hecho un trabajo muy artesanal que está muy pensado”, explica Rodríguez. Hasta a Paco León, que interpreta a un rico comerciante, en algún momento “se le han amarilleado los dientes porque los tiene demasiado perfectos”.

Uno de los retos para los creadores de La Peste era contar que la Sevilla de aquel momento era una ciudad muy grande y una de las más importantes y espectaculares de la época. “Era un reto mostrar su grandeza y, además, contar cómo la pobreza y la riqueza vivían juntas. Así que pusimos alrededor de la ciudad arrabales gigantescos como los que vemos ahora en las ciudades modernas. Esto en principio era una licencia histórica, pero historiadores posteriormente nos confirmaron que sí, que había asentamientos en las puertas de la ciudad”, cuenta el director.

En esta gran producción de Movistar hay profesionales del cine que suman en total hasta 17 goyas. El viaje a la Sevilla de La Peste no termina en estos cinco capítulos. Rafael Cobos ya está escribiendo la segunda temporada. Llega La Peste y es una buena noticia.