No se generó polémica alguna. En junio de 1987 Juan Carrero y Enrique Naya, Costus, inauguraron en la Casa de Vacas de El Retiro la exposición Valle de los Caídos, realizada entre 1980 y 1987. Una reinterpretación de las esculturas del Valle de los Caídos que plasmaron en grandes y trabajados lienzos y en los que los santos y las santas los encarnaban sus amigos y amigas de la Movida Madrileña. Bibiana Fernández – entonces Bibi Andersen- aparece representada como la Virgen del Carmen, Alaska es La Piedad y Tino Casal como el mismísimo Caudillo.

Lejos de querer ofender, la mirada de Costus era un homenaje a sus amigos y a Madrid, la ciudad que les había acogido y a la que querían devolver parte de lo que habían recibido. La idea se les ocurrió durante una visita al Valle con sus amigos Miguel Ángel Arenas, Capi, y Fabio McNamara. Allí se presentaron “en estado sobrenatural, todo hay que decirlo”, como aseguró Juan Carrero en una entrevista que les hizo Bibiana Fernández en RTVE en su programa La tarde, al poco de inaugurar la exposición.

Si ese “estado sobrenatural” fue un estado de gracia por la impresión de los artistas por el lugar o si estaban colocados, no está claro. Pero sí está claro que su acercamiento despolitizado al Valle dio lugar a una de las series artísticas más valiosas de la Movida Madrileña y que hoy es el pilar expositivo del Museo ECCO (Espacio de Creación Contemporánea) de Cádiz, ciudad de origen de Juan Carrero y donde conoció al que sería su pareja artística y sentimental, Enrique Naya. Costus se conocieron en la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad en 1974 y ya no se separaron. En mayo de 1989 Enrique murió por culpa del sida y, un mes después, Juan se suicidó.


Los cuadros de Costus tienen pintura fluorescente que cuando se exponen a la luz negra muestran detalles diferentes y tonalidades completamente distintas, como se puede ver en el lienzo de La Piedad que encarna Olvido Gara, Alaska.

 

Julio Pérez Manzanares, historiador del arte y autor de Costus: You are a Star, asegura que la exposición fue muy bien acogida y con mucho eco en los medios, “nada que ver sobre cómo sería acogida si se hiciera hoy que estamos viendo juicios por hacer chistes sobre la Cruz de los Caídos”, asegura este experto en la obra de Costus, en referencia a los presentadores de El Intermedio que fueron denunciados por un delito contra los sentimientos religiosos por la Asociación para la Defensa del Valle de los Caídos.

En 1987 no hubo ninguna salida de tono reaccionaria, “en algunos aspectos parece que hoy en día vamos para atrás. En aquel momento estábamos en plena transición haciéndonos los modernos y todo parecía fruto de una modernidad general casi acrítica, se aceptaban las cosas como modernas y ya está. Hoy podría leerse con más componentes políticos o, al menos, de revisión de los símbolos del franquismo, vistos desde el punto de vista de la ironía y con cierta crítica implícita”, asegura Pérez Manzanares. “Aunque no dudo que ellos admiraban el componente kitsch y estrambótico que tenía el Valle en sí mismo, pintan desde una ironía crítica”, asegura el experto.

 

 

 

Del Barroco a la Movida

Esta es la principal explicación que dejaron por escrito la pareja de artistas para presentar su serie sobre el Valle de los Caídos:

“Cuando empezamos a pintar la obra, hacía años que la democracia se solidificaba en España, los mismos que llevaba muerto el general; y, debido a su cercanía a la capital o se bombardeaba el monumento, lo cual nos parece una barbaridad, o se asume como lo que es: un conjunto escultórico-arquitectónico, producto de un pasado del que ya no se puede renegar, colocado en nuestra sierra madrileña, bueno para visitar.

Estos son y han sido las pobres ideas políticas con las que nos hemos enfrentado al monumento, mejor dicho al sentido que marca el monumento, porque las piedras y la temática que en él se representan son principios universales asumidos por el franquismo, sin ningún miramiento más que el propio engrandecimiento. Por eso y con las mismas libertades que ellos se tomaron en su momento, nos hemos permitido, siguiendo un principio puramente barroco, el interpretar la imaginería a nuestro modo, con gente de hoy en día vestidos como tales. Así pues, no es de extrañar el contemplar una Virgen Alaska, u otra en pantalones, pues ¿quién nos dice que la Macarena, mejor dicho, su modelo, no fue una belleza de la época? Y lo que está claro es que la Virgen no se paseaba por Galilea con esa vestimenta, sino por la mentalidad barroca de quienes la eligieron objeto de devoción para mayor atractivo de sus contemporáneos”.

En septiembre de 1987 se pudo ver la exposición en Inglaterra. En The Guardian apareció esta crítica: “El Valle de los Caídos de Costus pide prestada su pose a una piedad renacentista. Pero en lugar de poner a Cristo sobre los brazos de su madre muestran a un narcisista joven con el pelo a lo Bryan Ferry y palidez caravaggiesca que está tendido en el regazo de una neo-romántica bailarina de flamenco”. La neo-romántica bailarina de flamenco de la que habla este texto recogido en Costus: you are a star, no es otra que Olvido Gara, Alaska.

Costus hizo un nuevo Valle de los Caídos que no hacía falta contrastar con el otro para que tuviera sentido

“Costus hizo un nuevo Valle de los Caídos que no hacía falta contrastar con el real para que tenga sentido. La obra se puede ver en cualquier parte, de hecho la serie se expuso en Inglaterra y fue entendida perfectamente, incluso mejor que por muchos en España”, explica el historiador. Los que no conocen a los retratados sólo ven la obra. “Si tu miras la Piedad es una Piedad moderna, no a Alaska. Es algo que el tiempo va jugando a su favor, cada vez vamos conociendo menos a los personajes que están representados y va quedando más el simbolismo que hay detrás y hacerlo en un momento como los años 80”.

Ellos hicieron los cuadros con un conocimiento absoluto de la iconografía religiosa, y los personajes están seleccionados en función del santo al que representan, “no es casual que Paz Muro sea una de las Virtudes o Ana Curra sea la Templanza; todos están buscados para que haya una relación entre el personaje que representan, aunque la obra tiene más de retrato de grupo y de actualización de las formas de la pintura religiosa del Siglo de Oro que de pintura religiosa”, explica Pérez Manzanares. Ricardo Carrera, hermano de Juan, recuerda que es exactamente esto es lo que hizo Costus, “muchas de las Virgen de Murillo eran sus hijas las modelos, esto no es nada nuevo en la Historia del Arte.”

Juan, Alaska y Enrique.

Colocados o no, con amigos en calzoncillos, cantantes de rock y artistas en lugar de santos y santas esculpidas en el santuario en el que está enterrado el dictador Francisco Franco junto con algunos de sus fieles y muchas de sus víctimas, el acercamiento de Costus al Valle de los Caídos es muy respetuoso. “Lo es- asegura el historiador del arte-. Ellos toman el monumento y lo actualizan dando su visión personal sobre el mismo, hay cierta crítica implícita pero no es algo que sea evidente, podría haber quien lo vea como un homenaje, se mueve en un territorio muy ambiguo en el que es muy difícil poner interpretaciones de los artistas”.

Están las dos Españas de siempre y una tercera España que parece capaz de desprenderse de todo, “en aquel momento, estaba la idea de que esa era la España de la transición que tenía que ser moderna y quitarle hierro, cosa que luego hemos visto que no era muy posible, que los hierros del asunto siguen estando ahí. La Movida fue eso, ese boom celebratorio de la transición a la democracia y fue hacer tabla rasa y empezar desde cero”, concluye.

De entre esos hierros asoman anécdotas como la que cuenta Ricardo Carrero, hermano de Juan, quien hace poco “estaba enseñando el museo de Cádiz a unos profesores franceses interesados en la obra de Costus, cuando un señor entró en cólera porque Bibiana Fernández era la Modelo de la Virgen del Carmen, ¡Esta travesti, esta travesti, qué escándalo!, decía el señor. Pero unos días antes estuve con una estudiante neoyorquina de arte y ella no veía a Bibi, veía a la Virgen”.