Kobe Bryant en un partido de 2012

Kobe Bryant en un partido de 2012 EFE/EPA/PAUL BUCK

Tendencias

"Dear Kobe": adiós a uno de los más grandes del baloncesto

“Dear Basketball”. Querido baloncesto. Así empezó Kobe Bryant el poema con el que anunció su retirada. “Desde el momento en que empecé a ponerme los calcetines de mi padre y a lanzar tiros ganadores imaginarios en el Great Western Forum supe que había una cosa verdadera: me enamoré de ti. Un amor tan profundo que te lo di todo. Desde mi mente y mi cuerpo hasta mi espíritu y mi alma”.

Kobe Bryant lo hacía todo de una forma tan especial que proclamó su adiós un 30 de noviembre de 2015 con poema a su amado baloncesto en The Players Tribune. Ese mismo baloncesto que hoy llora sin consuelo alguno su muerte. Un accidente de helicóptero ha acabado con la vida de uno de los grandes deportistas de todos los tiempos con apenas 41 años.

Un líder nato, una bestia de la competición, un campeón y un hombre con un carisma desbordante. Ganador de cinco anillos de la NBA, doble campeón olímpico y cuarto máximo anotador histórico de la mejor liga del mundo. Buscando estadísticas suyas, uno encuentra récord tras récord.

Casado y padre de cuatro hijas, «the Black Mamba» fue un tirador a la altura de los Michel Jordan, Kareem Abdul-Jabbar, Larry Bird, Bill Russell y compañía. El mejor jugador de la primera década del siglo. El puente entre dos generaciones, la de Jordan y la de Lebron James. «Quizás Shaquille O’Neal fue más dominante y Tim Duncan más consistente, pero la grandeza y la popularidad de Kobe hicieron de él el jugador más importante de la primera década», escribió el experto J. A. Adande en una columna para la ESPN cuando se retiró Bryant. Y un dato más: entre el año 2000 y el 2010, las cuatro finales más vistas tuvieron a Bryant como protagonista.

«Yo no tuve la oportunidad de ver mucho a Jordan, pero Kobe fue mi Jordan», añadió hace años Paul George, uno de los más dominantes de la actual NBA. «Recuerdo verle por la televisión en casa con mi madre, mi abuela y mi padre, viéndole ganar títulos. Era mi ídolo. Cuando el partido acababa, me iba al patio a intentar imitarle».

A la NBA sin pasar por la Universidad

Hijo de Joe, ex jugador de la NBA, y de Pam, Kobe nació en Filadelfia el 23 de agosto de 1978 y con apenas seis años se mudó a Italia siguiendo la carrera profesional de su padre. Volvieron a «Philly» cuando el pequeño Kobe tenía 13 años y ya se atisbaba algo en él. Se apuntó al equipode baloncestode su instituto, el Lower Merion, y con el 33 a la espalda explotó todo su potencial.

Tanto, que cuando tenía 18 años fue elegido en el draft de 1996 sin haber pasado por la Universidad previamente. Sólo cinco jugadores antes habían logrado saltarse ese paso. No fueron los Lakers, sino los Charlotte Hornets, los que le ficharon, pero inmediatamente llegaron a un acuerdo con los angelinos para el traspaso.

Dos décadas vistiendo la púrpura y oro

Obviamente, ese movimiento cambió la historia de los Lakers (y la de los Hornets). Lo que siguieron fueron 20 temporadas en la ciudad de Hollywood, donde formó un equipo legendario junto a Shaquille O’Neal y con Phil Jackson en el banquillo. Juntos ganaron tres anillos consecutivos: 2000, 2001, 2002, algo que no ha vuelto a lograr ninguna franquicia. Casi una década después, y con Jackson de nuevo como técnico, encontró otro escudero de lujo en la cancha como Pau Gasol para sumar otros dos títulos más (2009 y 2010).

Era mi ídolo. Cuando acababa de verle por la tele, me iba al patio a imitar sus tiros»

Paul George, actual jugador de los Clippers

Sus últimas temporadas estuvieron plagadas de lesiones y su cuerpo empezó a mandarle señales de que nada, ni el mismo Kobe Bryant, es eterno. Se rompió el tendón de Aquiles en 2013 y un año después sufrió una fractura en la meseta tibial. Por eso, tomó la decisión que más le dolió en noviembre de 2015.

«Lo hice todo por ti porque eso es lo que uno hace cuando alguien te hace sentir tan vivo como tú me hiciste sentir», señaló en su poema de despedida. «Pero no puedo seguir amándote de forma tan obsesiva durante mucho más tiempo (…) Mi corazón puede soportar los golpes y mi mente puede manejar la lucha, pero mi cuerpo sabe que es momento de decir adiós».

Comentar ()