Cuando Barcelona debate, no sin controversia, cómo expulsar al coche de algunas de sus calles, Casa Seat propone el viaje contrario: La historia del urbanismo modificado a medida del automóvil que se hizo el dueño de las calles a lo largo del siglo XX. «Campañà. La estética de la modernidad mecánica» propone un recorrido por la transformación del paisaje urbano sobre cuatro ruedas.

Es la tercera entrega del particular renacimiento de fotógrafo catalán cuyo legado vive una auténtica primavera con la recuperación de su «caja roja» en la casa familiar de Sant Cugat (Barcelona). Un legado de fotografías de la Guerra Civil en Barcelona que expone paralelamente en MNAC, tras el libro publicado este año. A la exposiciones de Casa Seat y el MNAC se sumará esta primavera una muestra con fotografías sobre el exilio en el Museo del Exilio de la Junquera, y un documental sobre la «caja roja» de la guerra.

La «caja roja»

Son 5.000 fotografías que retratan la Barcelona republicana durante la guerra desde el punto de vista de Campañà. Catalanista, republicano y católico, Campañà recogió en sus imágenes las contradicciones de la guerra, los matices y el dolor que nos alejan de la imagen de blanco y negro, de buenos y malos, acomodada el relato posterior de la guerra.

Un fotógrafo se declaraba abiertamente «intervencionista» relata su nieto y comisario de la exposición en Casa Seat, Toni Monné, que con la guerra muta a una mirada mucho más espontánea, sin más intención que retratar el momento. Más cercana a la intención de un moderno instagramer que al fotógrafo que en 1933 se empapó en Alemania de las nuevas vanguardias para aprender la técnica del bromóleo propia del pictorialismo.

Una corriente que le uniría a una de las figuras determinantes en su historia personal y artística: José Ortiz Echágüe. Fotógrafo, ingeniero y fundador de C.A.S.A., Echágüe fue también el primer director de la Seat. Fue entonces cuando contacta con Campañà para convertirlo en fotógrafo oficial de la marca española en construcción. Un trabajo determinante para que Campañà dejara definitivamente las tiendas de fotografía que habían sido su auténtico sustento durante toda su vida.

Ortiz Echagüe, pictorialismo y Seat

«Campañà decide entonces que quiere dedicarse solo a hacer fotos» y Echágüe le permite hacerlo con unos ingresos fijos a cuenta de Seat. La elección no es casual. Más allá de compartir pasión y criterios estéticos con Echágüe, Campañà era un fanático de los coches, había hecho la guerra como conductor de camión del Ejército del aire -«era donde mejor se comía» relata Monné- y esa pasión se traslada a sus imágenes para Seat.

Ese es el hilo conductor de la exposición en Casa Seat, una muestra que recorre desde las carreras en Montjuïc antes de la guerra, con alguna imagen de Fangio incluida, y los primeros automóviles como símbolo distintivo de la floreciente burguesía catalana a esos mismos vehículos embargados durante la guerra por la FAI, la CNT o Estat Català -la fotografía de un Skoda cubierto con la estelada no puede ser más actual-.

El desfile de la victoria, con la caída de Barcelona, y las imágenes de coches abandonados en el paso de la Junquera, el rastro del exilio, cierran ese bloque. A continuación, la eclosión de Seat, dos décadas después, con imágenes publicitarias de sus modelos más icónicos, con el 600 a la cabeza. Junto a los coches, imágenes de la primera fábrica de la marca, un prodigio de modernidad para la España de la época, con sus cocinas de aluminio y un presidente, Ortiz Echágüe, capaz de aguantar el flash del fotógrafo Campañà mientras retrata la cadena de montaje.

Casa Seat acoge en sus tres espacios 237 imágenes en diversos soportes, desde impresiones de gran formato a proyecciones, pasando por un remedo de laboratorio fotográfico con auto retratos del autor, en la exposición «Campañà. La estética de la modernidad mecánica». Un recorrido por cinco décadas, de 1925 a 1975 que se cierra con el viaje del fotógrafo en 600 por diversas capitales europeas, disponible hasta el 15 de junio.