El Globo de Oro al mejor pódcast se ha estrenado con polémica. Menos de 24 horas después de que la actriz y humorista Amy Poehler recogiera el premio por Good Hang, Megyn Kelly ha dedicado buena parte de su programa diario de dos horas a desautorizar la decisión. Lo ha hecho con sarcasmo, reproches al oficio y una acusación central: falta de preparación y “disrespect” hacia los invitados.
Desde el muy seguido The Megyn Kelly Show, la ex presentadora de Fox News ha sostenido que el triunfo de Poehler –que presentó la gala en 2013 y 2014 junto a Tina Fey– responde a una lógica endogámica. “Ganó Amy Poehler. Ninguna sorpresa: se lo han dado a una de los suyos”, ha dicho, antes de añadir con ironía que todo encaja porque se trata de un pódcast “realmente profundo, de esos tras los que te sientes enriquecido”. “Nunca lo he visto", ha matizado, "pero por los clips que circulan pensé: Dios mío, ¿qué me estoy perdiendo?”.
Kelly ha puesto como ejemplo el último episodio con Gwyneth Paltrow, en el que la conductora confundió la filmografía de la actriz —le preguntó por Cold Mountain, una película protagonizada por Nicole Kidman—. “Lo resolvieron como si fuera divertidísimo”, ha señalado, para después cargar contra la falta de preparación de los responsables del pódcast: “La verdad es que no le mostró a su invitada el respeto mínimo de saber cuál es su trabajo”. Su conclusión ha sido clara y directa: “Eso es embarazoso y poco respetuoso, y supongo que así es como se gana, yay, el premio al mejor pódcast”.
"Todo está comprado"
Kelly no se ha limitado a cuestionar el contenido del pódcast premiado. También ha cargado contra el propio sistema del Globo de Oro, al que ha acusado de basarse en el lobbying y la autopromoción. Según ha contado, para optar al premio era necesario “rellenar formularios, pagar una tasa” y, además, viajar a Hollywood para mantener encuentros privados con miembros votantes “entre bambalinas, para convencerlos de que te voten”. “Antes prefiero pegarme un tiro”, ironizó al explicar por qué retiró su candidatura. A su juicio, el resultado confirma la lógica del proceso: “No se ha subido al escenario nadie que no haya hecho campaña por su premio. Todo está comprado y pagado”.
Su comentario no fue una ocurrencia de última hora: Kelly respira por la herida. La periodista ya había anunciado hace meses que retiraba su propio programa de la competición por considerar “extraño” el sistema de candidaturas y por no sentirse cómoda con la lógica de premios del sector. “Toda esa dinámica de autopromoción, de pagar, pedir el voto y seducir a los votantes, me parece ridícula”, explicó entonces, asegurando que no tenía “ningún interés en sus estúpidos premios”. La victoria de Good Hang –por delante de títulos de gran audiencia como SmartLess, el pódcast de entrevistas informales conducido por los también actores Jason Bateman, Will Arnett y Sean Hayes; Call Her Daddy, el espacio de confesiones y cultura pop presentado por Alex Cooper; o Up First, el pódcast informativo diario de la radio pública estadounidense NPR– ha transformado su enfado en ataque frontal.
De Fox News al cine de la mano de Charlize Theron
Abogada de formación, Kelly fue durante casi quince años uno de los rostros más reconocibles de Fox News, donde se labró reputación como entrevistadora dura en el prime time. Su ruptura con la cadena y su breve paso por NBC –que terminó de manera abrupta– marcaron el inicio de una reconversión hacia el ecosistema digital. Hoy conduce un programa diario con millones de seguidores en YouTube y pódcast, explícitamente alineado con la derecha estadounidense y con una defensa abierta de Donald Trump, a quien llegó a respaldar públicamente en campaña (también apoyó la carrera hacia la Casa Blanca de Hillary Clinton).
Kelly también forma parte del imaginario pop reciente por otra razón. Su papel en la caída del fundador de Fox, Roger Ailes, y las denuncias internas por acoso sexual fueron llevadas al cine en Bombshell (2019), donde fue interpretada por Charlize Theron, en una transformación muy comentada y premiada (fue nominada al Oscar, al Globo de Oro y a Bafta).
La disputa con Poehler, en ese sentido, no es solo un rifirrafe de alfombra roja. Expone la colisión entre dos maneras de entender el nuevo negocio del audio: el pódcast como extensión relajada del sistema de celebrities o como tribuna ideológica y de combate cultural. Un sofá de confesiones al estilo Vicky Martín Berrocal o un púlpito agreste como el de Federico Jiménez Losantos, por poner ejemplos domésticos. El choque alrededor de este novísimo Globo de Oro dice tanto del estado incipiente del formato como de quienes compiten por apropiárselo.
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