Parece que las alas de su cubierta ondulada estén a punto de alzarse en vuelo. Veinte años después de su inauguración, la Terminal 4 (T4) del Aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas sigue siendo sinónimo de modernidad, eficiencia y ambición. Inaugurada el 5 de febrero de 2006 por Aena, la T4 no solo transformó el aeropuerto madrileño, sino que redefinió la manera en la que España se presentaba al mundo en pleno inicio del siglo XXI.

Concebida como un gran motor económico y una puerta de conexión entre el sur de Europa y América, la T4 nació en una España optimista, deseosa de situarse en la vanguardia internacional.

Un proyecto nacido de una llamada inesperada

La historia de la T4 comienza en 1997, cuando Aena convocó un concurso internacional para ampliar Barajas ante el crecimiento imparable del tráfico aéreo. El proyecto ganador fue el presentado por un consorcio formado por Estudio Lamela y Richard Rogers Partnership -hoy RSHP- junto a las ingenierías Initec y TPS.

Según informa EFE, Antonio Lamela y Richard Rogers no se conocían previamente. Fue una llamada telefónica, aparentemente sencilla, la que selló una alianza que se prolongaría durante una década. “Fue un acuerdo de palabra”, explica Carlos Lamela, hijo del arquitecto madrileño y hoy presidente de Estudio Lamela. El resultado fue una simbiosis perfecta: la experiencia internacional y el “músculo" de Rogers, junto a la sensibilidad por el entorno y el enfoque humanista de Lamela. El edificio, construido en algo más de cinco años, fue en su momento el más grande del mundo y se convirtió en un hito adelantado a su tiempo.

Belleza, funcionalidad y premios internacionales

La T4 es mucho más que una infraestructura aeroportuaria. Su estructura diáfana de hormigón armado, sostenida por columnas que permiten una gran sensación de amplitud, se cubre con un techo ondulado de doble curvatura revestido de bambú. La cubierta, que evoca olas o alas en pleno vuelo, se ha convertido en una de sus señas de identidad.

La terminal ocupa más de 470.000 metros cuadrados distribuidos en seis niveles y se organiza en tres grandes edificios: el procesador de facturación, el dique de embarque y el edificio satélite T4S, situado a dos kilómetros y conectado mediante un túnel y un tren automático capaz de transportar hasta 13.000 pasajeros por hora.

Esta combinación de estética y funcionalidad fue reconocida con algunos de los premios de arquitectura más prestigiosos del mundo, como el Premio Stirling 2006 y el European Award del Royal Institute of British Architects (RIBA). Para expertos del sector, la T4 es una de las grandes obras públicas europeas de las últimas décadas y una puerta de entrada a Madrid acorde a su proyección internacional.

Sin embargo, el diseño de la T4 no surgió de la nada. Su concepción encaja con una manera de entender la arquitectura aeroportuaria que empezó a tomar forma décadas antes en el Reino Unido y que tiene en Norman Foster una de sus figuras clave. Foster y Richard Rogers, socios en los inicios de sus carreras y referentes de la arquitectura high-tech, compartieron una visión que cambiaría para siempre el diseño de los aeropuertos contemporáneos.

De Stansted a Barajas: la influencia de Norman Foster y la herencia compartida

En una entrevista concedida en 2012, Foster reflexionaba sobre uno de los proyectos que marcaron ese punto de inflexión: el aeropuerto de Stansted, inaugurado en los años noventa y galardonado con el Premio Mies van der Rohe en los años 90. “En ocasiones das con soluciones de diseño que resultan una reinvención”, explicaba. Hasta entonces, los aeropuertos eran “un conjunto de cajas cerradas”, edificios pesados y herméticos en los que las instalaciones técnicas dominaban el espacio.

La gran innovación de Stansted fue radical y sencilla a la vez: trasladar todo el equipamiento pesado bajo la estructura del edificio. De ese modo, la cubierta quedaba liberada y el espacio interior se transformaba en una gran área diáfana y transparente, inundada de luz natural. “Creamos un espacio que permitía la entrada de luz solar a través de la cubierta”, relataba Foster.

El modelo iniciado en Stansted se desarrolló después en proyectos como el aeropuerto de Hong Kong o el de Pekín y, con matices propios, acabó influyendo en buena parte de las grandes terminales construidas en las décadas siguientes. “Todos han tomado el modelo que iniciamos en Stansted y lo han desarrollado”, afirmaba Foster, que reconocía sentirse “halagado” por esa herencia compartida.

La Terminal 4 de Barajas recoge claramente ese legado. La cubierta ondulada, la estructura ligera apoyada sobre columnas, la claridad espacial y el protagonismo de la luz natural conectan con esa idea de aeropuerto como espacio abierto, comprensible y humano. En Barajas, esa visión se reinterpretó con la sensibilidad de Antonio Lamela hacia el lugar y el paisaje, y con la experiencia internacional de Richard Rogers, dando como resultado un edificio que no solo resolvía un problema de capacidad, sino que proponía una nueva manera de viajar.

Hitos y tragedias de sus primeros años

El 5 de febrero de 2006, un día después de su apertura, despegó, desde sus instalaciones, un primer vuelo a las 5:30 horas con destino Barcelona, operado por Iberia. Después de ese vuelo - y hasta día de hoy - la Terminal 4 ha sido el escenario de cientos de vuelos diarios. Una muestra de que tras dos décadas en funcionamiento, y lejos de perder vigencia, el edificio continúa siendo un referente arquitectónico y funcional además de una pieza clave en el crecimiento del mayor aeropuerto del país.

No obstante, los primeros días no estuvieron exentos de problemas, con incidencias en el tren de conexión con el satélite y largas colas de pasajeros. Ese mismo año, la terminal quedó marcada por la tragedia del atentado de ETA del 30 de diciembre, cuando una furgoneta bomba explotó en el aparcamiento del módulo D, causando dos víctimas mortales. Años después, en 2008, la T4 volvió a convertirse en escenario del duelo colectivo tras el accidente de Spanair.

Un presente sólido y un futuro en expansión

Mientras que en su primer año de funcionamiento, la T4 superó los 50 millones de pasajeros, en 2025 el aeropuerto cerró el mejor año de su historia con más de 68 millones de viajeros. Hoy, la T4 y su satélite suman cerca de 800.000 metros cuadrados y pueden atender hasta 10.400 pasajeros en hora punta.

De cara al futuro, Aena ha anunciado inversiones cercanas a los 4.000 millones de euros para modernizar y ampliar Barajas, con la prolongación de la T4 y la T4S y la remodelación del resto de terminales. Dos décadas después, la Terminal 4 no solo celebra su aniversario: sigue mirando al futuro como uno de los grandes símbolos de la arquitectura y la aviación europeas.