Durante casi una década, el Arabia Saudí del joven príncipe heredero Mohamed bin Salman ha vendido al mundo una narrativa de futurismo sin límites, digno de la mejor ciencia ficción manufacturada en Hollywood: ciudades lineales en el desierto, rascacielos imposibles, estaciones de esquí junto al mar Rojo y megaproyectos llamados a redefinir una economía adicta hasta ahora al petróleo. Un potente relato, unido al controvertido aperturismo de un reino guardián de las esencias del islam, que empieza a resquebrajarse. La revisión, congelación o reducción drástica de algunos de los proyectos emblemáticos de la Visión 2030 sugiere que Riad ha chocado con una realidad mucho menos poética y más prosaica: los costes, la viabilidad técnica y el dinero ya no cuadran.

El último símbolo del frenazo es el Mukaab, el colosal cubo metálico que debía erigirse en el corazón del nuevo distrito de New Murabba, en Riad, la capital saudí. Arabia Saudí ha suspendido las obras más allá de la excavación del terreno y los primeros pilares mientras reevalúa la financiación y la viabilidad del proyecto. Concebido como una estructura de 400 metros por 400 metros, con una cúpula interior equipada con pantallas impulsadas por inteligencia artificial, el Mukaab aspiraba a convertirse en el mayor edificio construido jamás, con espacio suficiente para albergar hasta veinte Empire State.
“Cuando entras en el Mukaab, entras en otro mundo”, proclamó en diciembre su consejero delegado, Michael Dyke, ante una audiencia en Riad. En la misma intervención reconoció las dificultades: “Intentar resolver algo que hoy no existe resulta bastante desafiante”. Hoy, el futuro de ese “otro mundo” prometido es completamente incierto.
Un coincidencia de razones
El parón del Mukaab no es un caso aislado. Forma parte de una reorientación más amplia del Fondo de Inversión Pública saudí (PIF), el brazo financiero del príncipe heredero Mohamed bin Salmán, que gestiona activos por cerca de un billón de dólares. Tras amortizar 8.000 millones de dólares en inversiones en megaproyectos a finales de 2024, el PIF ha empezado a priorizar sectores con retornos más inmediatos, como la logística, la minería o la inteligencia artificial, y a dejar en segundo plano los sueños arquitectónicos más extravagantes, la construcción de una Arcadia que exige demasiado capital, incluso para los cálculos de la Meca de los petrodólares.
“Las informaciones de los medios de comunicación que apuntan a una reducción de Neom y a una suspensión de Mukaab coinciden con los mensajes de varios ministros y tienen todo el sentido del mundo, dada la excesiva ambición de estos proyectos tanto desde el punto de vista técnico como financiero”, reconoce a El Independiente Tim Callen, investigador visitante del Instituto de los Estados Árabes del Golfo. “Entre las razones para reducir algunos proyectos y suspender otros hay una conjunción de varios factores”, desliza.

“En primer lugar, la bajada de los precios del petróleo significa que hay menos financiación disponible para los proyectos y que hay que tomar decisiones sobre las prioridades. Desde que se anunció Neom, se han anunciado varios eventos mundiales en Arabia Saudí y la inteligencia artificial ha cobrado importancia para los esponsables políticos. Ahora son prioridades más importantes”, arguye.
“En segundo lugar, es posible que algunas partes de Neom y Mukaab no sean técnicamente viables en esta fase. En tercer lugar, es probable que las revisiones hayan revaluado el análisis de coste/beneficio de algunos de los proyectos y hayan concluido que, con el paso del tiempo, pueden ser menos deseables desde el punto de vista económico de lo que se pensaba inicialmente”.
Es posible que algunas partes de Neom y Mukaab no sean técnicamente viables en esta fase
El crudo sigue siendo el motor de la economía saudí. Los precios del petróleo siguen muy por debajo de los niveles necesarios para financiar sin sobresaltos la transformación económica prometida. El ministro saudí de Economía, Faisal al Ibrahim, lo admitió sin rodeos a Reuters la semana pasada: “Somos muy transparentes. No vamos a rehuir decir que tuvimos que cambiar un proyecto, retrasarlo o redefinir su alcance”.

El sueño imposible de Neom
New Murabba, el distrito que debía girar en torno al Mukaab, ilustra el desfase entre ambición y realidad. La consultora Knight Frank estima que el desarrollo costará unos 50.000 millones de dólares, una cifra equivalente al PIB de Jordania. Inicialmente previsto para completarse en 2030, ahora no se espera su finalización hasta 2040. El Gobierno saudí había prometido 104.000 viviendas, 334.000 empleos y un impacto de 180.000 millones de riales en el PIB. De momento, el proyecto avanza a trompicones, junto a otros tantos que se desarrollan en la capital o en sus inmediaciones como Diriyah.
El repentino frenazo a las aspiraciones saudíes alcanza también a la joya de la corona de Visión 2030: Neom, la megaciudad futurista a orillas del mar Rojo sobre una zona que con una superficie similar a la de toda Galicia. Tras años de retrasos y sobrecostes, el proyecto -que obligó al destierro forzoso de las tribus que habitaban el páramo y tenía costes medioambientales disparatados- será “mucho más pequeño” de lo inicialmente previsto, según fuentes citadas por el Financial Times. El príncipe Mohamed bin Salman, presidente de Neom, habría asumido que el concepto original era excesivamente ambicioso tanto en lo técnico como en lo financiero.
La Línea (The line, en inglés), la ciudad lineal de 170 kilómetros que debía atravesar el desierto, será radicalmente rediseñada. “La Línea será un concepto totalmente diferente. Usará la infraestructura existente de una manera completamente distinta”, explica una de las personas conocedoras de las deliberaciones internas. Neom podría reconvertirse en un polo industrial y tecnológico, con especial énfasis en centros de datos. “Los centros de datos necesitan refrigeración por agua y esto está justo en la costa, así que usará agua de mar. Será un gran centro de datos”, añade la misma fuente.
“De cara al futuro, creo que es necesario reevaluar todos los proyectos principales para garantizar que sean viables desde el punto de vista financiero y técnico, y que se haya realizado un análisis adecuado de coste/beneficio para asegurarse de que, una vez completados, aportarán un valor económico suficiente para compensar su coste”, subraya Callen a modo de la lección que deja la fiebre por los megaproyectos que se iniciaron hace una década en Arabia Saudí tras el golpe palaciego que catapultó hasta la primera línea sucesoria al joven Bin Salman, el hombre que desde entonces ha liderado “de facto” el país.

Esquiar en la península Arábiga
El repliegue ya tiene consecuencias visibles. Arabia Saudí ha aplazado indefinidamente la celebración de los Juegos Asiáticos de Invierno de 2029 en Trojena, la estación de esquí de Neom, otro proyecto emblemático ahora afectado por el cambio de planes. La revisión integral de Neom, lanzada tras la salida abrupta de su consejero delegado Nadhmi al Nasr en noviembre de 2024, concluirá previsiblemente a finales del primer trimestre de este año.
Neom defiende que los cambios responden a una planificación responsable. “Siempre estamos analizando cómo escalonar y priorizar nuestras iniciativas para que se alineen con los objetivos nacionales y creen valor a largo plazo”, señaló el proyecto en un comunicado al Financial Times. “Como desarrollo pensado para abarcar generaciones, Neom avanza en función de las prioridades estratégicas, la madurez del mercado y un impacto económico sostenible”.

En modo de realismo forzoso
Los analistas, sin embargo, subrayan que el ajuste responde a factores estructurales. Kristian Coates Ulrichsen, profesor de la Universidad estadounidense de Rice y reputado experto en Oriente Próximo, habla de expectativas que se ajustan a la fuerza. “La cancelación y reducción de proyectos como Murabba, Trojena o los planes para La Línea y Neom indican que el coste de desarrollarlos se ha vuelto insostenible en el clima económico actual, impulsado por menores ingresos petroleros y una inversión extranjera inferior a la esperada”, explica. A su juicio, Riad intenta ganar tiempo: “No me sorprendería que no se construyera nada significativo antes de 2030. El Mundial de fútbol de 2034 da margen para extender los plazos y desplazar el horizonte de desarrollo”.
Los ingresos no bastan para cubrir las necesidades de gasto, los déficits se amplían y la deuda pública aumenta
El diagnóstico es compartido por James Swanston, economista de Capital Economics, que apunta directamente al petróleo: “La razón fundamental del recorte de estos proyectos son los bajos precios del crudo”. “Los ingresos no bastan para cubrir las necesidades de gasto, los déficits se amplían y la deuda pública aumenta. Subir impuestos es difícil y recortar gasto corriente es políticamente costoso, así que reducir el desembolso en estos proyectos es la opción más viable a corto plazo”, desgrana.
En Davos, el ministro de Finanzas saudí, Mohammed al Jadaan, defendió la disciplina fiscal como “el ancla de la economía”. “No hay vergüenza ni ego en ajustar o ralentizar ciertos sectores o proyectos para que la economía crezca contigo”, afirmó. El gobernador del PIF, Yasir al Rumayyan, resumió la nueva filosofía: “No queremos dar la misma prioridad a todas las inversiones. Esto nos ayudará a priorizar el despliegue de capital en función de los plazos”.
Tras años de anuncios grandilocuentes y recreaciones futuristas, Arabia Saudí parece deslizarse por una fase de realismo forzado. La fiesta de los megaproyectos con los que el futuro rey de Arabia Saudí apareció en escena hace una década ha comenzado a agotarse. El reino sigue decidido a transformar su economía, pero lo hará a golpe de menos fuegos artificiales y más calculadora.
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