El consejo de supervisión de la KBB, el ente estatal responsable de la Berlinale y presidido por el ministro de Cultura, se reunirá este jueves en sesión extraordinaria para decidir sobre “la futura orientación” del festival, tras la polémica generada por las declaraciones propalestinas pronunciadas durante la gala de clausura, celebrada el pasado sábado en Berlín.

El portavoz adjunto del Ejecutivo, Steffen Meyer, no ha querido confirmar ni desmentir este miércoles una información publicada por el diario Bild sobre una posible destitución de la directora del certamen, la estadounidense Tricia Tuttle. Sí ha confirmado que el órgano de supervisión se reunirá para abordar el rumbo del festival.

La organización de la Berlinale se ha limitado a confirmar a EFE la convocatoria e indicó que no comentará “especulaciones adicionales”.

La controversia se desencadenó tras la intervención del cineasta palestino-sirio Abdallah Alkhatib, premiado con el galardón a la mejor Ópera Prima por Chronicles From the Siege. Desde el escenario acusó al Gobierno alemán de ser “cómplice del genocidio en Gaza por parte de Israel” y afirmó: “Nos acordaremos de todos los que estuvieron a nuestro lado y nos acordaremos de todos los que estuvieron en contra de nosotros, contra nuestro derecho a vivir con dignidad, o que eligieron el silencio”.

El Gobierno alemán, molesto

El ministro de Medio Ambiente, Carsten Schneider, único miembro del gabinete del canciller Friedrich Merz presente en la ceremonia, abandonó la sala en señal de protesta. Percibió las palabras del director “como inaceptables” y por eso se marchó durante el discurso. “En esta situación era la única posibilidad de expresar su distanciamiento”, ha explicado el portavoz de su ministerio, Nikolai Fichtner.

Desde la Cancillería, el portavoz Stefan Kornelius ha señalado que la libre expresión de los artistas forma parte del “ADN del festival”, pero ha advertido de que no se puede admitir que desde la tribuna se presione al sector del cine para que se posicione “de forma unilateral y marcada por el odio a Israel”.

El ministro de Cultura, Wolfram Weimer, ha sido más explícito en declaraciones a Bild: “La Berlinale no es un lugar para la incitación al odio, las amenazas y el antisemitismo. Allí no debe darse rienda suelta al odio a Israel, y mucho menos financiado con dinero público”.

Tuttle con kufiya

Según ese diario, que cita fuentes de la KBB, la reunión de este jueves abordará también la continuidad de Tuttle al frente del festival. El malestar no se limitaría al discurso del sábado, sino también a una fotografía tomada días antes en la que la directora aparecía junto al equipo de Chronicles From the Siege, varios de cuyos integrantes portaban la kufiya palestina.

La 76ª edición del certamen ha estado marcada por la tensión en torno a la guerra en Gaza. El Oso de Oro fue para Yellow Letters, del cineasta turco-alemán Ilker Çatar. Durante la gala, el presidente del jurado, Wim Wenders, reiteró que el cine debe mantenerse al margen de la política: “Nosotros somos el contrapeso de la política. Somos lo contrario de la política. Tenemos que hacer el trabajo de la gente y no el trabajo de los políticos”.

La propia Tuttle defendió que la crítica y alzar la voz forman parte de la democracia, aunque la Berlinale “no puede resolver los conflictos del mundo”, aun cuando se celebra “en un mundo que se siente herido y fracturado”. La reunión del jueves determinará ahora si la controversia tiene consecuencias en la dirección del festival.