El arquitecto chileno Smiljan Radić Clarke ha sido distinguido con el Premio Pritzker de Arquitectura 2026, el mayor reconocimiento mundial de la disciplina. El jurado ha destacado la “originalidad radical” de una obra situada “en una encrucijada entre la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural”, según el fallo, hecho público este jueves, de un jurado presidido por su colega y compatriota Alejandro Aravena, premio Pritzker 2016.
Radić, nacido en Santiago de Chile en 1965, ha desarrollado una arquitectura difícil de clasificar, marcada por la mezcla de referencias culturales, una atención extrema a los materiales y una preferencia por estructuras que parecen frágiles o inacabadas. “Las ideas habitan las cosas. Siempre he intentado crear entornos donde otros puedan descubrir ideas emergentes”, señala el arquitecto en el comunicado difundido por la organización del galardón.
El jurado del Pritzker ha subrayado un rasgo constante en su trabajo: la voluntad de evitar un lenguaje formal repetible. En lugar de un estilo reconocible, cada proyecto surge de las condiciones específicas del lugar, el programa y el contexto cultural.
Una arquitectura de la fragilidad
“Smiljan Radić privilegia la fragilidad frente a cualquier afirmación injustificada de certeza”, afirma la cita oficial del premio. Sus edificios, añade el jurado, “parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados –casi a punto de desaparecer– y sin embargo proporcionan un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre”.
El propio arquitecto ha formulado esa tensión en términos temporales. “La arquitectura existe entre formas grandes, masivas y duraderas –estructuras que permanecen bajo el sol durante siglos– y construcciones más pequeñas y frágiles, efímeras como la vida de una mosca”, ha explicado. En ese intervalo, afirma, la tarea consiste en “crear experiencias que transmitan presencia emocional y animen a las personas a detenerse y reconsiderar un mundo que a menudo pasa ante ellas con indiferencia”.
Trayectoria y formación
Radić se formó en la Escuela de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde se graduó en 1989, y posteriormente amplió estudios en el Istituto Universitario di Architettura di Venezia. En 1995 abrió su estudio en Santiago, que ha mantenido deliberadamente pequeño y que sigue dirigiendo desde Chile.
Su trayectoria ha estado acompañada por una colaboración frecuente con la escultora Marcela Correa, con quien realizó uno de sus primeros proyectos, la Casa Chica (Vilches, 1997), una construcción de apenas 24 metros cuadrados levantada a mano en la cordillera de los Andes.
A lo largo de su carrera ha recibido numerosos reconocimientos internacionales. Entre ellos figuran el Design Vanguard Award de Architectural Record (2008), el Arnold W. Brunner Memorial Prize de la Academia Americana de Artes y Letras (2018) y el Oris Award de Croacia.
En 2017 impulsó además la Fundación de Arquitectura Frágil, dedicada a promover la investigación y la difusión de prácticas arquitectónicas experimentales.
Obras clave
La obra de Radić combina edificios públicos, intervenciones culturales y proyectos residenciales que suelen situarse en los márgenes entre arquitectura, escultura y paisaje.
Entre sus trabajos más conocidos figura el Pabellón de la Serpentine Gallery en Londres (2014), una estructura translúcida apoyada sobre grandes bloques de piedra que reinterpretaba la tradición de las follies de jardín. También destaca el Teatro Regional del Bío-Bío en Concepción (Chile), inaugurado en 2018, cuya envolvente semitransparente regula la entrada de luz y contribuye a la acústica interior.
Otros proyectos relevantes son el centro de creación Nave en Santiago, la ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino, la Casa para el Poema del Ángulo Recto en Vilches o el restaurante Mestizo, también en Santiago.
En todos ellos aparecen algunos rasgos recurrentes: el uso deliberado de materiales elementales –hormigón, madera, piedra o fibra de vidrio–, la atención a la escala del paisaje y una constante exploración de la relación entre refugio y exposición.
La arquitectura como experiencia
Radić ha insistido en que su arquitectura no se concibe únicamente como forma visible, sino como una experiencia espacial. Según el jurado del Pritzker, sus proyectos “trabajan con dimensiones de la experiencia que son inmediatamente palpables pero escapan a la verbalización”.
Ese enfoque aparece también en su reflexión teórica. Durante una conferencia impartida en el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid en 2016, explicó que su método de trabajo se basa en “poner en relación cosas distintas”, una práctica que compara con los bestiarios medievales, donde criaturas híbridas surgían de la combinación de elementos conocidos.
En ese sentido, ha descrito sus proyectos como un proceso de ensamblaje más que de invención formal. “No necesariamente hay que ser un inventor de forma –señaló entonces–. A veces basta con reunir cosas bajo un objetivo común”.
Proyectos en España
Aunque la mayor parte de su obra se ha desarrollado en Chile, Radić mantiene varios proyectos vinculados a España. El más significativo es el Solo Hotel, concebido dentro del proyecto arquitectónico Solo Houses en la comarca turolense del Matarraña, en el Bajo Aragón.
La iniciativa, impulsada por los galeristas Christian Bourdais y Eva Albarrán, ocupa cerca de 200 hectáreas en el entorno natural de Los Puertos de Beceite y reúne una serie de viviendas experimentales, espacios de arte contemporáneo y recorridos paisajísticos concebidos específicamente para el lugar. En ese conjunto –donde ya se han construido casas de estudios como Pezo von Ellrichshausen u Office KGDVS– el hotel diseñado por Radić está pensado como la pieza central del proyecto.
El edificio responde a una estrategia habitual en la arquitectura del chileno: intervenir lo mínimo posible en el terreno. El proyecto se articula a partir de una losa de hormigón pigmentada en negro que se eleva apenas cincuenta centímetros sobre el suelo mediante pilotes, de modo que el edificio parece flotar ligeramente sobre el paisaje de rocas grises, pinares y colinas bajas. La operación permite delimitar un espacio habitado en medio de la naturaleza sin modificar la topografía original del lugar.
La forma del edificio procede de un elemento aparentemente menor. Según la documentación del proyecto, Radić tomó como referencia los restos de una tabla de espino utilizada para fabricar clavijas de madera en una escultura de Marcela Correa, su colaboradora habitual. Ese fragmento de madera acabó convirtiéndose en el punto de partida para la geometría del hotel y para una estrategia de implantación que buscaba reducir al mínimo la intervención en el terreno.
Además de este proyecto, el estudio de Radić participa en España en la construcción y rehabilitación del recinto de la Fira de Barcelona, una intervención que combina nuevas edificaciones con la transformación de estructuras existentes en el complejo ferial y que se prevé que esté terminada para 2029, centenario de la Exposición Universal de 1929.
Ambos encargos forman parte de una etapa reciente en la que el arquitecto chileno ha ampliado su actividad internacional, con proyectos en curso también en Albania, Suiza y Reino Unido.
Un reconocimiento a una trayectoria singular
El jurado del Premio Pritzker de 2026 ha estado presidido por el arquitecto chileno Alejandro Aravena, ganador del galardón en 2016, e integrado por figuras como Barry Bergdoll, Deborah Berke, Stephen Breyer, André Aranha Corrêa do Lago, Anne Lacaton, Hashim Sarkis y Kazuyo Sejima.
La distinción reconoce, según el acta, “un cuerpo de trabajo profundamente original que devuelve lo monumental a la experiencia cotidiana y propone una arquitectura capaz de reconciliar fragilidad y permanencia”.
Radić continúa trabajando desde su estudio en Santiago. Su arquitectura, afirma el jurado, demuestra que “la innovación no necesita un lenguaje repetible”, sino una atención constante a la experiencia humana y al contexto en el que surge cada edificio.
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