Números de magia, trucos de escena, corta cuerpos y cabezas, transformación insólita, escapismo, nada por aquí nada por allá, ni más ni menos, nada, todo. Con Harry Houdini la magia cobra prestigio, causa admiración, plantea nuevos retos. Es la grandeza del espectáculo de la ilusión. No rodarán cabezas, los candados serán dóciles a la apertura, hasta la muerte puede convertirse en prestidigitación.

Ciertamente dan vértigo algunos retos, hacen dudar los efectos ópticos, es el juego de la distracción. Enseño una mano y con la otra ejecuto, oculto, aparece la sorpresa, lo inesperado, el asombro de lo increíble. Houdini fue un maestro y un pionero en el escapismo, pero ejercitó todo tipo de ilusionismo, creando auténtica fascinación en sus espectadores. 

Ahora nos presentan con gran elegancia Houdini, en musical, pero no solo incidiendo en sus números de taumaturgia, sino en su lado humano, en la relación con su esposa, con su hermano, en la obsesión por destacar y triunfar siendo único, intentando llegar más allá que los demás, engalanando la magia y elevándola a gran espectáculo. 

Un todo muy bien estructurado

Esto es lo que vemos en el escenario. Un gran espectáculo musical, donde las canciones ayudan a favorecer la historia, y no resultan ni muchas ni empalagosas, ni mal colocadas. Así como los pocos números coreográficos, magnífico el baile del claqué, que decoran la propia historia y a su personaje principal, interpretado con gran maestría por Pablo Puyol y muy bien secundado por Julia Möller, Christian Escuredo y Juan Dos Santos, además de todo un elenco entregado, en la sujeción de sus intérpretes principales, conformando, de esta manera, un todo muy bien estructurado y sin fisuras para que no falle ningún truco ni ningún baile ni ninguna canción. 

De alguna manera, la figura de Houdini, con sus escapismos, viene a representar la libertad. En la más estricta definición de la palabra: no tener ataduras, ni grilletes, ni cuerdas, ni espacios cerrados donde el mago no probara a escapar de manera física y real, nada podía atarle a nada, ni siquiera los sueños. 

El encanto de la magia

Muy preparado físicamente, también fue muy inteligente, provocador, aceptando o proponiendo retos que muchos consideraban auténticas locuras. Así consiguió su merecida fama.

El espectáculo hace un repaso por más de veinte números de ilusionismo que siguen asombrando por la rapidez en su resolución, por la limpieza de los mismos, aunque algunas veces se juegue, lógicamente, con la parafernalia de la iluminación, con el encanto de la música, con la seducción de las voces cantadas, con el ritmo de las coreografías, con el encantamiento del variado vestuario. 

Antes de la representación en sí misma, se puede asistir a un recorrido interactivo por las dependencias del Teatro Calderón, donde se da cuenta de parte de la historia del ilusionismo, donde se pueden apreciar objetos utilizados para los mismos, incluso de la propia estructura de las estancias del Calderón, que es donde tiene lugar este musical de magnetismo atrayente y del que no querremos escaparnos, al contrario de lo que intentaba siempre el gran Houdini. 


'Houdini', de Federico Bellone, en el Teatro Calderón de Madrid. Funciones disponibles hasta el 3 de mayo