Tiene la sociedad española una deuda de agradecimiento con Jon Viar (Bilbao, 1985), por Traidores (2020), una película documental, biográficamente desgarradora y honesta, que es uno de los testimonios más esclarecedores para entender cómo el odio asesino de ETA, que sembró el terror en España durante más de 50 años, sólo se entiende a partir de un nacionalismo xenófobo y excluyente que ha ido arraigando en la sociedad vasca hasta convertirse en pensamiento único. Sin embargo, a excepción de un premiado corto anterior, Derbi, la carrera de Viar está sobre todo vinculada al teatro, una vocación que tuvo clara desde casi adolescente, cuando actuaba en grupos escolares y de aficionados, y que le llevó a doctorarse en Estudios literarios y teatrales en la Universidad de Alcalá y a convertirse en profesor de dramaturgia en la Escuela Superior de Arte Dramático de Castilla y León, en Valladolid. Y por supuesto, a escribir piezas dramáticas, siempre desde “una mirada escéptica ante el absurdo de la vida”, sin dogmas ni militancia de ningún tipo, y que denuncian cualquier forma de integrismo, sea este político o religioso.
A obras de microteatro como Incel o Paralelos, le siguieron otras de mayor recorrido, como El hacha y la serpiente, o más recientemente Una herida incurable, inspirada en el caso Gaztelueta, en la que un profesor de un centro escolar del Opus Dei en Vizcaya terminó siendo condenado por abusos sexuales a un niño de 11 años, a pesar de lo cual tanto el colegio como algunos intelectuales interesados pusieron en marcha una campaña mediática para ocultar los hechos y defender a un pederasta condenado en firme, aunque el Tribunal Supremo le rebajara la condena de 10 a dos años. De todas estas obras, alguna inédita, la única que puede verse de momento en escena es la divertidísima El encuestador, estrenada el pasado mes de junio en el espacio teatral Off Latina y que, hasta hoy, se mantiene en cartel debido a su éxito.
Teatro alternativo en Madrid
Desde hace ya bastantes años, Madrid mantiene una oferta de teatro alternativo capaz de canalizar la mayor parte de las inquietudes de los jóvenes creadores y sus propuestas más arriesgadas, que suelen quedar fuera de los teatros oficiales y que se resisten, además, a alimentar las salas puramente comerciales. A las ya clásicas Sala Mirador, puesta en pie por Cristina Rota en Lavapiés en los años 90 bajo el lema Cuando el Parlamento es un teatro… los teatros deben ser parlamentos, y la Sala Teatro Cuarta Pared (un espacio escénico y educativo situado un poco más abajo, en Embajadores), se sumaron Nave 73, en la calle Palos de la Frontera, y desde 2009 Microteatro por dinero, un original espacio que ha transformado en minisalas las 13 viejas habitaciones de un desaparecido prostíbulo en la calle Loreto y Chicote, una de las más concurridas traseras de Gran Vía, donde por poco dinero se pueden ver varias obras en una misma noche. O, también en Lavapiés, desde 2005, La Escalera de Jacob, que hace unos años amplió sus horizontes hasta el barrio vecino para crear lo que hoy es Off Latina, instalada en la calle Mancebos, junto a la iglesia de San Andrés, donde existía en el siglo XVII una conocida carbonería transformada ahora en un teatro con dos salas, una más pequeña, la Cava alta, y otra más espaciosa y acogedora, la Cava baja.

En esta última es donde los actores Paco Churruca y Alberto Campón, bajo la dirección de Nuria Pacha, representan cada sábado, a las 22:00 h., El encuestador, en la que un burgués y un mendigo entablan una confusa conversación en un parque y ponen de manifiesto, en tres actos de estructura circular, que la Historia, así, con mayúsculas, se repite incansablemente, hasta el punto de que el adinerado personaje, al que da vida magistralmente Churruca, confiesa que ha decidido declarar unilateralmente la independencia de su casa, manifiesta sin tapujos su intransigencia, su xenofobia y el odio que siente por sus vecinos de urbanización, exige que se reconozca un estatus privilegiado para su familia y su finca y reivindica un delirante “derecho a decidir”.
El teatro en una caja
“La obra, que tiene una estructura cíclica”, explica Jon Viar a El Independiente, “podría entenderse como un ejemplo del teatro del Absurdo, en el que el personaje del burgués no escucha, tan sólo repite una y otra vez el mismo relato”. Sin nombrar ningún país ni situación concretos, la conversación con el mendigo, que pese a su inicial paciencia empieza a manifestar signos de desesperación, “muestra la estupidez del narcisismo de las pequeñas diferencias”. Para llegar hasta aquí, Viar ha tomado de referencia, confiesa, “las obras de Ionesco y uno de los ensayos clásicos del género, El Teatro del Absurdo, de Martin Esslin. En mi humilde opinión”, continúa, “El encuestador tiene más que ver con eso que con el teatro político, aunque muchos espectadores puedan reconocer guiños al procés catalán. Incluso en Inglaterra, donde Stephen Brown la ha traducido con el título de The Pollster, le han visto similitudes con el Brexit”. Todo esto no es casual, ya que “la idea surgió en 2006 con el famoso Estatut de Cataluña. Entonces escribí el primer acto. Y ahí quedó. Pero tras la esperpéntica declaración de independencia de Puigdemont en 2017 se me ocurrió escribir el segundo y el tercero”.
La idea de 'El encuestador' surgió en 2006 con el famoso Estatut de Cataluña
¡Sin embargo, como texto de actualidad que es, en la obra, que obtuvo una mención especial en el I Certamen de Dramaturgia de Castuera en 2021, aparece el lenguaje del nuevo populismo, que ha sustituido la “lucha de clases” por la guerra entre “los de arriba y los de abajo”, aunque ambos conceptos vengan a reconocer la imposibilidad de ascender en la escala social y la pauperización de las clases medias, que tienen cada vez más dificultades para acceder a una vivienda. También, la precariedad del periodismo y cómo éste, para sobrevivir, ha de ponerse al servicio de causas difíciles de defender, cayendo en la propaganda e inventando encuestas para justificar cualquier exigencia de privilegios sociales y políticos. O, por qué no, una defensa del centralismo democrático que evite asimetrías entre los diferentes territorios para que todos los ciudadanos sean libre e iguales, con una crítica a ciertas políticas neoliberales que con su insaciable despliegue transforma el bienestar en un malestar generalizado.
Estos espacios teatrales, más accesibles y cercanos, permiten un contacto directo con los actores y directores. Y a la salida, por ejemplo, se puede escuchar a Churruca explicando a unos espectadores que para su interpretación, llena de matices y de gestualidad, se ha inspirado en los títeres y las marionetas, ya que esta obra “es como una caja de teatro, que cuando la abres aparece un mundo nuevo y original y al cerrarla la cabeza no para de dar vueltas a todas las preguntas que quedan sin resolver”. Y no son pocas las que aparecen en esta obra de Jon Viar.
'El encuestador' se representa cada sábado, a las 22:00 h. en Off Latina Teatro.
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