Al segundo día, me asomo por la terraza de la suite Somerset Maugham y ya puedo ver La Dogana y La Salute a la izquierda y a la derecha, el palazzo de Peggy Guggenheim. Me dispongo a visitar el Palazzo Mocenigo, donde habitó George Gordon, Lord Byron, una de las primeras estrellas mundiales de la cultura, que habitó en esta ciudad entre 1816 y 1819.

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Además de sus cartas sobre su vida disoluta en Venecia (él se las enviaba a su editor John Murray, que las irradiaba luego oralmente por Londres) y de sus romances con Marianna Segati, con Margherita Cogni, apodada la Fornarina (pintada por G. H. Harlow), y sobre todo Teresa Guiccioli, la Condesa Gamba (retratada con Byron por Girolamo Prepiani, en una miniatura), el escritor dedicó a la Bizancio de Occidente cinco títulos. Beppo, una historia veneciana, el Canto Cuarto de Las peregrinaciones de Childe Harold, la “Oda a Venecia”, la obra dramática histórica citada ayer y Los dos Foscari, una tragedia. Sólo el Beppo, el Harold IV y la poesía fueron escritos durante su estancia aquí, los dramas fueron escritos un poco después. También compuso en Venecia los primeros poemas del escandaloso Don Juan

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El tono de Byron en Beppo es satírico y habla de una Venecia carnavalesca. Esta veta digresiva y chistosa, escandalosa y chispeante es la que debe de continuarse en su Don Juan. El tono de Harold y de la “Oda” es melancólico. La ciudad fue vencida por Napoleón; ya en la restauración ha perdido su legendaria independencia. Venecia es la ciudad marina que se hunde, que desaparece, que vuelve al padre océano. 

¡Oh, Venecia, Venecia! Cuando tus muros de mármol
estén al nivel de las aguas, se oirá
el grito de las naciones por tus palacios sumergidos
¡un sonoro lamento con el mar que te azota!

¿Mascarada o crepúsculo? ¿Venecia de Goldoni o Venecia de D'Annunzio? ¿Venecia de Mankiewicz o Venecia de Visconti? ¿Canaletto o Turner?

El palacio perdido de Byron

Tanto el historiador de Venecia John J. Norwich como la biógrafa de Byron Fiona MacCarthy señalan que Byron quiso vivir en el Palazzo Gritti (más concretamente, el Palazzo Pisani Gritti), antes de que fuera un hotel, pero al parecer no llegaron a un acuerdo él y el conde Gritti, dueño del inmueble (los Gritti fueron una familia aristocrática muy importante en la ciudad del Véneto y un miembro de su familia, Andrea, desempeñó el cargo de dux o dogo en el siglo XVI). Previamente, Byron había habitado en el Hotel de Gran Bretaña y en la Villa Foscarini dei Carmini en la localidad costera de Mira (según creo, allí escribió las impresionantes 126 estancias, estrofas, del Canto Cuarto) pero debido a las ventas de unas posesiones en la otra isla (su nativa Inglaterra), se encontró en condiciones de alquilar un palacio. Al parecer, Byron, como yo, era un enamorado del Gritti, pero sea como sea, acabó en el Palazzo Mocenigo: fue su residencia desde mayo de 1818 hasta fines del 19. Su leyenda va unida a este lugar. El pintor W. L. Price lo retrató en su salón. 

Byron meditando en el Palazzo Mocenigo, por  William Henry Lake Price (1839).
Byron meditando en el Palazzo Mocenigo, por William Henry Lake Price (1839).

Chateaubriand, que dedicó a Venecia lo mejor del Libro 39 de sus Memorias de ultratumba y que encuentra con Byron “relaciones de imaginación y de destino”, escribe: “Todo el mundo ha oído hablar del palacio que dio a conocer los errores del noble heredero del célebre comodoro inglés” (cap. 12). Dejando de lado la referencia al abuelo explorador de Byron, hacemos notar que ese palacio es el Mocenigo. Uno de los cuatro palazzi Mocenigo, del Gran Canal. Lo alquila por tres años con una renta anual de doscientas libras esterlinas. Lleva 14 sirvientes, dos monos, un lobo y un zorro. Aunque lo menciona algunas veces más en el repaso de su estancia en Venecia de 1833, Chateaubriand no debió de visitarlo, aunque no se hospedó lejos del mismo. Yo tampoco. Pero (¡ay!), el hecho es que existen bastantes palacios Mocenigo en Venecia…

Viendo los Goya en Venecia

Yo había dado por hecho que el Museo del Palazzo Mocenigo estaba en el Palazzo Mocenigo que yo buscaba, pero el hecho es que hay más de diez con este nombre. En el Palazzo Mocenigo di San Stae, donde se halla un museo de costura, me hicieron ver que el poeta inglés no pisó aquel lugar. La familia Mocenigo era, como la de los Gritti o los Barbaro, una familia célebre de La Dominante. La tarde ya declinaba nuevamente, irremisiblemente, y el hecho es que no di con el Palazzo Mocenigo de Byron que, también se llama “El Negro”.

Cayó la noche sobre la ciudad y volvieron algunas brumas. Desde mi ventana de la Somerset Maughan Suite, a la cual los trabajadores del hotel se refieren como Suite Royal, me fijé en todas las góndolas aparcadas a un lateral del Gritti. Byron se refiere a estas curiosas embarcaciones, en las que él por cierto gustaba de desplazarse, “un ataúd encajado en una canoa” (“a coffin clapted in a canoe”, Beppo, 19). El Byron carnavalesco enfatiza lo musical de Venecia, el crepuscular señala que en la Venecia austriaca los gondoleros no cantan ya. En mi Venecia invernal, elegantísima, perfecta, es cierto que no oigo cantos. Cierro la ventana, pues viene a visitarme mi primo Andrew, que también está en la ciudad, y hemos quedado para ver los Goya aquí en el Gritti.


Mañana, adiós a Venecia: el libro de la vida está en el Gritti