El incidente entre Vito Quiles y Begoña Gómez en una cafetería de Madrid ha vuelto a poner en el centro del debate un término, el de 'Charo', que circula con fuerza en las redes sociales y que ha sido calificado como misógino. Quiles, conocido activista de extrema derecha, ha utilizado un lenguaje que ha generado una denuncia por agresión y ha avivado discusiones sobre el uso de apelativos despectivos en el entorno político.
La polémica se desató cuando Quiles publicó un vídeo en el que aborda a la esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, mientras esta comía con amigas, y se refiere a las acompañantes calificándolas de 'charos', lo que ha sido interpretado como insultante. Fuentes cercanas a La Moncloa han confirmado que Gómez ha interpuesto una denuncia contra Quiles por impedirle salir del local y por hostigamiento.
El origen de "Karen"
El término 'Karen' se originó en Estados Unidos como una crítica de la comunidad afroamericana hacia las mujeres blancas de clase media que utilizan su privilegio para intimidar a otros. Aunque sus raíces se remontan a códigos históricos como "Miss Ann", el concepto moderno explotó en 2017 en foros como Reddit y alcanzó su clímax en 2020 durante la pandemia y las protestas del movimiento Black Lives Matter.
Las claves del perfil "Karen":
- Actitud: Se caracteriza por una indignación selectiva, un sentido de derecho exagerado y la icónica frase: "Quiero hablar con el encargado".
- Armamento del privilegio: El término describe a alguien que utiliza denuncias policiales o quejas laborales por motivos triviales, poniendo a menudo en riesgo a colectivos vulnerables.
- Estética: Se asocia visualmente al corte de pelo bob rubio y asimétrico, un estilo que se convirtió en el uniforme del estereotipo.
La adaptación española: 'Charo'
En el contexto español, 'Charo' se utiliza a menudo como el contrapunto ideológico de la 'Karen' estadounidense. Mientras que la 'Karen' representa el privilegio de clase alta, la 'Charo' es un peyorativo que surge en foros como Forocoches para ridiculizar a la mujer española de mediana edad, de ideología progresista o feminista.
El estereotipo describe a una mujer, frecuentemente trabajadora del sector público, con una estética de pelo corto teñido y una actitud que sus críticos califican de "histriónica" o "dogmática". A diferencia de la 'Karen', que exige hablar con el gerente por un tema de consumo, la 'Charo' es criticada en redes por su activismo político y por lo que algunos sectores consideran una defensa exagerada de la corrección política. Aunque el término circula desde principios de la década de 2010, su uso ha saltado al debate político generalista en los últimos años como herramienta de polarización en redes sociales.
Cómo lo usa Vito Quiles
En el actual ecosistema de la comunicación digital en España, el término 'Charo' ha trascendido los foros anónimos para convertirse en un arma dialéctica habitual en la retórica de la nueva derecha y la extrema derecha. Uno de sus principales exponentes es Vito Quiles, quien utiliza el apelativo como una estrategia de deshumanización y deslegitimación de cualquier mujer que se sitúe en la órbita progresista o que confronte su actividad.
Quiles no emplea el término de forma aislada, sino dentro de una narrativa de "asedio". En el incidente con el entorno de Begoña Gómez, Quiles ha tildado de "charos" a las acompañantes de la mujer del presidente mientras estas intentaban impedir su grabación. Aquí, el término se usa para proyectar la imagen de mujeres "histéricas" que actúan como escudo de un poder que él califica de corrupto.
🔴 #URGENTE | Encuentro a la mujer de Pedro Sánchez, Begoña Gómez, y me agreden al preguntarle por su corrupción. pic.twitter.com/pnrkK84juk
— Vito Quiles 🇪🇸 (@vitoquiles) April 29, 2026
De la sátira a la polarización
La etiqueta de 'charo' se emplea de forma masiva para categorizar y despachar cualquier opinión femenina que resulte incómoda a ciertos sectores, logrando que un solo apelativo sustituya al debate de ideas y facilite la creación de hordas digitales que replican el insulto de manera coordinada. Esta saturación en el feed de los usuarios no es casual, sino que responde a una estrategia de comunicación donde figuras mediáticas y cuentas de influencia ultra utilizan el término como un código de reconocimiento grupal que refuerza la pertenencia a una comunidad mientras se deshumaniza al adversario político.
La viralidad de estos apelativos se apoya en una estética visual muy marcada que permite a los usuarios identificar y señalar a sus objetivos mediante capturas de pantalla o cortes de vídeo sacados de contexto, transformando situaciones cotidianas en memes de consumo rápido.
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