En las entrañas del macizo de Brünig, en las inmediaciones de la apacible localidad de Lungern, dentro del cantón central suizo de Obwalden, se está gestando una infraestructura subterránea propia de una película de James Bond. El empresario Thomas Gasser, al frente de la firma familiar Brünig Mega Safe, ha iniciado la excavación de un gigantesco complejo acorazado diseñado para poner a salvo los activos de las mayores fortunas e instituciones del planeta frente a incursiones de malhechores, cibermedidas de presión, robos de alta precisión e incluso potenciales ataques con drones o amenazas ambientales.
A partir del próximo año, el proyecto albergará una veintena de gigantescas cavernas artificiales sepultadas bajo más de cien metros de roca sólida. Este escudo natural protegerá bienes de incalculable valor, desde célebres obras de arte y metales preciosos hasta colecciones privadas de vehículos de alta gama y selectas reservas de vino. La oferta del grupo empresarial trasciende el mero almacenaje de lujo y se articula en torno a tres divisiones principales: la marca comercial MonSec, dedicada al diseño de cámaras de alta seguridad personalizables; Brünig Lagerhallen, centrada en naves logísticas subterráneas a medida; y el Brünig Institute, una plataforma concebida para la formación, investigación y simulación de crisis geopolíticas y ciberamenazas.
Un millón por 99 años
Para acceder al interior del recinto, los clientes deberán someterse a estrictos protocolos de confidencialidad que arrancan con el paso obligatorio por una esclusa de seguridad y la posterior verificación en salas de control técnico. El modelo comercial del complejo permite tanto el arrendamiento como la adquisición directa mediante derechos de superficie por un periodo de 99 años a partir de un precio base de un millón de francos suizos (algo más de un millón de euros). A diferencia de las cajas de seguridad convencionales, la iniciativa otorga a cada cliente la titularidad sobre el espacio mediante un número de parcela individual en el registro de la propiedad, lo que permite dividir la caverna en varios niveles, integrar salas de estar corporativas (lounges) o incluso hipotecar la infraestructura. Las instalaciones destacan además por su eficiencia energética, ya que el clima estable de la montaña reduce notablemente los costes operativos de climatización, e incorporan un enfoque sostenible al reutilizar el granito extraído de las excavaciones.
Este auge en la demanda de refugios de hiperseguridad responde al convulso contexto geopolítico mundial. Según explica el propio Gasser a la televisión suiza RTS, enclaves que durante años fueron considerados bastiones inalcanzables, como Dubái, han comenzado a generar dudas entre los grandes patrimonios, empresas y gestores de fondos familiares, lo que ha empujado a muchos inversores a retornar al corazón de Europa para blindar físicamente sus activos bajo la reconocida neutralidad y legislación suiza.
La larga historia del subsuelo suizo
En la superficie, las obras no han pasado inadvertidas para los habitantes del pueblo de Lungern, donde la iniciativa ha suscitado un evidente debate social. Entre los vecinos conviven posturas críticas, que cuestionan la ejecución de un proyecto faraónico orientado de forma exclusiva al servicio de millonarios, y visiones más pragmáticas, que confían en que la llegada de grandes fortunas dinamice la zona y atraiga el espectáculo diario de deportivos de lujo por sus carreteras.
Aunque la construcción desde cero de una instalación subterránea de esta magnitud resulta poco habitual, la explotación del subsuelo alpino cuenta con arraigo en Suiza, donde antiguos búnkeres militares han sido reconvertidos en centros de datos o bóvedas privadas. Paradójicamente, mientras la iniciativa privada horada la montaña para proteger bienes de lujo, el propio ejército suizo analiza en la actualidad la reactivación de parte de sus históricas instalaciones defensivas ante el incremento de las tensiones con Rusia, evaluando su uso estratégico para almacenar municiones, medicamentos y bienes de primera necesidad.
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