Tomasín Padrón es natural de El Hierro, pero vive en Fuerteventura. Tiene 49 años y se dedica, entre otras labores, a la lucha canaria. Está en Madrid para promocionar La lucha, segundo filme de José Ángel Alayón Dévora (Slimane) como director, sobre un padre (he ahí Tomasín) y una hija (la debutante Yazmina Estupiñan) cuya vida es también la lucha canaria. La acción arranca en el primer aniversario de la muerte de su esposa y madre, también luchadora. He ahí la otra lucha. La película, tras su proyección el pasado septiembre en el Festival de Cine de San Sebastián, llega a las salas de cine este viernes 30 de enero.
P.- ¿Cómo acaba un hombre como tú una película como esta?
R.- De casualidad. Estaban buscando una protagonista para la película [La lucha] y se recorrían los terreros de Canarias, durante los entrenamientos, buscando a esa niña. Nosotros entrenamos después de las niñas; llegué por ahí haciendo el tonto, como siempre, y creo que eso llamó un poquito la atención. Yo pensaba que la prueba no iba a llegar a ningún lado y mira dónde estamos. Era la primera vez que hacía un casting; nunca me hubiera presentado a uno por vergüenza y por mi manera de ser. La directora de casting [Cendrine Lapuyade] me hacía preguntas y pruebas; tonterías. Y me hizo llorar. En tres preguntas me analizó cómo era yo.

P.- ¿Preguntaste al director de La lucha por qué quería hacer una película ambientada en el mundo de la lucha canaria?
R.- Nunca se lo pregunté. Le escuché decir que no entendía que nunca se hubiera hecho una película sobre lucha canaria. Lo más típico es que sean familias de luchadores. Puede que no el padre, la madre y la hija, como en la película, pero es lo normal en Canarias. El que no se dedica a la lucha sabe de la lucha, y aunque no la practique, sabe que la lucha está presente en nuestras vidas. Desde chiquititos nos están diciendo que es nuestra cultura.
P.- Miramos más hacia fuera, ¿no? Otros países donde también hay deportes de contacto y de lucha. Estamos demasiado influenciados por la cultura anglosajona, y no miramos hacia lo nuestro. ¿Tienes esa sensación? Yo, como godo, no conocía este deporte, la lucha canaria, ni su tradición.
R.- Mi mujer es goda también. Nos conocimos de adultos cuando yo me había retirado por problemas personales y una lesión. En esa época de enamoramiento siempre cuentas cómo era tu vida, y ella se dio cuenta de que cada vez que yo le hablaba de la lucha canaria se me iluminaba la cara. Se dio cuenta de que era parte de mi vida. En parte, por ello retomé la carrera de luchador.
P.- ¿Sigues compitiendo?
R.- Sí. De hecho, soy el puntal más viejo que hay en Canarias ahora mismo. Los puntales son las categorías. La lucha canaria es como un tablero de ajedrez. De hecho, la lucha se parece mucho al ajedrez. El puntal, en este caso, es el rey o la reina; es quien tiene más responsabilidad en el equipo. En el ajedrez, si cae el rey, se pierde la partida; en la lucha canaria, aunque caiga el rey, el peón puede ganar la partida tranquilamente. Somos 12 luchadores por equipo. Los peones son los más 'flojitos', pero no los menos importantes. En una lucha, el peón puede ganar la partida.
P.- ¿Cuál es el día grande para la lucha canaria?
R.- Normalmente los fines de semana; un viernes o sábado por la tarde-noche, o los domingos al mediodía.
P.- Estás acostumbrado a luchar con público delante. ¿Te imponían las cámaras?
R.- Sí estaba acostumbrado a que me grabaran; de hecho, ya había hecho pequeños reportajes. Pero no es lo mismo, pues hay un montón de gente. Hay una escena de la película en la que salgo duchándome. Yo estoy acostumbrado a ducharme con otras personas, pero, claro, esto lo va a ver un montón de gente. Salgo medio desnudo y me van a ver. Estuvimos en el festival de cine de San Sebastián y la portada del periódico de allí era yo en calzoncillos. En mi casa hay una ventana del salón que da a la calle y siempre le digo a mi mujer: 'Cierra esa ventana que no quiero que los vecinos me vean en calzoncillos'.
P.- Dices ser un hombre tímido.
R.- Extremadamente tímido y vergonzoso.
P.- Pero te dedicas a un deporte en el que obviamente hay público.
R.- Exacto.
P.- Y protagonizas una película.
R.- Tengo 49 años y con el paso del tiempo aprendes a disimular esa timidez. Creo que soy una persona bromista y gasto bromas para disimular esa timidez.
P.- Entiendo que nunca tuviste el gusanillo por la interpretación.
R.- Nunca, nunca. En mi vida me hubiera presentado a un casting, simplemente por vergüenza. Piensas que no sirves para eso, que para eso tienes que haber nacido… Estoy empezando a conocer ahora este mundo. Antes no me importaba como se llamaba el director o los actores. Sí, una película me gustó y ya está; no le daba más importancia.
P.- ¿Cuándo se jubila más o menos un luchador?
R.- Los más viejos que ha habido en Canarias tenían 41 ó 42 años. Normalmente, un luchador se retiraba con treinta y algo. Lo mío viene siendo un caso excepcional. Con 36 años me rompí el aductor; tenía problemas personales y se me quitaron las ganas, de repente, de seguir. Hasta que conocí a mi mujer, y dio la casualidad de que me ofrecieron luchar otra vez. Iba a echar un año más para quitarme esa espinita por la manera en que me había retirado.
Normalmente va de generación en generación. En mi caso no es un legado. Mi padre hizo lucha, pero no profesional. Si tenía la tarde libre, iba a luchar. De chiquitito en el colegio jugábamos a luchar. Teníamos la lucha muy presente. Mi padre, cuando fui un poquito mayor de niño, ya me llevó a una lucha y me interesó. Hay fotos mías vestido de luchador con 5 añitos, pero yo no me acuerdo de esa época. A partir de los 13 es cuando empecé a luchar de manera más profesional, a entrenar todos los días, a prepararme a conciencia para ser luchador.
P.- ¿Los luchadores estáis cortados por el mismo patrón?
R.- Somos unos cabezas cuadradas. En Canarias hay políticos que han luchado; uno de ellos, un gobernador, quiere que lo entierren con las ropas de lucha puestas. Llegamos a esos niveles de cabezonería. Yo no consigo verme sin luchar ahora. Mi vida gira alrededor de la lucha. Yo necesito un trabajo con turno de mañana para entrenar por la tarde y competir los fines de semana. Yo, con la edad que tengo, entreno 3 horas al día para estar a la misma altura que una persona joven, que entrena 1 hora al día. No hay descanso; sólo en agosto, que para la temporada y cojo vacaciones. Ese mes no entreno.
P.- ¿Y la alimentación?
R.- Como lo que me dé la gana y de todo.
P.- ¿Por qué Tomasín?
R.- Desde niño fui muy grande y gordo. 'Este niño va a ser luchador', 'mira qué cuerpo tiene', 'este niño vale para la lucha'. Hay luchadores chiquititos, de 70 kilos, con cuerpos más 'normales', que son buenos. En un equipo luchamos todos contra todos. Yo, por ser rey, no lucho solamente con el rey. Yo puedo salir con un peón. Y el peón me gana a mí, que es lo realmente bonito de la lucha canaria. Hay una canción muy típica allí cuya letra viene diciendo: 'El grande perdió, el chico ganó'.
P.- No cabe la violencia en la lucha canaria.
R.- Efectivamente. Es la norma de oro: no agredir adrede al oponente. Es verdad que hay golpes; das una patada o un cabezazo sin querer, pero son cosas normales cuando hablamos de un deporte de contacto.

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