Mientras las grandes favoritas de la temporada, Una batalla tras otra -la película más premiada en los Oscar el pasado fin de semana- y Sinners (Pecadores) -la que llegaba a la gala como la más nominada- acaparaban premios y titulares, en España se ha ido escribiendo una historia distinta.

Hamnet, el drama íntimo dirigido por Chloé Zhao, se ha convertido en un fenómeno de sala. Más allá de cifras globales, ha encontrado en el público español y europeo una respuesta sostenida y emocional que la sitúa como una de las películas más relevantes del año.

La adaptación cinematográfica de la novela de Maggie O’Farrell que cuenta la historia de Agnes y William Shakespeare y la trágica muerte de su hijo Hamnet, apuesta por un tono sensorial, centrado en gestos, silencios y emociones, para explorar el duelo, la maternidad y la manera en que la pérdida puede alimentar el impulso creativo.

Una temporada de premios que no lo dijo todo

En la última temporada de premios, Hamnet ha tenido presencia constante. Ganó reconocimiento en los Globos de Oro o en los BAFTA -incluyendo el premio a Mejor Película Británica-. Fue una de las películas más comentadas por la crítica especializada. Sin embargo, frente a otras candidatas con más nominaciones y trofeos globales, su victoria en los Premios Oscar se concentró en una sola categoría. Fue la de Mejor Actriz, que recayó en la formidable interpretación de Jessie Buckley.

Ese premio, lejos de ser menor, marcó un hito. Buckley, quien ha arrasado en la temporada de premios -alcanzando hasta 42 reconocimientos-, se convirtió en la primera actriz irlandesa en ganar un Oscar en esa categoría. Se consolidó como una interpretación que muchos ya consideran de las más potentes del año. Su discurso, cargado de emoción, lo dedicó a "la fuerza de las madres", reflejando el núcleo afectivo de la película.

El corazón del relato: las aplaudidas actuaciones de los protagonistas

El impacto de Hamnet no podría entenderse sin el trabajo de sus personajes y actores principales. Empezando por Buckley, cuyo acercamiento al personaje fue profundamente introspectivo. En entrevistas, la actriz ha explicado cómo meterse en la piel de Agnes le reveló "una ternura que no sabía que necesitaba aprender y vivir". Ese proceso la ha marcado tanto que ahora aspira a historias "tan valientes y humanas" como esta.

A su lado, Paul Mescal representa un Shakespeare más vulnerable, menos mito y más hombre quebrado, cuya actuación ha sido elogiada por espectadores y crítica. De hecho, esa interpretación tan aplaudida ha sido tema de debate al no obtener tantos reconocimientos "como debería". Por otra parte, el joven Jacobi Jupe, de 12 años, en el papel de Hamnet, también se ha ganado miles de opiniones positivas al ofrecer una presencia silenciosa pero decisiva, sosteniendo las escenas más dolorosas con una naturalidad que traspasa la pantalla.

Un éxito diferente en España y Europa

En términos de taquilla global, Hamnet no compite con los grandes estrenos del año. Pecadores y Una batalla tras otra han dominado las cifras de apertura y distribución internacional. Sin embargo, llama la atención su impacto en Europa. En mercados como el español o el británico, el éxito de Hamnet ha sido muy notable por su resistencia en salas. Su estreno fue moderado, lo que suele ocurrir con películas de perfil más adulto y de prestigio, pero ha mantenido un flujo de espectadores más constante que muchos títulos de mayor presupuesto.

La recepción de la película indica que existe un público en España (y Europa) dispuesto a sostener cintas que apuestan por el relato íntimo, la introspección y la conexión emocional. Esa respuesta ha sido clave para que Hamnet se mantenga viva en cartelera y se hable de ella con la misma seriedad que de las grandes producciones del año.

Un triunfo silencioso, pero profundo

La ceremonia de los Oscar del pasado 15 de marzo confirmó lo que muchas previsiones anticipaban. Una batalla tras otra se impuso como Mejor Película y dominó varias categorías técnicas y de dirección. Pecadores, por su parte, que llegaba con 16 nominaciones, confirmó su estatus como fenómeno global con múltiples premios. Frente a eso, Hamnet podría parecer menor si solo se mira el número de estatuillas. Precisamente por eso su triunfo es otro. El peso de su victoria va más allá de la acumulación de premios, y pasa a la forma en que la película ha conectado con quienes la han visto.

Hamnet demuestra que todavía hay espacio en el panorama cinematográfico para películas que se impongan por su profundidad. Historias que se sienten, se comentan y perduran en la memoria del espectador. Este tipo de cine, más pausado, reflexivo y emocional, sigue teniendo un lugar relevante en las salas.

No ha sido la gran vencedora de los premios en volumen, pero ha ganado algo igual de importante. El pulso del público, que mantiene viva la película más allá de su estreno y la convierte en uno de los títulos más comentados de la temporada, llegando a catalogarla como una que "se convertirá en un clásico" en cierto tiempo.