El Teatro Real despide temporada con Il trovatore, de Giuseppe Verdi (1813-1901), una reposición de la exitosa producción firmada por Francisco Negrín y dirigida musicalmente por Nicola Luisotti. Entre el 29 de junio y el 20 de julio,17 funciones de esa producción que Negrín define como “un thriller negro” con un puesta en escena centrada en el fuego, la culpa y la persecución del pasado.
El punto de partida de Negrín es la propia estructura de la obra: “La particularidad es que la mayoría de la acción es narrada y entonces yo me pregunto: pero entonces esa es la acción, la acción es recordar”. A partir de esa idea, la puesta en escena transforma la ópera en un espacio cerrado, dominado por apariciones, recuerdos y escenas que regresan como heridas abiertas. “Toda esta producción está hecha para que el público pueda entender que es una ópera sobre el hecho mismo de que los seres humanos son incapaces de vivir el presente porque siempre están atados al pasado”, añade el director.
Ese pasado se materializa en escena a través de los fantasmas de Azucena y de los elementos asociados al fuego, que funcionan como símbolo de culpa y venganza. “Hemos hecho todo lo posible para que se vea que todos estos personajes están atrapados en este sitio cerrado que es el pasado, en el cual hay fuego”, señala Negrín. La producción sitúa así el drama en una suerte de torre cerrada donde lo que domina no es la acción lineal, sino la persistencia del trauma. El resultado es una obra que “permite al público vivir la ópera como el thriller negro que es y como la metáfora de nuestro estado de ser humano incapaz de vivir el presente”, asevera Negrín.
El director musical, Nicola Luisotti, refuerza esa lectura desde la música. El aria Stride la vampa suena varias veces a lo largo de la obra porque funciona como un recuerdo del trauma asociado Azucena, la gitana, y su trauma con el fuego. “Cada vez que llega, el público reconoce un tema, el tema del fuego”, explica Luisotti. Para el maestro, Verdi introduce ahí un procedimiento de enorme modernidad: no tanto un leitmotiv al uso, sino un recordatorio constante del hecho trágico que sostiene la trama. “Aquí no tenemos el leitmotiv como lo utilizaron Wagner o Puccini, sino para recordar un hecho”, afirma.
Ópera clave de Verdi
Para Luisotti esta ópera se encuentra en el núcleo de la trilogía popular verdiana: “Respecto a La traviata o a Rigoletto de la trilogía popular, Il trovatore es lo más importante como concepción musical y teatral”. En su opinión, la potencia del título reside en que sigue siendo “una ópera increíble por la historia que cuenta”, pero sobre todo por la forma en que Verdi hace que la música cargue con toda la emoción y toda la violencia del relato.
La torre zaragozana del trovador
La ópera Il Trovatore, compuesta por Giuseppe Verdi en 1853 con libreto de Salvatore Cammarano y Leone Emanuele Bardare, se inspira en la exitosa obra teatral romántica El trovador, de Antonio García Gutiérrez (181-1884). La trama se sitúa en la península Ibérica de la Baja Edad Media, concretamente entre 1412 y 1413, un periodo convulso que coincide con el Compromiso de Caspe - un pacto establecido en 1412 por representantes de los reinos de Aragón y de Valencia y del principado de Cataluña para elegir un nuevo rey ante la muerte en 1410 de Martín I de Aragón- y con la guerra civil entre los partidarios del conde de Urgel y las tropas de Fernando de Antequera.
La acción transcurre en distintos escenarios, aunque el principal es Zaragoza, y en particular el Palacio de la Aljafería, un palacio fortificado de época islámica. De hecho, buena parte de la ópera se desarrolla en una de sus torres de planta rectangular, que, gracias al enorme éxito de la obra de Verdi, acabó recibiendo popularmente el nombre de “torre del trovador”.
El elenco principal de la ópera lo integran la soprano Leonora, el tenor Manrico, el barítono conde Luna y la gitana Azucena. En la producción del Teatro Real, los papeles de Leonora y Manrico están interpretados por Marina Rebeka y Piotr Beczała, dos de los nombres más destacados del reparto.
Piotr Beczała, intérprete de Manrico, describe al personaje como una figura escindida entre la pasión y la guerra. “Yo opino como el maestro que es más guerrero que músico, este trovador, este personaje”, dijo, antes de precisar que la clave del papel está en “buscar ese equilibrio entre la parte lírica y la parte más dramática”.
Beczała recuerda que el personaje encierra una contradicción típica del universo verdiano: “A veces puede pasar en una sola frase de ser el amante a convertirse en el soldado”. Marina Rebeka, por su parte, destaca el perfil belcantista de Leonora y su arco trágico. “Yo vengo de la tradición del belcanto”, asegura, para después subrayar que el papel concentra algunas de las páginas más exigentes de la ópera italiana: “Acá puedo ver mucho del belcantismo, sobre todo en la manera en que cuida la parte de Leonora”. La soprano define a su personaje como “muy vivo, muy joven, muy lleno del amor, de la esperanza, de la vida”, y explicó que su sacrificio final es una forma extrema de entrega.
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