Pocas cosas pueden sacar a Sonsoles Ónega de su plató. La presentación de su primera novela tras ganar el Planeta con decenas de periodistas fue una feliz excusa para dejar la tele. La siguiente fue su reverso, ocurrió pocos días después, el fallecimiento de su padre: Fernando Ónega. Nosotros pudimos entrevistarla en el momento del lanzamiento de Llevará tu nombre (Planeta). De ese momento dulce nace ese titular gamberro que nos regaló. No es una gracieta, es su posicionamiento ante la literatura, la fama y el mundo editorial. 

Llevará tu nombre, también lo es. Un trabajo con el que quiere desquitarse de críticas recibidas tras recibir el Planeta. En la presentación a medios afirmó que se dijeron cosas de ella le “violentaron el alma” y que “fue muy doloroso”. Su nueva novela arranca con “una mujer joven que llega a un Madrid complicado a finales del XIX”, dispuesta a traicionar el guion que le han impuesto su familia para seguir “la vocación de la literatura, que es lo que palpita dentro de ella”, describe la autora.

Algo parecido a cómo describe su camino en el mundo editorial. “Me emociona pensar que he conseguido llegar hasta aquí desde cuando iba con mis tacos de folios debajo del brazo, editorial por editorial, esperando que alguien me publicara y lo único que recibía cambio era una carta magnífica diciendo: No cuadra nuestro en nuestro catálogo”.

Aquellos años no la han abandonado, ni ahora, que lleva ocho novelas a su espalda que llevan su nombre en la cubierta. “Yo pensaba, dios mío, algún día conseguiré publicar. Porque sí, yo escribo para publicar, escribo para los demás, no para guardarlo en un cajón, quería publicar, llegar a contar historias. Todo eso que he conseguido ahora en mi ya incipiente vejez”, afirma.

Su carrera como periodista y la fama televisiva han ido creciendo, en paralelo, a su escritura y al alcance de sus novelas. Nada que no haya peleado. “Hay que trabajar por la lectura, casi a cualquier precio. Para llegar a los lectores hay que hacer cosas, salir de tu guarida y exponerte, que eso cuesta, también, trabajo”.

Ónega pone de ejemplo al autor de moda, o al autor que ha conseguido ponerse de moda a base de exponerse. “El otro día alguien criticaba a David Uclés que dedica demasiado tiempo al personaje. Bueno, son las reglas del juego de este tiempo, son las cartas que nos han dado en esta baraja, antes harían otras cosas, perdían el tiempo en los salones y en las fiestas de disfraces. Ahora, para llegar tienes que hacer algunas cosas y yo creo que hay que hacerlas porque llegar al ciudadano significa que la cultura llega al ciudadano, que los libros llegan al ciudadano y que el ciudadano se acerca a una librería y se gasta más de 20 € en un libro que no es un objeto barato”, asevera.

La periodista y escritora Sonsoles Ónega.
'Llevará tu nombre'

Madrid de otra época

La protagonista de llevará tu nombre retrata un Madrid de finales del XIX sin red, sin clase media y sin zonas grises. Ónega profundiza en las páginas de Llevará tu nombre en ese “Madrid galdosiano, barojiano, del barrio de Las Injurias, de ese mundo de lavanderas del río Manzanares, con clases sociales muy marcadas, pero sin una clase media. Un Madrid en donde el rico era muy rico, muy noble y el pobre era muy pobre y ellas muy prostitutas”.

La fama de los autores amplifica la difusión de sus libros, se ha visto con Uclés, Juan del Val y con ella. ¿Hay que jugar esas cartas para poder vender? “Yo gané el premio Lara cuando no me conocía nadie”, subraya. “Yo no voy a demonizar al escritor personaje porque reivindico al escritor personaje, al Cela, al Umbral, al Juan Manuel de Prada, que iban a los platós de televisión, agitaban ese plato, pero estaban vendiendo libros y estaban hablando de cultura y estaban elevando el debate público. Vivan los escritores personajes, agitan el debate público con calidad y con cierta profundidad, lo que no significa estar de acuerdo, significa que haya debate”, contesta.

De momento no tiene la tentación de dejar el periodismo para centrarse, en exclusiva a escribir, algo que podría hacer por el volumen de ventas de sus novelas.

 “A mí me gusta mucho la tele, me sigue gustando mucho la tele, me encanta ejercer el periodismo”, dice. Reconoce que ha perdido “mucha piel, mucha cera, mucho asfalto” desde que ya no está en la calle, como cuando trabajaba en el Congreso de los Diputados, pero sigue encontrando en la televisión un motor creativo para su escritura: “Una gasolina fantástica para los libros”.

Eso sí, pone un límite: “El día que no me divierta el plató no tengas la menor duda de que me iré”, asegura contundente. “Yo tengo el sueño húmedo de trabajar en Mercadona vendiendo libros”, añade. Minutos antes de la entrevista, confesaba a la prensa que ella misma le había dicho al dueño de Mercadona qué debería vender libros en sus supermercados, que de esta manera la cultura llegaría a más gente. No era ninguna broma, es todo un canal de distribución.