Casi tengo la sensación de tener que pedir perdón. Menos mal que, todavía, a eso no he llegado. Uno, que trata de destacar lo mejorcito de una manifestación cultural tan sublime como la música, se encuentra que si no comenta nada sobre este culebrón, no está “al loro”. Ojo, vaya por delante que no creo que acierte quien culpa a la señora Shakira Isabel Mebarak Ripoll en absoluto por nada de lo que está aconteciendo. Ella es muy libre de cantar lo que le dé la real gana, el público de reaccionar como lo está haciendo… y yo de redactar estas líneas. Tampoco hay que olvidar que preparación y talento le sobra a la colombiana: se trata de una de las artistas más galardonadas de todos los tiempos y la artista latina más premiada. Dicho esto, lo ocurrido me deja triste como el “blue monday” en el que lo escribo.

Quisiera imaginar un mundo en el que el estreno más importante de la historia de los vídeos en Youtube de habla hispana lo protagoniza un proyecto puramente musical que no aprovecha el salseo para sacar réditos a quienes muy presuntamente debe algo menos de cien millones. Sueño con un mundo inteligente que no cae en esas triquiñuelas “marketinianas” y sabe diferenciar lo que es una obra maestra de otra que no lo es, por mucho que la vistan de seda. En lo que es, se queda.

Las redacciones de los medios tradicionales, agónicas por no perder cuota de las sobras que dejan las redes, han intentado ser rápidos como Instagram y han sacado rápidamente a la calle a sus reporteros para retratar una y otra vez un ingenioso graffiti en Valencia o un mural cinematográfico que otro aprovechado (alias artista) de la vida ha hecho en las calles de Barcelona para pillar cacho mediático. Medios serios que no mencionaré han realizado hasta revista de prensa internacional con el tema, mezclando el lanzamiento del disco con el de indirectas o directas en las letras. El cúlmen de esta vorágine la he hallado esta misma mañana escuchando, en el informativo de una prestigiosa cadena de radio. Tratándose de algo tan importante, serio, y vital como la sanidad pública, algunos cargos han llegado a hacer referencias a los vehículos que aparecen en la letra. No. ¿En serio?

La televisión que pagamos todos ha dedicado recursos a hacer una curiosa recopilación de las marcas que aparecen referenciadas en esta oda a un ex, porque, efectivamente, es noticia que el señor que lleva el márketing de Casio en España pueda contar por centenares de miles las lecturas de sus publicaciones. También lo es que otras muchas marcas se sumen a “la movida de moda” usando ese ingenio que todavía la inteligencia artificial, mucho más realista, no es capaz de elaborar. En eso sí que hemos de dar las gracias a todos los creadores de “memes”, tuits y demás expresiones culturales, que ya lo son. El humor es una magnífica señal de inteligencia, y esperando estoy yo a los carnavales de Cádiz. Este año, ya por fin, “por derecho” en febrero. Que se prepare la ex pareja.

Ojo, es absolutamente legítimo que se usen pasajes de la vida real y sentimental para la expresión artística, ya que es parte de la vida. Se ha hecho otras veces, y sin tanto revuelo. Sabina tiró de ingenio para cantar Todavía una Canción de Amor, Taylor Swfit ya dedicó un buen tema a un ex que la abandonó en un mensaje de voz de 27 segundos, Wrecking ball de Miley Cyrus habla de las fotos que vió del que era su pareja en plena infidelidad, y hasta una maestra como Adele ha sabido cantar a una relación que ya no lo es, con una pieza única como este Someone Like You.

Precioso. Nada que ver. Pero ¿no es un poco “circo de las pulgas” que se nos observe saltar como chinches ante provocaciones como esas letras mientras, como dejó caer acertadamente Mónica Carrillo, hace caja quien nos debe dinero a todos? Siempre he admirado a los buenos prestidigitadores, pero sobre todo porque, a ambos lados del escenario, todos conocen las reglas del juego. Por un espectáculo como ese, pago encantado a cambio de maravillarme con esas demostraciones de habilidad. No es el caso. Ni con las avionetas que sobrevolaban playas americanas con carteles de “Una loba como yo no está pa’ tipos como tú”. Poesía en movimiento.

Oigan, despertemos. La vida personal de esta artista no nos quita médicos de unas urgencias que rozan lo indigno, ni hospitales, ni progreso. Sus problemas con el fisco, sí. Y no sé ustedes, pero yo soy muy respetuoso con la intimidad de las personas, sobre todo si se esfuerzan en dejarla caer dando la nota. No creo que sea un buen camino estar pendiente de algo tan absurdo como si pone o no en su balcón una bruja mirando hacia la casa de la que fue su suegra. Prefiero saber si finalmente va a pagar, como los demás.

La pérdida de audiencia en los canales de Mediaset parecían indicar algo. Quise creer que era cultural, evolutivo. Pero que se pare el mundo porque en una letra se tiran dardos contra un ex, creo humildemente que no debía haber salido del campo de lo anecdótico o de los programas ya trasnochados de alguna cadena. Musicalmente hablando no hay mucho más que añadir, porque aunque personalmente he preferido declinar amablemente las ofertas de aparecer en varios medios comentando el disco, ya ha habido quien lo ha hecho. Y en ese campo parece que, aunque no sea lo que importe, ya se ha dicho todo.

Miento, y me doy cuenta mientras escribo, porque estoy descubriendo artículos enteros en reconocidos medios escritos hablando del lanzamiento del disco de la currambera en los que ni siquiera se menciona el álbum al que pertenece. No importa. Tampoco importa que la voz de la cantante no sea contralto, sino una deficiencia intencionada en la respiración llamada «Vibrato Caprino», con un registro desde Fa3 hasta Re3, de técnica nasal, y con la potencia concentrada en la máscara (nariz y frente) y que casi siempre haya usado falsete para lograr ese color de voz peculiar. Tampoco que la producción en cuanto a la sección de percusión se base en samplings de sonidos setenteros y ochenteros, que es moda, o que la rueda de acordes contenga una fórmula muy común en la música popular como es el acorde menor con séptima a la que se añaden notas de paso para hacerlo todo un éxito. Valga algún ejemplo latino como este de un jovencito Caín Guzmán. A ver si reconocemos el estribillo.

También en el ahora popularísimo K-Pop podemos encontrar alguna similitud.

Dejémoslo ahí. A fin de cuentas, la parte lírica, salvo la letra, parece ser lo de menos.